La celebración de la Pascua cristiana se convirtió este domingo en una potente llamada espiritual y moral contra la guerra. Desde Catedral de Canterbury hasta Basílica de San Pedro, las máximas voces del cristianismo anglicano y católico situaron la paz en el centro de sus mensajes, en un contexto internacional marcado por la escalada bélica en Oriente Medio.
En su primer sermón pascual desde su entronización el pasado 25 de marzo, la arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, pidió de forma explícita el fin de la violencia en la región.
Ante los fieles congregados en la histórica catedral inglesa, Mullally reclamó a la comunidad internacional una acción urgente para detener “la violencia y la destrucción” que sacuden Oriente Medio y el golfo Pérsico.
La líder espiritual de la comunión anglicana vinculó directamente el significado de la Pascua con la realidad del conflicto:
“Hoy, al proclamar con alegría que Cristo ha resucitado, reclamemos con renovada urgencia el fin de la violencia”.
El mensaje adquiere un peso singular por tratarse de su primera Pascua como primada de la Iglesia de Inglaterra, cargo que la convierte en referente espiritual de cerca de 85 millones de fieles anglicanos en el mundo.
En paralelo, el papa León XIV presidió su primer Domingo de Resurrección en el Vaticano con un mensaje de alcance universal.
A diferencia de la tradición reciente, el pontífice optó por no citar conflictos concretos, aunque mantuvo una firme condena de la guerra y del odio.
Desde la plaza de San Pedro, abarrotada por más de 50.000 personas, lanzó un llamamiento a no resignarse ante el mal y convocó para el próximo 11 de abril una vigilia de oración por la paz.
El gesto ha sido interpretado en círculos vaticanos como una voluntad de situar a la Santa Sede en un plano de mediación global, evitando referencias directas a actores específicos.
Dos voces, un mismo mensaje
Aunque con estilos diferentes, Canterbury y Roma convergieron este Domingo de Pascua en una misma idea: la guerra no puede convertirse en paisaje normalizado.
Mientras Mullally puso el foco directamente en Oriente Medio, León XIV optó por un discurso más global y simbólico.
La coincidencia de ambos mensajes refuerza la dimensión ética de la Pascua en un momento en que la región vive una de sus fases más tensas desde comienzos de año.