Amenaza al sistema energético europeo: claves para entender el impacto de la guerra en Irán

10 mars 2026 - 19:54

El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero ha disparado el precio del gas y el petróleo a niveles no vistos desde 2022. Europa, más vulnerable que Estados Unidos por su dependencia energética estructural, vigila el estrecho de Ormuz mientras los mercados anticipan escenarios de estanflación.

El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra objetivos militares e infraestructuras en Irán, desencadenando una escalada bélica con consecuencias inmediatas en los mercados energéticos. En las horas siguientes, el gas natural en el mercado de referencia TTF de Países Bajos se disparó un 50% y el barril de crudo Brent, referencia en Europa, superó los 100 dólares por primera vez desde 2022. Europa, con su marcada dependencia de las importaciones de combustibles fósiles, se convirtió en la región más expuesta al nuevo shock geopolítico.

El conflicto tiene su epicentro energético en el estrecho de Ormuz, el paso marítimo de apenas 30 kilómetros de ancho por el que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y una parte sustancial del gas natural licuado, GNL, exportado desde Qatar y otros países productores del Golfo Pérsico. Cualquier interrupción sostenida en esta ruta desencadena efectos inmediatos sobre los precios, la inflación y el crecimiento de las economías importadoras, entre las que se encuentran todos los estados miembros de la Unión Europea, UE.

  1. El detonante: ataques del 28 de febrero y presión sobre Ormuz

El inicio formal del conflicto se produjo el 28 de febrero con los ataques de Estados Unidos e Israel contra instalaciones en Irán. Las represalias de Teherán se extendieron con rapidez a activos energéticos de aliados regionales, incluida la refinería de la principal empresa energética de Bahréin, que declaró fuerza mayor. Irán no bloqueó formalmente el estrecho de Ormuz, pero funcionarios europeos señalaron la presencia de buques de la Guardia Revolucionaria hostigando a los petroleros que transitaban por esas aguas estratégicas.

Qatar Energy, uno de los mayores exportadores mundiales de GNL, anunció la paralización de su producción tras verse afectadas sus instalaciones en distintos ataques. Varias navieras suspendieron temporalmente sus rutas por la zona. Tanto JP Morgan como Bank of America estimaron que si el conflicto se prolongaba más de tres semanas, los almacenamientos en los países del Golfo podrían agotarse, con repercusiones severas para los precios internacionales de la energía durante un período prolongado.

  1. El impacto inmediato: gas disparado un 50% y petróleo sobre los 100 dólares

La reacción de los mercados fue contundente desde las primeras horas. El lunes posterior a los ataques, el gas en el TTF holandés acumuló una subida de cerca del 50%, hasta alcanzar los 60,68 euros por megavatio hora. El barril Brent, que cotizaba a 92,69 dólares el viernes previo, llegó a superar los 114 dólares en la apertura semanal, un incremento de casi el 23% en una sola sesión. El precio del crudo se situaba así en máximos desde 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania había provocado una perturbación comparable.

Los efectos se trasladaron de inmediato a los mercados bursátiles europeos. El Ibex 35 llegó a hundirse más de un 3% en apertura, marcando el mínimo anual al caer hasta los 16.570 puntos, con pérdidas acumuladas en el año del 2,98%. Los analistas describieron el entorno como tendente a la «estanflación», una combinación de inflación al alza y contracción económica especialmente dañina para países con escaso margen fiscal. El mercado de deuda soberana también sufrió tensiones, con repuntes en las rentabilidades de los bonos de los estados miembros más expuestos.

  1. La dependencia energética de Europa y España

Europa es estructuralmente más vulnerable que Estados Unidos ante una crisis en el Golfo Pérsico. Su dependencia del gas importado y de las rutas marítimas del Golfo contrasta con la autosuficiencia energética estadounidense. Según Elisabetta Cornago, directora adjunta del Centro para la Reforma Europea, CER, «el cierre de las instalaciones de GNL de Qatar y las interrupciones en el Estrecho de Ormuz están afectando a una gran parte del suministro mundial de GNL», una combinación que el conflicto ucraniano de 2022 no reprodujo en esos mismos términos.

En el caso de España, la exposición directa a los flujos del Estrecho es moderada pero no irrelevante. El país importó el pasado año 61,3 millones de toneladas de crudo, de las que solo una fracción procedía del Golfo: Arabia Saudí aportó 3,6 millones de toneladas e Irak 2,6 millones. En gas, Qatar representa el 4,5% de las importaciones frente al 38% de Argelia y el 30% de Estados Unidos. Sin embargo, el mercado petrolero opera de forma global y cualquier perturbación en el suministro repercute en los precios para todos los compradores sin excepción.

  1. La respuesta institucional de la Unión Europea

Las instituciones europeas activaron sus mecanismos de vigilancia desde los primeros días del conflicto. Los ministros de Finanzas del Grupo de los Siete, G7, iniciaron conversaciones para coordinar una liberación conjunta de reservas estratégicas de petróleo. En España, el Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas, CNPIC, emitió instrucciones para reforzar la seguridad en instalaciones críticas, citando los «precedentes operativos» de Irán y la posibilidad de un incremento de actividades hostiles en el ámbito internacional como consecuencia de la escalada.

En Bruselas, la Comisión Europea defendió que la energía baja en carbono sigue siendo la única solución estructural para reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados y eliminar la vulnerabilidad a choques externos. El presidente francés, Emmanuel Macron, fue más directo al señalar que Europa tiene «intereses económicos que proteger porque los precios del petróleo, los precios del gas y la situación del comercio internacional están profundamente perturbados por esta guerra». La tensión entre respuestas urgentes de corto plazo y reformas estructurales pendientes centra el debate en las capitales europeas.

  1. Los tres escenarios y el riesgo de estanflación

Los analistas contemplan tres escenarios de evolución del conflicto con consecuencias económicas muy distintas. El primero apunta a una resolución rápida en la que las tensiones se controlan, el petróleo se estabiliza y los mercados recuperan terreno con un impacto macroeconómico contenido. El segundo, el más perturbador para Europa, implica un cierre sostenido de Ormuz, el crudo por encima de los 100 dólares de forma duradera y una inflación persistente con riesgo real de contracción económica. El tercero contempla un cambio político interno en Irán que altere el equilibrio regional.

El CEO de Tempos Energía, Antonio Aceituno, resumía la situación a comienzos de marzo con una distinción que sigue siendo válida: «hay volatilidad, pero no hay crisis energética», advirtiendo que los próximos días serán determinantes para saber si ese diagnóstico se sostiene. El indicador clave será el precio del barril. Los analistas señalan que mientras permanezca por debajo de los 90 dólares, el daño macroeconómico será contenido; por encima, el riesgo de inflación persistente y tipos de interés elevados crece de forma significativa. Funcas estima que el conflicto podría restar dos décimas al PIB español y elevar la inflación por encima del 3% en el verano de 2026, una combinación que presionaría adicionalmente el ya ajustado margen fiscal del Gobierno y prolongaría la incertidumbre sobre la recuperación del poder adquisitivo de los hogares.

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