El unilateralismo de Donald Trump y la guerra en Oriente Medio han reactivado en el espacio político español una discusión que parecía cerrada desde 1986. Desde Podemos hasta sectores de Sumar, pasando por ERC y EH Bildu, las voces críticas con la OTAN han ganado visibilidad. El PSOE mantiene su respaldo a la Alianza, y el PP la defiende con más énfasis que nunca.
El 12 de marzo de 1986, España celebró un referéndum sobre su permanencia en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la alianza militar occidental liderada por Estados Unidos. El sí ganó con el 52,5% de los votos, aunque en Cataluña y el País Vasco fue minoritario. Cuarenta años después, ese debate que se daba por zanjado ha vuelto a la superficie. El unilateralismo de la Administración Trump y la decisión de Estados Unidos e Israel de iniciar una guerra en Irán sin consultar a sus aliados europeos han dado argumentos nuevos a quienes llevan décadas reclamando la salida de España de la Alianza, y han puesto en una situación incómoda a quienes la defienden.
El debate no es solo parlamentario. El lunes pasado, delegaciones de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y EH Bildu, encabezadas por sus líderes Oriol Junqueras y Arnaldo Otegi, se reunieron en Barcelona para analizar la situación internacional. En el comunicado posterior reclamaron una política soberana de defensa para España y recordaron que en sus territorios el «no» fue mayoritario en el referéndum de 1986. A esa presión desde la izquierda nacionalista se suman las posiciones cada vez más críticas de Podemos y de sectores de Sumar, que han colocado la cuestión de la OTAN en el centro de su agenda en las últimas semanas.
Cuarenta años después, el debate regresa
La OTAN es una organización de defensa colectiva fundada en 1949 en la que España ingresó en 1982, cuatro años antes de la ratificación de esa adhesión mediante el referéndum impulsado por el entonces presidente Felipe González. Su actual secretario general es el neerlandés Mark Rutte, quien durante la crisis de Irán ha respaldado la actuación de Estados Unidos e Israel, algo que ha generado un amplio rechazo en la izquierda española. El líder de Sumar en el Parlamento, Antonio Maíllo, ha llegado a pedir que «la OTAN debe desaparecer», al tiempo que denuncia que las condiciones fijadas en la pregunta del referéndum de 1986 —entre ellas que las bases de Rota y Morón no albergaran armas nucleares— han sido incumplidas.
El argumento que cruza todas las posiciones críticas es el del unilateralismo estadounidense. «Estados Unidos no es un socio fiable y está conduciendo al mundo y a sus aliados al caos», afirmó un portavoz de Chunta Aragonesista, coalición que se opuso a la entrada de España en la Alianza en 1986. Lluís Apesteguia, coordinador de Mes per Mallorca, también presente en el debate, aboga por una «transición hacia otro modelo de defensa colectiva basado en la seguridad humana, la diplomacia, la cooperación y los valores compartidos». La eurodiputada de Sumar Irene Montero ha sido más directa: para ella «es más urgente que nunca abandonar el seguidismo a Estados Unidos y la OTAN».
Las posiciones de la izquierda, del PSOE al «no» de Podemos
Las posiciones en el espacio a la izquierda del PSOE van desde el rechazo frontal hasta el distanciamiento gradual. Podemos, cuya secretaria general Ione Belarra interpelaba ayer mismo a Sánchez en el Congreso para que planteara la salida de España de la Alianza, lleva años acusando al Gobierno de ser «cómplice de las guerras ilegales de Trump» por el hecho de permanecer en la OTAN. Su «no a la guerra», argumentan, implica necesariamente un «no» a la OTAN. Sumar, en el Gobierno pero con perfil propio en este asunto, ha evolucionado desde su programa de 2023 —donde propugnaba un «desplazamiento progresivo» hacia la «autonomía estratégica» europea— hasta posiciones más críticas. Su líder, Lara Hernández, defiende un «desacople» de la Alianza, aunque no su abandono inmediato.
El PSOE, en cambio, se mantiene impermeable a esas presiones. A través de un portavoz, el partido que preside el Gobierno ha subrayado que la pertenencia a la OTAN «ha permitido defender mejor nuestros intereses y contribuir a la estabilidad colectiva», y que la Alianza «no es un socio fiable que haya que abandonar, sino una estructura de seguridad que hay que superar» con una agenda exterior propia europea. El euródrputa de Compromís Vicent Marza apunta que la política exterior de Trump, «sin duda», favorece el debate sobre la permanencia. El Gobierno de Sánchez, recuerdan desde el PSOE, ha mantenido su «compromiso con los aliados» sin ceder en la «capacidad de decisión propia», como lo demostró con su negativa a elevar el gasto militar al 5% del PIB solicitado por Washington, y con su rechazo a la guerra de Irán.
PP, Vox y lo que dicen las encuestas
En el lado opuesto del espectro político, el PP es quien más énfasis pone en la defensa del pacto del Atlántico Norte. Un portavoz del partido que lidera Alberto Núñez Feijóo advierte de que las decisiones de la OTAN «no deben servir para dudar de la Alianza» y afirma que abandonarla «pondría en cuestión ni más ni menos que la imagen delegada en ministros de España en el mundo». Para el PP, el rechazo de Sánchez a Trump no es una demostración de soberanía, sino una muestra de lo que denominan «posición internacional deteriorada» de España. Vox, por su parte, apenas se pronuncia sobre la continuidad en la OTAN, aunque sí critica a Trump en clave interna.
Los datos de opinión pública muestran una fotografía compleja. Una encuesta del Real Instituto Elcano publicada en junio del año pasado detectó que el 85% de los españoles se declaraba favorable a la pertenencia a la Alianza Atlántica. Sin embargo, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) reflejaba en 2022 un balance positivo del ingreso en la OTAN del 73,9% de los encuestados, porcentaje que en julio de 2025 había bajado hasta el punto en que quienes pensaban que el Gobierno de Sánchez debía subir el gasto militar al 5% del PIB —como exige Washington— no llegaban al 35%. La guerra de Irán ha abierto un nuevo ciclo en ese debate cuya dirección aún está por definir.