La UNESCO advirtió que limitar el calentamiento global a solo 1°C de aquí a 2050 podría evitar daños irreversibles en casi la mitad de los sitios naturales y culturales hoy más amenazados del planeta. No se trata únicamente de paisajes emblemáticos o monumentos célebres, sino de ecosistemas vivos y territorios habitados que sostienen el equilibrio ambiental y cultural de cientos de millones de personas.
El informe titulado Comunidades y naturaleza en los sitios de la Unesco: contribuciones locales y globales analiza por primera vez de forma conjunta las tres grandes categorías protegidas por la organización: Patrimonio Mundial, Reservas de Biosfera y Geoparques Mundiales. En total, estos espacios abarcan más de 13 millones de kilómetros cuadrados distribuidos en 2.260 zonas, una superficie superior a la suma de China e India. En ellos viven cerca de 900 millones de personas, lo que representa aproximadamente el 10 % de la población mundial.
Según el estudio, el 98 % de estos territorios ya ha sufrido al menos un fenómeno climático extremo desde el año 2000, ya sean sequías prolongadas, incendios forestales, inundaciones, blanqueamiento de corales o estrés hídrico severo. Más preocupante aún es que el número de sitios afectados por estos riesgos ha aumentado un 40 % en la última década, lo que demuestra que la aceleración climática está superando la capacidad natural de adaptación de muchos ecosistemas.
Los expertos de la Unesco estiman que uno de cada cuatro lugares protegidos podría alcanzar antes de 2050 un punto de inflexión crítico, es decir, un umbral a partir del cual el daño se vuelve irreversible. Martin Delaroche, especialista medioambiental de la organización, insiste en que una mínima diferencia de temperatura puede provocar consecuencias enormes: por cada grado que se logre evitar, se reduce de forma drástica el riesgo de desaparición definitiva de patrimonios naturales insustituibles.
Los glaciares africanos representan uno de los ejemplos más alarmantes. Si la tendencia actual continúa, un tercio de los sitios protegidos que albergan glaciares podrían perderlos completamente antes de mediados de siglo. Entre ellos figuran los tres grandes glaciares africanos reconocidos por la Unesco: el monte Kilimanjaro, el monte Kenia y el macizo de Ruwenzori. Su desaparición no sería solo simbólica, sino que tendría consecuencias directas sobre el acceso al agua, la agricultura y la estabilidad de regiones enteras.
Los arrecifes de coral ya sufren un blanqueamiento masivo provocado por el calentamiento de los océanos, mientras que numerosos bosques podrían dejar de actuar como sumideros de carbono para convertirse en emisores netos de CO₂. Es decir, espacios que hoy ayudan a frenar el cambio climático podrían mañana acelerar aún más la crisis, generando un círculo de degradación mucho más difícil de revertir.
Sin embargo, el informe también ofrece una señal de esperanza: allí donde existe una protección sostenida y una verdadera participación de las comunidades locales, la resiliencia sigue siendo posible. Mientras la fauna silvestre mundial ha disminuido un 73 % desde 1970, en los sitios protegidos por la Unesco esas poblaciones se han mantenido estables. Una cuarta parte de estos espacios incluye territorios indígenas, porcentaje que alcanza casi el 50 % en África, el Caribe y América Latina.
El objetivo es proteger estos lugares no es una cuestión de lujo ni de turismo paisajístico, sino de supervivencia colectiva. Salvar un glaciar, un bosque o un arrecife no significa conservar una postal para el futuro, sino defender las condiciones mismas de la vida en el presente.