Trump amenaza con atacar infraestructuras energéticas iraníes si no se reabre el estrecho de Ormuz

22 mars 2026 - 09:51

La guerra abierta entre Irán, Estados Unidos e Israel ha entrado en una fase de máxima tensión tras la amenaza directa del presidente estadounidense, Donald Trump, de atacar las centrales eléctricas iraníes si Teherán no garantiza la reapertura total del estratégico estrecho de Ormuz.

La advertencia, formulada en forma de ultimátum, fija un plazo de 48 horas para restablecer el tránsito marítimo sin restricciones en uno de los puntos más sensibles del comercio energético mundial. Por este corredor transita cerca del 20% del petróleo global, lo que convierte cualquier interrupción en un factor de inestabilidad inmediata para los mercados internacionales.

El mensaje de Washington se produce en paralelo a una intensificación de los bombardeos cruzados entre Irán e Israel, con ataques sobre infraestructuras estratégicas y un aumento significativo de víctimas y daños materiales en ambos lados del conflicto.

Según diversas fuentes, la administración estadounidense contempla como objetivo prioritario las instalaciones energéticas iraníes, en particular las centrales eléctricas, consideradas un punto crítico para presionar al régimen de Teherán.

Irán, por su parte, ha respondido elevando el tono y advirtiendo de represalias directas contra infraestructuras estadounidenses y de sus aliados en la región en caso de que se materialicen esos ataques.

El estrecho de Ormuz se ha convertido así en el epicentro de la crisis. Aunque Teherán sostiene que el paso marítimo permanece abierto para determinados países, las restricciones impuestas y los ataques a buques han provocado una disrupción de facto del tráfico, con impacto inmediato en los precios del petróleo y en la seguridad energética global.

En este contexto, la amenaza estadounidense marca un salto cualitativo en la escalada: por primera vez, Washington sitúa abiertamente las infraestructuras civiles energéticas iraníes en el centro de su estrategia militar, lo que amplía el riesgo de una confrontación regional de consecuencias imprevisibles.

La comunidad internacional observa con creciente inquietud una crisis que ya trasciende el ámbito militar y se proyecta sobre la economía global, en un momento en el que cualquier bloqueo prolongado del estrecho podría desencadenar un shock energético de gran magnitud.

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