Un eclipse lunar total ofreció este martes un espectáculo astronómico visible durante cerca de una hora desde el este de Asia hasta América del Norte y Central, dejando la característica “Luna de sangre”, tonalidad rojiza que acompaña a los eclipses completos.
Según la NASA, el fenómeno fue plenamente observable en Japón, Australia, el Pacífico y buena parte del continente americano. En Asia central y en gran parte de Sudamérica el eclipse fue parcial, mientras que en África y Europa no resultó visible.
En Tokio, hacia las 20.00 hora local (11.00 GMT), la nubosidad dificultó la observación, atenuando un fenómeno que, en condiciones despejadas, no requiere telescopios ni filtros especiales para apreciarse.
¿Por qué la Luna se vuelve roja?
Un eclipse lunar ocurre cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, proyectando su sombra sobre el satélite. En la fase total, la Luna no desaparece: adquiere un tono rojizo debido a la dispersión de la luz solar en la atmósfera terrestre. La luz azul se filtra, mientras que la roja se desvía y alcanza la superficie lunar.
El fenómeno, además de su dimensión estética, tiene valor científico y pedagógico: permite observar directamente los efectos de la atmósfera terrestre sobre la luz solar y reafirma la precisión de los cálculos orbitales.
Calendario astronómico
Este eclipse forma parte de una serie que, según los ciclos de Saros estudiados por los astrónomos, se repite aproximadamente cada 18 años. Los próximos eclipses lunares totales visibles en América se producirán en los próximos años, aunque su visibilidad dependerá de la franja horaria y las condiciones meteorológicas.
Más allá del impacto visual, el evento volvió a movilizar a comunidades científicas y aficionados a la astronomía en ambos lados del Pacífico.