España refuerza sus lazos con China en plena tensión arancelaria con Washington

16 avril 2026 - 22:40

Pedro Sánchez se reunió ayer con Xi Jinping en Pekín en su cuarta visita oficial a China en poco más de tres años. Las inversiones directas chinas en España crecieron un 330% en 2025, hasta los 643 millones de euros. La delegación española salió satisfecha del foro empresarial, donde participaron directivos de compañías de ambos países con presencia cruzada. El presidente podrá trasladar las conclusiones de la visita a sus socios europeos en una cumbre informal en Chipre la semana próxima.

Pedro Sánchez accedió ayer a la enorme sala del Gran Salón del Pueblo donde lo esperaba Xi Jinping siete minutos antes de la hora prevista, mientras los funcionarios del Gobierno chino ultimaban la disposición de las banderas de ambos países. La delegación española salió satisfecha del foro empresarial previo, en el que participaron representantes de compañías de ambos países con intereses cruzados. «Hay muchas ganas de invertir en España», resumió la representación española al término del encuentro. La visita se enmarca en un contexto geopolítico de primer orden, con el conflicto en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz como telón.

Sánchez mantuvo también una reunión con directivos de empresas españolas con fuerte implantación en el mercado chino: el grupo industrial Mondragon, la farmacéutica Grifols y la compañía fotovoltaica MASPV, entre otras. El Gobierno ha argumentado en cada una de sus intervenciones que cualquier acuerdo de inversión debe traducirse en creación de empleo local y transferencia de tecnología. En la delegación española existe, según fuentes gubernamentales, «un alto grado de conciencia» de que los flujos de capital chino deben beneficiar al tejido productivo español y no limitarse a operaciones de ensamblaje con componentes importados.

Las empresas y las cifras

Las inversiones directas chinas en España se incrementaron un 330% en 2025 respecto al año anterior, hasta alcanzar los 643 millones de euros, según datos de la Fundación Consejo España-China. China es ya el segundo inversor asiático en España de los últimos 15 años, a punto de superar a Japón. Entre las compañías con proyectos activos en territorio español figuran el gigante de las baterías CATL, que construye una planta en Zaragoza, el fabricante de vehículos eléctricos Chery, que ha abierto instalaciones en Barcelona, y los conglomerados energéticos China Three Gorges y China Energy Engineering Corporation, vinculados al sector de las renovables.

Estos desembarcos responden a una combinación de factores: acceso al mercado de la Unión Europea (UE), infraestructura energética renovable y un marco regulatorio que España presenta como estable. El reto, según el análisis de la delegación española en el foro, es garantizar que esos flujos de capital generen valor añadido en la economía receptora y no se limiten a líneas de ensamblaje con cadenas de suministro enteramente chinas. La experiencia de otras economías europeas que han atraído inversión asiática sin condicionarla ha servido de advertencia en las negociaciones del Gobierno.

El reto de las inversiones reales

Jens Eskelund, presidente de la Cámara de Comercio de la UE en China y una de las personas que mantuvo una entrevista privada con Sánchez, ofreció una lectura matizada de la posición española. Eskelund consideró «no es exacto» calificar la estrategia del Gobierno español hacia China como un verso suelto dentro del bloque europeo, al estilo de la política adoptada por Hungría bajo Viktor Orbán. El responsable de la patronal europea en Pekín defendió la necesidad de una interacción regular entre los líderes del continente y sus homólogos chinos, frente a la tendencia al distanciamiento que predomina en otros capitales europeas.

Eskelund advirtió al mismo tiempo de que la búsqueda de inversiones chinas no debe derivar en una «carrera a la baja» entre Gobiernos europeos en cuanto a las condiciones que exigen a Pekín. Para el presidente de la Cámara de Comercio europea en China, el hecho de que Xi Jinping haya verbalizado que las buenas relaciones con España repercuten en las relaciones de China con el conjunto de la UE supone un espaldarazo institucional para Sánchez. «Madrid no es un verso suelto» en la Unión Europea, afirmó Eskelund, quien situó la interlocución española con Pekín como un activo, no como una anomalía, del bloque comunitario.

El respaldo de Xi y la dimensión europea

El trasfondo político de la visita no es ajeno a las tensiones globales. Sánchez ha argumentado ante sus interlocutores chinos que Pekín es el actor con mayor capacidad para contribuir a la resolución del conflicto en Irán y del bloqueo en el estrecho de Ormuz. Cuando en el entorno diplomático europeo surgen dudas sobre el acercamiento del presidente español a Xi, los funcionarios del Gobierno chino han respondido con rotundidad: «Está al lado del Papa», afirmaron para subrayar la moderación de la postura española frente a otros interlocutores más críticos con Pekín y refutar las comparaciones con opciones más radicales.

La visita concluye en un momento en que la agenda china del Ejecutivo ha suscitado escrutinio tanto interno como entre los socios europeos. Algunos Gobiernos del bloque perciben el acercamiento de Sánchez a Xi como una política que puede debilitar la posición negociadora colectiva de la UE. El presidente tendrá la semana próxima una oportunidad para encuadrar esa estrategia en un marco colectivo, cuando participe en la cumbre informal de líderes europeos en Chipre. Las cifras de inversión —un 330% de crecimiento en un solo ejercicio— respaldan el argumentario del Gobierno, aunque el desafío de convertir esos flujos en beneficio real para la economía española permanece abierto.

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