Los europeos respaldan la autonomía de la UE y recelan de Washington

10 avril 2026 - 10:49

Una encuesta de Euroconsumers realizada a cerca de 10.000 personas en diez países europeos muestra que la mayoría de los ciudadanos considera la Unión Europea una potencia económica y política de primer orden, pero solo el 36% la reconoce como una potencia militar creíble. El apoyo a más autonomía estratégica es amplio, pero la división sobre la respuesta de Bruselas a la política arancelaria de Donald Trump revela una fractura interna que matiza el consenso aparente.

La confianza en la Unión Europea (UE) como actor global comienza a erosionarse en un contexto de inestabilidad geopolítica creciente, según una encuesta de Euroconsumers realizada a cerca de 10.000 personas en diez países: Alemania, Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Hungría, Irlanda, Italia, Polonia y Portugal. Los datos, difundidos el pasado 27 de marzo, ofrecen un retrato ambivalente: la mayoría de los ciudadanos europeos continúa considerando a la UE una fuerza mayor en la escena internacional —el 63% la percibe como potencia económica de primer plano y el 60% como actor político influyente—, pero ese reconocimiento coexiste con dudas profundas sobre su capacidad en el terreno de la defensa.

El umbral más problemático es el militar. Solo el 36% de los encuestados considera a la UE una potencia militar creíble, una cifra que contrasta con la percepción económica y política y que sitúa la brecha de credibilidad en materia de defensa como el talón de Aquiles de la imagen exterior de la Unión. En el plano de la gestión de crisis concretas, los juicios también se dividen: el 42% de los encuestados estima que la UE demostró liderazgo en la guerra de Ucrania, mientras que el 41% considera que no fue capaz de hacerlo. Las divisiones internas entre Estados miembros son percibidas como un obstáculo por cerca de dos tercios de los encuestados, que señalan los desacuerdos entre capitales como el principal factor que limita la influencia global de la Unión.

Una potencia reconocida, con límites militares

La percepción de la UE varía de forma significativa según el ámbito al que se refiere. En economía y política, la mayoría de los europeos atribuye a la Unión un peso real en el sistema internacional. En defensa, esa atribución se desploma hasta niveles que reflejan tanto la dependencia histórica de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como la ausencia de una estructura militar europea autónoma con capacidad operativa reconocida. El dato es especialmente relevante en un momento en que varios Gobiernos europeos debaten la necesidad de aumentar el gasto en defensa y de reducir la dependencia de las garantías de seguridad estadounidenses.

El apoyo a una UE más autónoma es, no obstante, amplio y transversal. Cerca del 80% de los encuestados se muestra favorable a un aumento de las inversiones en tecnología europea para reducir la dependencia de potencias exteriores. El refuerzo de las capacidades de defensa y la diversificación de los socios comerciales obtienen también un respaldo mayoritario. La demanda ciudadana de autonomía estratégica precede y supera, en términos de intensidad, a las propuestas que los Gobiernos han puesto sobre la mesa en los últimos meses.

El enfriamiento transatlántico

La encuesta pone en evidencia un deterioro significativo de la confianza en Estados Unidos como socio a largo plazo. Solo el 28% de los europeos encuestados cree que Washington seguirá siendo un aliado fiable en los próximos años, una cifra que refleja el impacto de las políticas de la Administración Trump sobre la percepción ciudadana en el continente. Los datos son especialmente llamativos en países como Dinamarca, Alemania, Portugal, Irlanda, Bélgica y España, donde una proporción elevada de encuestados pone en duda la durabilidad de la alianza transatlántica.

En este contexto, cerca de la mitad de los encuestados considera que la UE debería priorizar el establecimiento de nuevos socios comerciales más allá de Estados Unidos. El 51% apoya profundizar las relaciones con economías asiáticas como Japón y Corea del Sur, mientras que solo el 37% se muestra favorable a estrechar los vínculos con China. La reorientación comercial que los ciudadanos reclaman es, por tanto, selectiva: apunta hacia las democracias del Pacífico y mantiene una posición de cautela frente a Pekín.

Aranceles, consumo y autonomía tecnológica

La respuesta europea a la política arancelaria de Trump divide a la opinión pública. El 70% de los encuestados apoya las contramedidas adoptadas por la UE frente a los aranceles estadounidenses, lo que indica que la mayoría ciudadana respalda una postura de firmeza comercial frente a Washington. Sin embargo, la gestión de Bruselas no concita un acuerdo equivalente: el 38% desaprueba la respuesta de la Comisión Europea, frente al 34% que la apoya. La diferencia entre apoyar las contramedidas y valorar positivamente cómo la institución las ha gestionado revela una fractura entre la demanda de autonomía y la confianza en las instituciones para ejercerla.

El impacto en el comportamiento de los consumidores es ya observable. Cerca del 44% de los europeos declara haber reducido o abandonado la compra de productos estadounidenses como respuesta a la política arancelaria de la Administración Trump, con Dinamarca a la cabeza con un 55% de encuestados que afirman haberlo hecho. La encuesta de Euroconsumers no permite establecer si ese cambio de comportamiento es duradero o coyuntural, pero su extensión a casi la mitad de los encuestados en diez países sugiere que la tensión transatlántica ha traspasado el ámbito de la política exterior para instalarse en las decisiones cotidianas de compra. Las expectativas ciudadanas, en todo caso, siguen siendo moderadas: el coste de la vida continúa al alza y los hogares combinan la demanda de autonomía estratégica con la presión económica del día a día.

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