Bruselas cifra en 22.000 millones el coste energético de la guerra de Irán

15 avril 2026 - 15:35

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió que el conflicto en Irán ha costado ya más de 22.000 millones de euros en importaciones adicionales de combustibles fósiles para los europeos. Bruselas fijó para el 22 de abril una cumbre de líderes donde presentará un paquete de medidas temporales: coordinación de compras de energía, un marco flexible de ayudas estatales y una estrategia de electrificación para reducir la dependencia de los fósiles.

La presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, convocó ayer una reunión extraordinaria del colegio de comisarios centrada en las consecuencias económicas de las acciones militares en la región y advirtió a la prensa que «el cierre actual del estrecho de Ormuz es enormemente perjudicial» para los intereses europeos. Según los cálculos del Ejecutivo comunitario, el conflicto iniciado por Donald Trump y Benjamín Netanyahu ha costado ya más de 22.000 millones de euros en importaciones adicionales de combustibles fósiles a los Veintisiete, con un impacto directo e inmediato en los precios de las gasolineras, los supermercados y las facturas domésticas.

El encuentro estaba previsto para abordar las relaciones con China, pero la urgencia del conflicto en Oriente Próximo desplazó esa agenda. Von der Leyen fijó el 22 de abril como fecha para una cumbre extraordinaria de líderes de Estado y de Gobierno que se celebrará en Chipre, país que ostenta este semestre la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea (UE). La isla es, según la presidenta, un enclave especialmente relevante «por encontrarse a las puertas de la región convulsa». En ese foro se presentarán formalmente las medidas temporales y específicas diseñadas para responder al impacto de la guerra sobre los ciudadanos europeos.

La coordinación de compras para evitar la competencia entre socios

La primera línea de respuesta que propone Bruselas es la coordinación entre los estados miembros para la compra agregada de energía y para llenar las reservas de gas, con el objetivo de evitar que los países compitan entre sí en el mercado y eleven el precio por esa vía. Es una receta inspirada en la gestión de la crisis de la pandemia, cuando Europa apostó por las compras conjuntas de vacunas. «Hemos aprendido que en cualquier crisis la unidad es nuestra fuerza», subrayó Von der Leyen, quien anunció también que habrá coordinación para liberar las reservas de petróleo con el fin de maximizar los efectos del paquete de medidas.

La presidenta abrió asimismo la puerta a consultar a los estados miembros sobre la posibilidad de flexibilizar las normas de ayudas estatales. El objetivo es adoptar un marco temporal específico para los sectores más afectados, con medidas que sean «oportunas y temporales» y que lleguen tanto a los hogares como a las empresas más expuestas. Von der Leyen fue explícita en el límite de esa apertura: las intervenciones económicas «deben ser mínimas para no deteriorar los déficits públicos», señaló, y en ningún caso se darán condiciones para activar las cláusulas de salvaguarda que permitirían relajar las normas fiscales ortodoxas que rigen en la zona euro.

Ayudas de Estado: margen sin manga ancha

El Ejecutivo comunitario descarta por el momento que se cumplan las condiciones para relajar las reglas fiscales de los países de la eurozona. Las recetas no pueden ser «a brocha gorda», precisó la presidenta, sino «específicas, oportunas y temporales». La distinción es relevante en términos políticos: varios estados miembros han presionado a Bruselas para obtener mayor margen de gasto ante el impacto del conflicto en sus economías, pero la Comisión se resiste a abrir ese flanco de forma generalizada por el riesgo de deterioro de los déficits públicos en los países más endeudados.

El rechazo a la flexibilización fiscal no impide que Bruselas actúe sobre otros instrumentos. Von der Leyen insistió en la necesidad de fomentar la reducción de la demanda energética y la eficiencia en los edificios, los hogares y los equipos industriales. «La energía más cara es la energía que no se utiliza», reiteró la presidenta, situando la eficiencia como complemento inmediato de la coordinación de compras. Bruselas propuso también un ajuste técnico del sistema de comercio de emisiones de CO₂, el llamado mercado de carbono, cuya revisión completa está prevista para julio.

La apuesta por la electrificación como salida estructural

Von der Leyen enmarció la crisis actual en un diagnóstico de fondo que la Comisión viene sosteniendo desde la invasión de Ucrania: la sobredependencia europea de los combustibles fósiles importados. «La cruda realidad para nuestro continente es que la energía de combustibles fósiles seguirá siendo la opción más cara en los próximos años», reconoció la presidenta, que anunció que antes del verano la Comisión presentará una estrategia de electrificación con objetivos «ambiciosos» para el conjunto de los Veintisiete.

Esa estrategia incluirá sugerencias a los estados miembros para rebajar impuestos y peajes sobre la energía, abaratar las facturas eléctricas e impulsar las renovables y la energía nuclear, tecnologías que Bruselas ve «con buenos ojos» en el contexto actual. «La única forma de salir de la dependencia fósil es modernizarse, cambiar la generación eléctrica a renovables y nuclear y, por supuesto, electrificar la economía tan rápido como se pueda», insistió Von der Leyen. La cumbre de Chipre será la primera prueba de la capacidad de la UE para trasladar ese diagnóstico compartido a medidas concretas y vinculantes para sus socios.

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