China advierte de “graves consecuencias” por los ataques a instalaciones nucleares iraníes y llama a frenar la escalada

31 mars 2026 - 09:27

Pekín ha elevado este martes el tono diplomático frente a la escalada bélica en Oriente Próximo al advertir de las “graves” e incluso “inconmensurables consecuencias” que podría acarrear la continuación de ataques contra instalaciones nucleares iraníes sometidas a supervisión internacional. La reacción del Gobierno chino llega después de que Irán denunciara nuevos bombardeos atribuidos a Estados Unidos e Israel contra infraestructuras estratégicas, entre ellas zonas próximas a la central nuclear de Bushehr, una de las instalaciones energéticas más sensibles del país persa.

Durante su comparecencia diaria, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Mao Ning, subrayó que cualquier acción armada dirigida contra “instalaciones nucleares pacíficas” protegidas por las salvaguardias del Organismo Internacional de Energía Atómica constituye una violación directa de la Carta de las Naciones Unidas, del derecho internacional y del propio estatuto del organismo atómico. Desde Pekín se insiste en que este tipo de operaciones no solo amenazan la seguridad regional inmediata, sino que erosionan la arquitectura global de no proliferación, en un momento en el que la región ya se encuentra al borde de una conflagración de alcance imprevisible.

La preocupación china no es meramente retórica. La central de Bushehr, construida con apoyo ruso y situada en la costa sur iraní, próxima al golfo Pérsico, ha sido mencionada en los últimos días por Moscú como una infraestructura que presenta signos de deterioro tras varios ataques en un lapso inferior a dos semanas. La posibilidad de daños severos en una instalación de este tipo despierta alarma internacional por sus eventuales consecuencias medioambientales, energéticas y humanitarias, especialmente en una zona estratégica por donde circula una parte esencial del suministro mundial de hidrocarburos.

Fuentes internacionales coinciden en que la campaña militar lanzada desde finales de febrero se ha ampliado progresivamente desde objetivos militares convencionales hacia centros industriales, energéticos y científicos de Irán. Entre los blancos alcanzados figuran instalaciones nucleares, plantas de producción de agua pesada, infraestructuras gasísticas en South Pars y otros centros de conocimiento, lo que ha incrementado la inquietud sobre una posible ruptura del equilibrio estratégico regional.

China, que mantiene importantes vínculos económicos y energéticos con Irán, ha reiterado su apuesta por una salida política y diplomática. Pekín teme, además, que una prolongación del conflicto afecte directamente al tránsito por el estrecho de Ormuz, un corredor vital para el comercio mundial de petróleo y gas, del que depende en buena medida el mercado asiático. De hecho, el endurecimiento de la crisis ya está provocando tensiones en los precios internacionales de la energía y en las rutas marítimas comerciales.

En este contexto, el mensaje chino combina condena jurídica, preocupación estratégica y defensa de la estabilidad regional. La diplomacia de Pekín busca presentarse como actor moderador, aunque su advertencia refleja también la magnitud del riesgo: cualquier ataque continuado contra infraestructuras nucleares civiles podría abrir un escenario de consecuencias difíciles de contener, tanto en el plano militar como en el económico y medioambiental.

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