La España que se aprieta: cinco claves para entender el país más saturado de Europa

27 mars 2026 - 04:03

España roza los 50 millones de habitantes y ha superado por primera vez los diez millones de residentes nacidos en el extranjero. Pero ese crecimiento no se distribuye a lo largo y ancho de la geografía nacional: el 90% de la población vive en el 2,6% del territorio. Frente a la España vaciada, emerge una España saturada donde la vivienda, el transporte, la sanidad y el turismo empiezan a resentirse.

Madrid reguló el paso de los peatones por las aceras de la calle Preciados en diciembre de 2017. Lo que entonces parecía una excentricidad de la gestión municipal era en realidad el síntoma de algo más profundo: España nunca había tenido tantos habitantes concentrados en tan poco espacio. Cataluña, Madrid y Valencia ocupan conjuntamente el 12,5% del territorio pero acumulan el 58% del crecimiento económico de la última década y el 66% del aumento de la población en el mismo período, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA).

El resultado es un país de dos velocidades territoriales que el demógrafo Julio Pérez Díaz, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), define con precisión: «Lo que es peculiar de España es la intensidad migratoria; sumar 300.000 personas al año en un país de 47 millones tiene que ver con el idioma, en el caso de Latinoamérica». La España vaciada se adentra en la despoblación mientras los territorios que concentran el dinamismo económico sufren una falta creciente de espacio. Estas son las cinco claves para entender ese desequilibrio.

  1. Una población de 50 millones que vive en el 2,6% del territorio

España tiene uno de los índices de concentración demográfica más acusados de Europa. El 90% de sus habitantes reside en apenas el 2,6% del suelo nacional, una densidad sin parangón en el continente. Madrid concentra el 14,5% de toda la población del país; Barcelona, el 12,1%. Las nueve provincias más pobladas aglutinan ya la mitad de los españoles. Esta concentración genera economías de escala y atrae inversión: el 83% de toda la inversión directa extranjera recibida en España en 2024 fue a parar a solo tres comunidades autónomas, según datos del Ministerio de Economía.

El reverso es la España vaciada: provincias como Soria, Teruel o Cuenca, donde el tejido productivo se ha ido desmantelando durante décadas y cuya población envejece sin relevo generacional. Raymond Torres, director de coyuntura de Funcas, advierte de que «la vertebración territorial del desarrollo es también relevante para reducir las desigualdades y prevenir el síndrome de la hiperconcentración». Las capitales intermedias tienen un papel que jugar en ese reequilibrio, pero atraer talento y empresas fuera de los grandes núcleos urbanos requiere inversión en infraestructuras y calidad de vida que hoy no llega de forma suficiente.

  1. La vivienda, el cuello de botella que bloquea el crecimiento

El efecto más palpable de la concentración demográfica es el encarecimiento de la vivienda. Entre 2021 y 2024, Caixabank Research calculó una escasez acumulada de 765.000 casas en España, de las cuales la mitad se concentra en Madrid, Alicante, Barcelona, Valencia y Málaga. El déficit no radica en la especulación, sino en la falta de oferta en los lugares donde se concentra la demanda. «No veo un problema de especulación en el mercado residencial, tenemos un problema de insuficiente oferta en los lugares donde se concentra la demanda», afirma el sociólogo Jorge Galindo, autor del ensayo Tres millones de viviendas.

El problema se agrava por el encarecimiento de los materiales de construcción y la lentitud de los ayuntamientos para conceder permisos de obra nueva. El número de nuevos hogares crece más rápido que las viviendas terminadas, una brecha que se arrastra desde 2010 y que la recuperación económica no ha logrado cerrar. Algunos retos, señala Torres, parten de la propia demografía; otros, del crecimiento económico; y también se ha encontrado con cuellos de botella en la infraestructura eléctrica, donde grandes compañías como Iberdrola o EDP han tenido que rechazar solicitudes de acceso por saturación de las subestaciones.

  1. El turismo y el transporte al límite de su capacidad

España cerró 2025 con un récord de 197 millones de visitantes y alcanzará previsiblemente el centenar en 2026. Los diez grandes aeropuertos españoles movieron en 2025 unos 38 millones de pasajeros más que en 2019, con crecimientos especialmente pronunciados en Palma (+35%), Málaga (+35%) y Alicante (+33%). El presidente de Aena, Maurici Lucena, reconoce que se están ampliando instalaciones en Barcelona, Madrid, Málaga, Alicante, Bilbao y Valencia para absorber esa demanda. En Mallorca, la ratio es de 27 turistas por habitante; en Ibiza, supera los 17.

El ferrocarril atraviesa una crisis de saturación que el accidente de Adamuz, en Córdoba, donde en enero de 2026 fallecieron 46 personas, sacó a la primera plana. Juan José Montero, catedrático de la UNED y experto en regulación ferroviaria, señala que «hubo una desconexión entre la liberalización de los ferrocarriles y la capacidad de las estaciones». El 10% de los viajeros españoles usa ya el tren de alta velocidad, el doble que antes de la pandemia, pero el problema no está en la intensidad de uso sino en la adecuación de un sistema que concentra sus cuellos de botella en las grandes estaciones metropolitanas.

  1. La sanidad pública bajo presión demográfica

El sistema sanitario público es uno de los termómetros más fiables de la saturación. El tiempo de espera para una consulta de atención hospitalaria ha pasado de 65 días en 2014 a 105 días en 2024, según el último informe del Sistema Nacional de Salud. España es el octavo país con más médicos en ejercicio por cada 1.000 habitantes entre los 20 estados miembros de la Unión Europea que proporcionan datos a Eurostat, y el séptimo en personal médico que trabaja en hospitales. Sin embargo, el propio Ministerio de Sanidad ha publicado un déficit reconocido de 4.500 médicos de familia hasta 2035 y de 100.000 enfermeras para equipararse a la media comunitaria.

José Ramón Repullo, profesor de Planificación y Economía de la Salud en la Escuela Nacional de Sanidad, distingue entre demografía y demanda: «El problema no es tanto de la demografía, aunque esto no ayuda, como de propulsores internos del gasto que exigen mejoras en la gobernanza y la gestión». La concentración territorial agudiza los desequilibrios: mientras las grandes ciudades acumulan pacientes que llegan de fuera a trabajar, las zonas rurales pierden profesionales que no pueden o no quieren instalarse en municipios pequeños, generando una distribución asimétrica de la carga asistencial que el mercado no corrige por sí solo.

  1. La inmigración como factor de equilibrio y sus límites

España ha superado por primera vez los diez millones de residentes nacidos en el extranjero, según los datos a enero de 2026 del Instituto Nacional de Estadística (INE). En un solo año, la población de origen foráneo creció en 625.976 personas, mientras que la nacida en España se redujo en 117.374. La incorporación de mano de obra extranjera explica casi la mitad del crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) español desde 2022, según un informe de Funcas. Sin la aportación migratoria, el país avanzaría a una marcha claramente inferior.

La economía tampoco avanza de forma igual para todos. El crecimiento de las grandes ciudades genera una demanda de servicios que los trabajadores locales no pueden cubrir en su totalidad y que atrae a nuevos residentes, retroalimentando la concentración. Pero ese dinamismo tiene límites físicos y sociales: cuando la saturación alcanza al transporte, a la sanidad, a la vivienda y al espacio público, los conflictos se multiplican. «No es la densidad de vecinos; si hay espacio en las calles para la vida y los servicios funcionan, el problema es el bloqueo de la vida fuera de la casa, esa privatización del espacio público», concluye el urbanista José María Ezquiaga, decano del Colegio de Arquitectos de Madrid.

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