El informe más reciente de LatinFocus vuelve a encender las alarmas sobre el futuro del tipo de cambio en Argentina. Las proyecciones apuntan a un dólar oficial que podría cerrar 2025 en 1.337,7 pesos y alcanzar los 1.568,4 en 2026. No se trata solo de cifras: es el reflejo de una presión inflacionaria persistente, de una macroeconomía que aún camina sobre bordes, y de expectativas cambiarias que no terminan de estabilizarse.
El contexto ha cambiado respecto al arranque de año. El Banco Central opera ahora dentro de bandas cambiarias (entre 1.000 y 1.400 pesos), y el gobierno ha logrado un ancla fiscal con impacto visible en los índices de inflación. Pero lo estructural sigue sin resolverse: una economía aún cerrada, inversión privada contenida y un consumo que solo da señales puntuales de recuperación.
En paralelo, voces como la de Eduardo Costantini —uno de los empresarios más escuchados del país— advierten que el problema podría no estar ya en el tipo de cambio atrasado, sino en los efectos de su apreciación. La construcción se frena, el turismo pierde competitividad y buena parte de la industria no encuentra incentivo para expandirse.
Costantini no habla desde la trinchera política. Lo hace desde la práctica: una economía real que depende del equilibrio entre confianza, previsibilidad y rentabilidad. Y si bien relativiza los riesgos de una corrección cambiaria, plantea una advertencia clara: no hay modelo sostenible sin reglas claras y señales consistentes.
El dólar, entonces, sigue siendo termómetro y síntoma. No solo mide los desequilibrios financieros: refleja la confianza —o la falta de ella— en el rumbo adoptado. Porque más allá del número, lo que está en juego es el margen de maniobra de un país que aún discute cómo salir de la trampa cíclica sin pagar un costo social excesivo.
Lo cierto es que las cifras proyectadas ya circulan en los despachos. Y aunque nadie se atreve a darlo por cerrado, el 2026 se perfila como el año donde el tipo de cambio volverá al centro del escenario. Esta vez, más por lo que deja de mover que por lo que agita.