El vicepresidente del Banco Central Europeo, Luis de Guindos, lanzó este jueves una advertencia clara desde Bruselas: las perspectivas económicas de Europa han quedado marcadas por la guerra en Oriente Medio.
Según explicó durante una intervención en el Foro de Finanzas Internacionales, el conflicto derivado de la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán ha introducido un nuevo nivel de incertidumbre que condicionará las decisiones del BCE en los próximos meses.
Incertidumbre sobre inflación y crecimiento
De Guindos señaló que la principal preocupación del banco central europeo no es únicamente el impacto inmediato del conflicto, sino su duración. A partir de ese factor —explicó— dependerá la evolución de variables clave como la inflación y las expectativas de los mercados.
El BCE trabaja actualmente con varios escenarios. El primero, considerado el más probable, contempla un conflicto relativamente corto. El segundo escenario, más inquietante para la economía europea, prevé una prolongación de la crisis geopolítica con efectos más amplios sobre los precios energéticos y la estabilidad financiera.
En ese contexto, el vicepresidente del BCE subrayó que una guerra prolongada podría alterar las expectativas de inflación, uno de los elementos que más condicionan la política monetaria del organismo con sede en Fráncfort.
Mercados todavía estables
Pese al aumento de la tensión internacional, De Guindos destacó que, por ahora, la reacción de los mercados financieros ha sido relativamente ordenada.
El dólar se ha apreciado ligeramente y los rendimientos de la deuda soberana europea han registrado incrementos moderados, pero sin señales de pánico financiero.
Antes de la crisis geopolítica, recordó, la economía europea mostraba signos de resiliencia: niveles históricamente bajos de desempleo, una inflación en proceso de moderación y un equilibrio relativamente estable entre riesgos económicos.
Las fragilidades del sistema financiero
Sin embargo, el dirigente del BCE también identificó varias vulnerabilidades estructurales que podrían amplificar los efectos de una crisis prolongada.
Entre ellas destacó las elevadas valoraciones de algunos activos financieros y el optimismo excesivo que, a su juicio, domina en ciertos sectores del mercado respecto al crecimiento global.
A estos factores se suman los riesgos procedentes del sistema financiero no bancario —fondos de inversión y otras instituciones— y las crecientes presiones fiscales que afrontan los Estados europeos, obligados a aumentar el gasto público, especialmente en defensa.
¿Más deuda común europea?
En este contexto, De Guindos planteó una idea que vuelve a abrir un debate recurrente en Bruselas: la posibilidad de emitir deuda conjunta europea para financiar el incremento del gasto militar.
A título personal, consideró que esta fórmula —similar al fondo de recuperación aprobado tras la pandemia— podría convertirse en una herramienta realista para afrontar las nuevas necesidades estratégicas del continente.
La ecuación, sin embargo, no será sencilla. Como reconoció el propio vicepresidente del BCE, Europa se enfrenta a lo que calificó como una auténtica «cuadratura del círculo»: aumentar el gasto en seguridad sin comprometer la sostenibilidad fiscal de los Estados miembros.