El aeródromo de Caudé acoge a 23 grandes aeronaves de Qatar Airways que huyen del conflicto en Oriente Próximo. La instalación, la mayor plataforma de estacionamiento de aviones de Europa, se ha convertido en refugio para aeronaves en peligro desde que estalló la guerra de Irán. El negocio del mantenimiento, la reparación y el reciclaje de aviones sitúa a esta provincia española como actor inesperado de la economía global del transporte aéreo.
En apenas una semana, 23 grandes aeronaves de Qatar Airways aterrizaron en el aeródromo de Caudé, a las afueras de Teruel, huyendo de los riesgos de la guerra de Irán. Son aparatos de fuselaje ancho —modelos Airbus A330 y A350, y Boeing 787, con capacidad para hasta 300 pasajeros— que las compañías retiran de las rutas operativas cuando el conflicto en Oriente Próximo hace inviable o demasiado costoso mantenerlos en vuelo. Representan ahora el 10% de la flota mundial de Qatar Airways, la aerolínea que encabeza el ranking global de compañías aéreas.
La instalación turolense tiene ventajas que pocas pueden ofrecer: cinco millones y medio de metros cuadrados de superficie, más de 250 días de sol anuales y la condición de enclave único en Europa. El director del aeródromo, el ingeniero aeronáutico Alejandro Ibrahim, lleva más de una década al frente del proyecto y describe la infraestructura como el único lugar del continente donde «se da el servicio a toda la cadena de valor de este sector»: mantenimiento, reparación, reciclaje, pruebas de motores y formación técnica operan en un mismo espacio.
La mayor plataforma de estacionamiento de Europa
El aeródromo de Caudé alberga en este momento 90 aviones de procedencias diversas. Sus 18 naves y hangares, seis de ellos dimensionados para aeronaves de gran tamaño, se ampliarán con dos instalaciones adicionales antes de que concluya 2026. El parque no tiene equivalente en Europa en capacidad de estacionamiento de largo plazo. Durante la pandemia de covid-19, la instalación acogió hasta 140 aparatos procedentes de distintas partes del mundo. Con la guerra en Ucrania llegaron aeronaves de compañías rusas que los arrendadores europeos trasladaron a Teruel tras la suspensión de pagos y el cese de operaciones derivados de las sanciones.
El consejero de Fomento del Gobierno de Aragón, Octavio López, explica la lógica de este mercado en términos directos: cuando hay conflicto bélico, «hay compañías que quieren proteger sus inversiones» y Teruel les ofrece la respuesta. La empresa concesionaria TARMAC, que gestiona el servicio de cobijo a las aeronaves, prefiere no hacer declaraciones, probablemente sujeta a cláusulas de confidencialidad con sus clientes. La ausencia de nubes que amenacen las aeronaves en estancia prolongada y la superficie disponible —que se amplía ahora por cuarta vez— refuerzan la posición competitiva de la instalación frente a otros aeropuertos europeos.
Qatar Airways y el negocio de la crisis
La ecuación económica que explica la llegada masiva de aeronaves de Qatar Airways es relativamente sencilla. La guerra de Irán ha disparado el precio de los combustibles, lo que encarece los costes operativos e incrementa el precio de los billetes; la demanda se contrae, las aerolíneas suspenden vuelos y los aviones empiezan a quedarse en tierra. En paralelo, el conflicto actúa como acelerador de la renovación de flotas: Ibrahim señala que «las compañías están acelerando la sustitución de sus aviones que más consumen» ante la presión que el alza del combustible ejerce sobre sus márgenes de rentabilidad.
La tendencia, según el mismo Ibrahim, no ha alcanzado su techo. «Los aviones necesitarán estacionamiento y reciclaje», afirma el director, que lleva más de una década viendo crecer la instalación desde que fue impulsada en 2013 en la legislatura del socialista Marcelino Iglesias —con las críticas de una oposición que no se creía el proyecto— y que ha sido continuada por gobiernos de distinto signo hasta el actual del popular Jorge Azcón. El hecho de que Qatar Airways tenga ahora el 10% de su flota mundial en Teruel es, para Ibrahim, la mejor tarjeta de presentación ante cualquier potencial cliente.
Un ecosistema aeroespacial más allá del conflicto
El aeródromo de Caudé es la pieza más visible de un ecosistema aeroespacial que Teruel ha construido a lo largo de más de una década. En el mismo recinto funciona el único banco de pruebas privado de motores de combustible líquido de España, operado por la empresa PLD Space, que prueba varios modelos de la familia Miura para la carrera espacial europea. Un millar de empleos directos dependen del conjunto de la instalación, a los que se añaden los generados por las cien empresas clientes y los más de 150 proveedores que operan en el enclave.
La proyección del aeródromo atrae también a instituciones educativas y militares. El Instituto Segundo de Chomón de Teruel imparte formación profesional en técnicos de mantenimiento aeronáutico, y el Gobierno de Aragón acaba de anunciar la apertura del grado de Ingeniería Aeroespacial de la Universidad de Zaragoza en la sede turolense para el próximo curso. El Ministerio de Defensa trabaja en la instalación de un centro integral de entrenamiento y movilidad del Ejército del Aire en los terrenos de la antigua Base Aérea de Caudé, con una inversión de 42 millones de euros y 350 empleos previstos.
La imagen de 23 grandes aeronaves de Qatar aparcadas en una campa del sur de Aragón ilustra, de manera gráfica, la anatomía de una crisis global. Lo que para las aerolíneas es un refugio provisional mientras el conflicto en Oriente Próximo no se resuelve, es para Teruel un argumento económico de primer orden. El aeródromo de Caudé ha demostrado a lo largo de tres grandes crisis internacionales —la pandemia, la guerra de Ucrania y ahora la de Irán— que la despoblación y el sol de la meseta pueden convertirse en activos de escala global.