Moscú. Rusia atraviesa un momento contradictorio en el frente energético. Mientras la guerra en Ucrania y las sanciones occidentales siguen limitando su comercio petrolero, la escalada de tensiones en Oriente Medio y la reciente decisión de Washington de flexibilizar parcialmente algunas restricciones están ofreciendo a Moscú un inesperado margen de maniobra.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos autorizó temporalmente la compra de cargamentos de crudo ruso que ya se encuentran en tránsito marítimo. La medida, válida durante 30 días y hasta el 11 de abril, busca evitar una mayor presión sobre el mercado mundial del petróleo en un momento de gran volatilidad.
La decisión coincide con un escenario geopolítico especialmente sensible: la guerra en Irán y las perturbaciones en el estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del planeta. En ese contexto, el encarecimiento del crudo está beneficiando indirectamente a Rusia, que depende en gran medida de las exportaciones de hidrocarburos para sostener su economía.
Las sanciones tras la guerra en Ucrania
Estados Unidos y la Unión Europea impusieron sanciones al petróleo ruso tras el inicio de la ofensiva militar en Ucrania en febrero de 2022. Posteriormente se introdujo un tope de 60 dólares por barril para limitar los ingresos de Moscú destinados a financiar la guerra.
La Unión Europea también prohibió la importación directa de crudo ruso a finales de 2022 y amplió la medida a productos refinados como diésel y gasóleo. Sin embargo, Hungría, Eslovaquia y República Checa obtuvieron excepciones para seguir recibiendo petróleo a través del oleoducto Druzhba.
Para sortear las restricciones, Rusia recurrió a lo que se conoce como “flota fantasma”, una red de petroleros que operan con estructuras opacas para transportar crudo a distintos mercados. En los últimos meses, tanto Bruselas como Washington han intensificado las medidas contra ese sistema, lo que ha dejado numerosos barcos retenidos en puerto o esperando comprador en alta mar.
China e India, compradores clave
El redireccionamiento de las exportaciones rusas ha consolidado a China e India como los principales clientes del petróleo ruso, seguidos por Turquía. Estos países absorben actualmente entre el 80 % y el 90 % de las ventas exteriores de crudo ruso.
La Unión Europea, por su parte, apenas representa alrededor del 6 % de las exportaciones rusas, aunque Moscú sigue obteniendo ingresos relevantes de los suministros que llegan a Hungría y Eslovaquia.
Ingresos en mínimos desde el inicio de la guerra
La flexibilización temporal anunciada por Washington llega después de que las exportaciones rusas de petróleo y derivados cayeran en febrero a su nivel más bajo desde 2022, según la Agencia Internacional de Energía.
Durante ese mes, las ventas descendieron en 410.000 barriles diarios, lo que redujo los ingresos de Moscú a 9.500 millones de dólares, unos 1.500 millones menos que en enero.
Decenas de millones de barriles en el mar
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, precisó que la autorización permitirá comercializar cargamentos que ya estaban en tránsito antes del 12 de marzo.
Según el enviado económico del Kremlin, Kiril Dmitriev, cerca de 100 millones de barriles se encuentran actualmente en el mar y podrían beneficiarse de esta medida. Informaciones difundidas por medios estadounidenses elevan la cifra a unos 124 millones de barriles en tránsito.
El efecto Ormuz
El presupuesto ruso fija un precio mínimo del crudo Urals en 59 dólares por barril. Cada aumento de diez dólares en el precio internacional del petróleo puede elevar el producto interior bruto ruso en torno a 0,7 %, aunque parte de ese beneficio se diluye por los mayores costes logísticos.
En los últimos días, el barril de Urals se ha acercado a 89 dólares, cuando en febrero cotizaba por debajo de los 45 dólares.
Según estimaciones citadas por el Financial Times, el aumento de los precios del petróleo podría aportar a Rusia hasta 150 millones de dólares adicionales diarios. Si el precio del crudo se mantiene por encima de 70 dólares, Moscú podría ingresar cerca de 5.000 millones de dólares durante marzo.
Divisiones dentro de la Unión Europea
Las tensiones energéticas también están revelando diferencias dentro de la Unión Europea. Hungría y Eslovaquia han mostrado reiteradamente su oposición a endurecer las sanciones contra Moscú y condicionan nuevas medidas a la reparación del oleoducto Druzhba, dañado en recientes ataques.
El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, acusa a Ucrania de utilizar el suministro energético como instrumento de presión política y ha bloqueado decisiones financieras europeas relacionadas con el apoyo a Kiev.
Bruselas rechaza aliviar las sanciones
A diferencia de Washington, la Unión Europea mantiene su postura firme. Tanto la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, como el presidente del Consejo Europeo, António Costa, han afirmado recientemente que “no es el momento de relajar las sanciones contra Moscú”.
Las autoridades europeas han intensificado además las acciones contra la llamada flota fantasma. La guardia costera sueca anunció recientemente la incautación de un petrolero que se dirigía al puerto ruso de Primorsk, en el mar Báltico, pocos días después de interceptar otro buque en una operación similar.