Las relaciones entre Washington y La Habana atraviesan uno de sus momentos más delicados en años. Según reveló el New York Times, la administración del presidente estadounidense Donald Trump estaría presionando para que el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel abandone el poder como parte de las negociaciones abiertas entre ambos países.
De acuerdo con el diario estadounidense, funcionarios de Washington han transmitido a los negociadores cubanos que la salida del actual presidente sería una condición clave para avanzar en un eventual acuerdo bilateral, aunque la continuidad del sistema político cubano no estaría necesariamente en cuestión.
Una presión en plena crisis energética
La propuesta llega en un momento extremadamente delicado para la isla. Cuba enfrenta una grave crisis energética y económica, marcada por apagones generalizados y una fuerte escasez de combustible que ha paralizado sectores enteros de la economía.
El deterioro se intensificó tras el endurecimiento de las sanciones estadounidenses y el bloqueo a los envíos de petróleo destinados a la isla, una medida que forma parte de la política de “máxima presión” adoptada por Washington desde 2025.
Históricamente, Cuba dependía en gran medida del petróleo venezolano. Pero la caída del gobierno de Nicolás Maduro y el bloqueo a los cargamentos destinados a La Habana dejaron al país sin su principal fuente de suministro energético, agravando el colapso de su red eléctrica y generando apagones masivos.
El cálculo político de Washington
Según fuentes citadas por medios estadounidenses, en Washington se considera que Díaz-Canel —presidente desde 2018— pertenece al sector más duro del aparato político cubano y que su permanencia dificulta cualquier reforma económica profunda.
La eventual salida del mandatario podría abrir la puerta a cambios estructurales en la economía cubana, incluyendo mayor apertura a inversiones extranjeras y al capital de la diáspora cubana.
Esta estrategia se inscribe en una política más amplia de la administración Trump hacia América Latina, marcada por un discurso abiertamente confrontativo con los gobiernos de izquierda de la región.
Declaraciones polémicas de Trump
El propio presidente estadounidense ha alimentado la tensión con declaraciones que han generado controversia internacional. Trump afirmó recientemente que sería “un gran honor tomar Cuba” durante su mandato y que Washington podría hacer “lo que quiera” respecto al futuro de la isla.
Las palabras del mandatario llegan en un contexto geopolítico especialmente tenso, con conflictos abiertos en Oriente Medio y con Estados Unidos implicado en varias crisis regionales.
Negociaciones discretas con La Habana
El gobierno cubano ha reconocido públicamente que existen conversaciones con Washington, aunque ha evitado revelar detalles sobre su contenido.
Díaz-Canel ha insistido en que cualquier diálogo debe basarse en el respeto a la soberanía de Cuba y la no injerencia en su sistema político, una línea que La Habana ha mantenido históricamente en sus relaciones con Estados Unidos.
En paralelo, el gobierno cubano anunció recientemente la liberación de 51 presos políticos como gesto de buena voluntad en el marco de contactos diplomáticos indirectos en los que también ha participado el Vaticano.
Un futuro incierto para la isla
La presión estadounidense se produce mientras Cuba atraviesa una crisis económica que muchos analistas consideran la más grave desde el llamado “Período Especial” de los años noventa.
La escasez de combustible, los apagones prolongados y el deterioro del sistema productivo han alimentado protestas esporádicas y un aumento de la emigración.
En este escenario, el futuro político de Cuba se ha convertido nuevamente en un tema central en la agenda internacional. Lo que aún está por verse es si las negociaciones entre Washington y La Habana desembocarán en una transición política o en un nuevo capítulo de confrontación entre ambos países.