Trump enfría cualquier acuerdo con Irán mientras la guerra entra en su tercera semana

15 mars 2026 - 12:31

Donald Trump descartó por ahora un acuerdo con Irán para frenar la guerra y aseguró que las condiciones actuales “no son lo suficientemente buenas”, en un momento en que Israel lanzó una nueva oleada de ataques sobre el oeste iraní y Washington insiste en mantener la presión militar sobre Teherán. La crisis, iniciada el 28 de febrero, entra ya en su tercera semana y sigue empujando al alza los precios del petróleo y la tensión regional.

En una entrevista con NBC News, recogida por varios medios internacionales, Trump sostuvo que Irán quiere negociar, pero dejó claro que no está dispuesto a cerrar un pacto en este momento. El presidente estadounidense también volvió a amenazar con nuevos bombardeos sobre la isla de Jark, principal nodo exportador de crudo iraní, y llegó a deslizar que podría golpearla otra vez “solo por diversión”, una frase que elevó todavía más la tensión diplomática y militar.

La posición de la Casa Blanca apunta, por ahora, a una lógica de coerción antes que de desescalada. Reuters informó de que Trump presiona además a sus aliados para que contribuyan a asegurar el estrecho de Ormuz, paso clave para el comercio energético mundial, mientras Washington mantiene que seguirá atacando objetivos que considere una amenaza para la navegación y para sus intereses en la zona.

Ese estrecho concentra alrededor del 20% del tránsito mundial de petróleo, y su perturbación ha sido uno de los principales motores del encarecimiento del crudo desde el estallido del conflicto. La administración estadounidense busca una operación internacional de protección marítima, pero hasta ahora ni Reino Unido, ni Japón, ni Corea del Sur han confirmado formalmente su participación, y Londres sigue diciendo que “analiza” sus opciones.

Del lado iraní, el ministro de Exteriores, Abás Araqchi, pidió este domingo a otros países que eviten cualquier paso que pueda ampliar la guerra. Teherán intenta así frenar una eventual internacionalización mayor del conflicto, mientras denuncia que nuevos movimientos navales o logísticos de terceros podrían empujar la región a una fase todavía más peligrosa.

Sobre el terreno, el ejército israelí anunció nuevos ataques “extensos” en el oeste de Irán, mientras la Guardia Revolucionaria endurecía su retórica contra Benjamin Netanyahu. Al mismo tiempo, Irán afirmó haber respondido con drones y misiles contra objetivos en Israel y contra intereses estadounidenses y aliados en la región, en una escalada que ya alcanza a varios países del Golfo.

La dimensión humana de la guerra se agrava de día en día. Reuters cifró en más de 2.000 los muertos acumulados en el conflicto, la mayoría en Irán, mientras AP señaló que la ONU estima en hasta 3,2 millones las personas desplazadas dentro del país. Esas cifras reflejan la magnitud del choque, aunque parte de los balances sobre víctimas en Irán siguen dependiendo de fuentes oficiales o no han podido verificarse de forma independiente.

Pese a ello, en Teherán comenzaron a verse este domingo algunos signos de normalización relativa: más tráfico, cafés abiertos y parte del bazar de Tayrish retomando actividad a pocos días del Noruz. No es el final de la crisis, sino apenas una imagen parcial de resistencia cotidiana en una capital golpeada por la guerra y por la incertidumbre sobre lo que vendrá.

La clave inmediata está ahora en una doble incógnita: si Washington endurecerá todavía más sus condiciones para cualquier negociación y si el frente marítimo en Ormuz terminará arrastrando a nuevas potencias al conflicto. Por el momento, Trump no habla de paz; habla de fuerza. Y esa señal aleja, al menos en el corto plazo, cualquier salida diplomática sólida.

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