EE.UU. reconfigura el poder militar en Venezuela tras la caída de Maduro

22 mars 2026 - 15:02

La estructura de poder en Venezuela atraviesa una transformación sin precedentes tras la caída de Nicolás Maduro, capturado en enero de 2026 durante una operación militar estadounidense que alteró de forma abrupta el equilibrio político del país.

Desde entonces, el nuevo gobierno encabezado por Delcy Rodríguez ha iniciado una profunda reconfiguración del aparato militar, en una estrategia que apunta a consolidar el control interno y redefinir las relaciones con Washington.

El movimiento más significativo ha sido la sustitución de la cúpula castrense, incluyendo al histórico ministro de Defensa, Vladimir Padrino, reemplazado por el general Gustavo González López, figura clave de los servicios de inteligencia y considerado un hombre de confianza del nuevo Ejecutivo.

Este rediseño del mando militar no responde únicamente a dinámicas internas. Diversas fuentes coinciden en que la nueva arquitectura de poder se inscribe en un proceso más amplio de alineamiento estratégico con Estados Unidos, que ha retomado un papel central en la evolución política venezolana tras años de distanciamiento durante el ciclo chavista.

Durante más de dos décadas, las Fuerzas Armadas venezolanas fueron un pilar ideológico del chavismo, con una fuerte impronta política y vínculos estrechos con Rusia y Cuba. La actual transición sugiere un giro estructural: del modelo de militarización ideológica hacia una lógica más pragmática y funcional al nuevo equilibrio internacional.

La reconfiguración incluye no solo cambios en los altos mandos, sino también en la doctrina y en los circuitos de poder dentro del estamento militar. Analistas señalan que el objetivo es doble: garantizar la estabilidad del nuevo Ejecutivo y reducir el riesgo de fracturas internas en un contexto marcado por la incertidumbre y el temor a un golpe de Estado.

En paralelo, el acercamiento entre Caracas y Washington se ha materializado en gestos simbólicos y diplomáticos, como la reactivación de la presencia estadounidense en la capital venezolana, un hecho impensable apenas meses atrás.

Sin embargo, este proceso abre interrogantes de fondo. La transición venezolana plantea una cuestión clave en el tablero internacional: ¿se trata de una normalización institucional o de una reconfiguración del poder bajo tutela externa?

El futuro inmediato dependerá de la capacidad del nuevo liderazgo para estabilizar el país sin provocar nuevas tensiones internas ni agravar la percepción de injerencia extranjera. Mientras tanto, Venezuela entra en una nueva etapa, en la que el control del aparato militar vuelve a ser —como tantas veces en su historia— el eje decisivo del poder político.

Compartir el artículo