El presidente del Gobierno clausuró el European Pulse Forum de Barcelona con el alegato más directo que ha hecho hasta la fecha en favor de la defensa autónoma europea. Una encuesta de Político y beBartlet realizada en seis países revela que el 77,3% de los españoles apoya la creación de un ejército europeo, aunque España es el único país analizado donde el servicio militar obligatorio no alcanza respaldo mayoritario. Solo el 21% de los europeos cree que la Unión Europea avanza en la dirección correcta.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, clausuró ayer el European Pulse Forum de Barcelona con el alegato más directo que ha hecho hasta la fecha en favor de un ejército europeo común. «Ya, mañana mismo», subrayó desde el escenario del CosmoCaixa. Para Sánchez, la decisión no admite demora ni debate previo: es «una obligación», argumentó, cuyo propósito es «construir defensa común y asumir juntos nuestras vulnerabilidades y debilidades para que no las utilicen contra nosotros». Tanto la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como el sistema económico son pilares que «ahora están fuertemente cuestionados», añadió.
El foro, organizado por Político y la consultora beBartlet en el CosmoCaixa de Barcelona, reunió más de 40 ponentes de perfil europeo e internacional para debatir sobre el futuro del continente. Entre los participantes figuraron la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Teresa Ribera; el comisario de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius; el exprimer ministro italiano Enrico Letta; la secretaria general del Partido Popular Europeo (PPE), Dolors Montserrat; el embajador de Ucrania ante la Unión Europea (UE), Vsevolod Chentsov; y el president de la Generalitat, Salvador Illa, y el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni. El líder del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, también participó en el debate.
Europa quiere ejército pero no quiere la mili
La intervención de Sánchez se apoyó en los resultados de una encuesta de Político y beBartlet elaborada con 6.698 entrevistas en seis estados miembros: Alemania, Francia, Italia, España, Polonia y Bélgica. Los datos revelan que el 77,3% de los españoles respalda la creación de un ejército europeo común, situando al país entre los más favorables de los analizados. El mismo sondeo constata, sin embargo, una contradicción significativa: España es el único país de los seis donde la recuperación del servicio militar o civil obligatorio no logra respaldo mayoritario entre la ciudadanía.
El sondeo expone también el estado de ánimo de los europeos ante sus instituciones. Solo el 21% de los encuestados cree que la UE avanza en la dirección correcta, un porcentaje que Sánchez invocó como evidencia de la necesidad de un cambio de rumbo. El jefe del Ejecutivo reclamó «coraje» a Bruselas para intensificar sus principios y fijó como norte «la ambición del europeísmo para que Europa refuerce su lugar en el mundo». La amenaza de las «fuerzas reaccionarias», advirtió, hace de ese objetivo algo que no puede posponerse.
Netanyahu expulsa a los representantes españoles de Gaza
Pocas horas antes de que Sánchez tomara la palabra, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, había ordenado la expulsión de los representantes españoles del Centro de Coordinación Cívico-Militar (CMCC, por sus siglas en inglés), el organismo de la ONU encargado de supervisar el alto el fuego en la Franja de Gaza. Netanyahu acusó a España de «librar una guerra diplomática» contra su país, en referencia a la postura sostenida por el Gobierno de Sánchez sobre el conflicto gazatí y su apoyo a la suspensión del acuerdo europeo de asociación con Israel.
Sánchez no respondió de forma directa a ese episodio en su intervención ante el foro, pero aprovechó el escenario para reiterar la petición de España de suspender ese acuerdo por las vulneraciones israelíes del derecho internacional y del derecho humanitario. La autonomía estratégica europea, dijo, es «indispensable para la supervivencia política, económica y social de Europa». El episodio condensa la tensión acumulada entre Madrid y Jerusalén desde el inicio del conflicto en Gaza, que el Gobierno español ha erigido en uno de los ejes visibles de su política exterior.
La UE que Sánchez propone
El discurso de Sánchez trazó el modelo de Unión Europea que el Gobierno español defiende. Una UE «más integrada, más soberana», capaz de decidir por sí misma sin depender de terceros actores para la gestión de sus propios asuntos y con «voz propia en el ámbito internacional». Para lograrlo, el presidente identificó como tareas pendientes la intensificación del crecimiento económico y el refuerzo del «pilar social», presentando ambos objetivos como inseparables y como componentes de un mismo proyecto político. El continente que Sánchez describió es uno que no delega su seguridad sino que construye su propia capacidad de respuesta.
El contexto que enmarca esas palabras es el de mayor tensión transatlántica en décadas. La guerra de Irán ha reactivado con urgencia el debate sobre la soberanía estratégica del continente: varios aliados de la OTAN han mantenido posturas divergentes ante la operación Furia Épica, y la presión de la Administración Trump para elevar el gasto en defensa hasta el 5% del Producto Interior Bruto (PIB) ha reabierto la discusión sobre el modelo de seguridad que quiere construir Europa. España, con su negativa a ceder las bases de Rota y Morón a la aviación militar estadounidense, se ha situado en el ala más proclive a la autonomía dentro de la Alianza.
El European Pulse Forum se celebró en Barcelona en la misma semana en que Sánchez viaja a China y convoca en la capital catalana la Global Progressive Mobilisation (GPM), la cumbre de la Internacional Socialista prevista para los días 17 y 18 de abril. La triada de eventos —el foro de política europea, la gira a Pekín y la GPM— compone la agenda internacional más intensa desplegada por un presidente español en mucho tiempo, en un momento en que el relato de la política exterior ha desplazado al de la política doméstica como eje principal del debate público.