León XIV opta por las periferias y fractura a la Iglesia española

20 avril 2026 - 21:57

El Papa León XIV visitará España por primera vez como pontífice entre el 6 y el 12 de junio, con paradas en Madrid, Barcelona y las Islas Canarias. La organización del viaje ha destapado un conflicto interno en la Conferencia Episcopal Española entre el sector conservador y el aperturista, avivado por un escándalo en torno a un dossier de patrocinio a cambio de beneficios fiscales y acceso al Pontífice, y por el temor a que la ultraderecha instrumentalice los actos.

León XIV llegará a España el próximo 6 de junio en la que será su primera visita al país como pontífice. El programa confirmado incluye Madrid del 6 al 9 de junio, Barcelona los días 9 y 10, y las Islas Canarias el 11 y 12, en lo que sus organizadores presentan como un recorrido que privilegia las periferias geográficas y sociales sobre los escenarios de representación institucional. La visita, que se prolongará seis días, es la primera de un papa a España desde las realizadas por Benedicto XVI y Juan Pablo II, y tendrá como hito la inauguración de la torre de la Sagrada Família en Barcelona, un acto impulsado por el cardenal Juan José Omella en el umbral de su jubilación episcopal.

La decisión sobre el recorrido madrileño ha sido la primera y más visible expresión del conflicto interno que rodea la organización. Una parte del comité nacional que trabaja en el diseño del viaje defendía una entrada del Pontífice por la Puerta de Alcalá, el arco triunfal del centro de la ciudad reservado a las recepciones de máximas autoridades, en la línea de las visitas de Benedicto XVI y Juan Pablo II. La propuesta fue rechazada. Según fuentes episcopales próximas a las negociaciones, el Papa quiere entrar por un barrio popular del sur de la capital. «El Santo Padre quiere dar prioridad a la gente de las periferias», explicó un obispo conocedor de los entretelones de la negociación.

La guerra del protocolo

El choque sobre el recibimiento condensa una división más profunda entre dos sectores de la jerarquía católica española que llevan meses midiendo fuerzas. El sector conservador, mayoritario en la Conferencia Episcopal Española (CEE) y presente en todos sus órganos de gobierno, defiende una visita de perfil institucional alto: recintos con monjas vestidas de hábito, reuniones con universitarios católicos, actos con el sello de la representación tradicional de la Iglesia. El sector aperturista, que por primera vez tiene peso real en la organización, impulsa un programa radicalmente distinto: misas en espacios abiertos, encuentros con personas no católicas y con colectivos de izquierdas, en sintonía con la línea pastoral del propio León XIV.

Un asesor de comunicación eclesial consultado por Hoy24 resumió la distancia entre ambas concepciones: «Los gestos son importantes. En anteriores visitas, la organización fue más conservadora y tuvo barra libre. Ahora hay un grupo aperturista que apuesta por formas muy diferentes». La referencia implícita es a Benedicto XVI, cuya línea doctrinal es el referente del episcopado conservador español, y no a Francisco, cuyo pontificado el sector progresista reivindica como el precedente directo de León XIV. La visita a las Canarias, con su carga simbólica de visibilización de las muertes en las rutas migratorias desde África, es la apuesta más inequívoca del Pontífice por ese perfil.

 El escándalo del dossier de patrocinio

En paralelo al debate ideológico, la CEE afronta las consecuencias de la filtración de un documento interno sobre la financiación del viaje. El dossier, destapado por el medio especializado Religión Digital, establece distintos niveles de patrocinio según la cantidad aportada: el rango más alto es el de «gran benefactor», que implica una donación de entre 500.000 euros y un millón. A cambio, el financiador obtiene espacio reservado en los actos multitudinarios, «un encuentro de trabajo con el Vaticano», deducciones fiscales y «un encuentro personal con el Papa». El estatus mínimo es el de «amigo», reservado para donaciones de dos mil euros, con reconocimiento formal mediante certificado oficial.

El documento está firmado por Fernando Giménez Barriocanal, vicesecretario para Asuntos Económicos de la CEE. La organización no ha explicado públicamente por qué solicita donaciones para una visita cuyo coste cifra en al menos 15 millones de euros, cuando los obispos ingresaron en 2024 más de 1.495 millones de euros según los datos de la última memoria anual. Barriocanal ha argumentado que el retorno económico del viaje para las ciudades de acogida asciende a 100 millones de euros. La CEE no ha respondido a las preguntas sobre la compatibilidad del sistema de acceso al Pontífice mediante donación con los principios de igualdad que rigen los actos religiosos.

Ultraderecha, abusos y crisis de autoridad

La visita llega en un momento en que la jerarquía católica española atraviesa una crisis de autoridad en varios frentes simultáneos. El propio León XIV alertó en noviembre pasado a la cúpula de la CEE sobre el auge de la ultraderecha y pidió a los obispos que se interesaran por el estado de las negociaciones para afrontar el escándalo de los abusos sexuales cometidos por miembros del clero. Fuentes episcopales señalan que una parte de los jerarcas teme que partidos como Vox instrumentalicen los actos del Papa, y que los obispos coordinadores se apresuraron a publicar una nota aclarando que el Pontífice «no nombra a ningún grupo concreto».

La división interna se manifiesta también en el diagnóstico sobre la influencia de la Iglesia en la sociedad española. Fuentes de la CEE consultadas señalan que los obispos conservadores perciben que «el timón de la evangelización se les escurre de las manos», especialmente entre los jóvenes, donde movimientos como Hakuna, Effetá o Emaus concentran cada vez más la capacidad de movilización. La apuesta de León XIV por las periferias —migrantes en Canarias, barrios populares en Madrid, la Sagrada Família en Barcelona como símbolo de una Iglesia en construcción— es leída por el sector conservador como una cesión ante el progresismo y por el aperturista como la única vía de supervivencia institucional de la Iglesia en una sociedad secularizada.

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