China ha vuelto a posicionarse este martes como actor prudente —y calculado— en la crisis de Oriente Medio. El portavoz del Ministerio de Exteriores, Lin Jian, aseguró que el alto el fuego y el diálogo son “la única salida”, en un momento en que la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel entra en una fase de incertidumbre diplomática.
La declaración llega después de que Washington decidiera aplazar un ataque contra infraestructuras energéticas iraníes, abriendo una breve ventana para posibles negociaciones. Pekín, que se declara “profundamente preocupado” por la escalada, instó a las partes a cesar de inmediato las hostilidades.
Sin embargo, el posicionamiento chino no es neutro. Como principal socio comercial de Irán y uno de los mayores compradores de su petróleo, China tiene un interés directo en la estabilidad regional. La crisis ya ha comenzado a reflejarse en su economía, con subidas en los precios del combustible y volatilidad en los mercados asiáticos.
El conflicto, iniciado a finales de febrero tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní, ha derivado en una dinámica de represalias cruzadas que amenaza con ampliar su radio de impacto, tanto en el Golfo como en el sistema energético global.
Mientras tanto, las declaraciones sobre contactos entre Washington y Teherán siguen envueltas en ambigüedad: Estados Unidos habla de avances, Irán los niega, y China insiste en una fórmula que, aunque repetida, sigue sin materializarse.