La propuesta del portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso, Gabriel Rufián, de reunir a fuerzas estatales y nacionalistas de izquierda bajo candidaturas provinciales comunes ha reabierto un debate que la coalición gobernante preferiría postergar: cómo se reorganiza un espacio ideológico que llega dividido y debilitado a las próximas elecciones generales.
En la sala Galileo Galilei de Madrid, Gabriel Rufián presentó una iniciativa que, según él mismo reconoce, no tiene aún fórmula concreta ni acuerdo cerrado. La idea es sencilla en su enunciado y compleja en su ejecución: que los partidos a la izquierda del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) —fuerzas estatales como Sumar, Podemos, Izquierda Unida (IU) y Más Madrid, junto a los nacionalistas de izquierda como ERC, Euskal Herria Bildu (EH Bildu) o el Bloque Nacionalista Galego (BNG)— maximicen sus escaños presentándose de forma coordinada en cada provincia. El objetivo declarado es evitar la mayoría absoluta de PP y Vox. El efecto secundario, no menor, sería redefinir el mapa de un espacio político que acumula tensiones desde que Yolanda Díaz lanzó el proyecto Sumar en el verano de 2022.
Los sondeos actuales dibujan un panorama poco alentador para ese bloque. Con las encuestas en la mano, la derecha —PP con alrededor del 31% de los votos y Vox con el 19%— obtendría una mayoría suficiente para gobernar. La suma de escaños de toda la izquierda no supera los 130, frente a los 166 que logró en 2023. La propuesta de Rufián apunta precisamente a ese déficit: corregir la dispersión del voto progresista mediante la cooperación electoral, al menos a nivel provincial.
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La propuesta de Rufián: qué plantea y por qué ahora
La iniciativa del portavoz de ERC parte de un diagnóstico compartido por buena parte de la izquierda no socialista: que la fragmentación en circunscripciones pequeñas y medianas provoca una pérdida sistemática de escaños que beneficia a la derecha. El sistema electoral español, basado en la Ley d’Hondt y en provincias con pocos diputados, penaliza a las formaciones que compiten de forma separada en ese tipo de circunscripciones. La solución que propone Rufián no es necesariamente una candidatura única a escala nacional, sino acuerdos provincia a provincia para presentar la lista con más opciones en cada territorio.
El momento elegido no es casual. La publicación de simulaciones electorales basadas en las encuestas actuales muestra que un acuerdo del tipo propuesto por Rufián daría a ERC cuatro escaños más y a EH Bildu uno adicional, a costa principalmente del PSOE, que perdería dos diputados. La lectura estratégica de ERC es clara: con su presencia mermada —pasó de 14 a 7 escaños en las últimas generales— y sin la llave del Govern, el partido necesita recuperar centralidad en el tablero estatal, y la iniciativa de unidad le ofrece ese protagonismo sin necesidad de liderar una estructura orgánica.
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Sumar y sus socios: un ecosistema que gobierna pero pierde fuerza
Sumar es hoy la principal fuerza a la izquierda del PSOE en el Gobierno de coalición, pero su situación interna es más frágil de lo que sugiere su posición institucional. Yolanda Díaz lanzó el proyecto con ambición refundadora: integrar bajo una misma marca a Podemos, IU, Más Madrid, Compromís, Chunta Aragonesista y una decena de formaciones territoriales. Solo lo logró parcialmente. Podemos rechazó integrarse y concurrió por separado en 2023, lo que costó al espacio conjunto varios escaños. El resultado fue de 31 diputados, cinco menos que en la legislatura anterior.
La marca gallega de Sumar, encabezada por Paulo Carlos López, fue la primera formación del ecosistema en reaccionar públicamente a la propuesta de Rufián, mostrándose favorable a explorar acuerdos. Sin embargo, el responsable de comunicación de Podemos Galicia, Adrián Seijas, fue tajante: «No nos sentimos interpelados». La fractura entre Sumar y Podemos, lejos de cicatrizar, se ha agravado desde las autonómicas, y la posibilidad de que ambas formaciones concurran juntas a las próximas generales parece hoy más lejana que nunca. Mientras Sumar busca ampliar su base hacia el centro-izquierda, Podemos mantiene un discurso de confrontación que le aleja de cualquier lógica de confluencia.
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Podemos y ERC: dos partidos que menguan pero no desaparecen
Podemos obtuvo cinco diputados en las últimas elecciones generales, su peor resultado en unas generales desde su fundación. La marcha de Íñigo Errejón —que fundó Más Madrid— y la posterior ruptura con Sumar dejaron a la formación morada en una posición marginal dentro del Gobierno, aunque con presencia en el Congreso y con dos eurodiputados, entre ellos la exministra Irene Montero, que será candidata en las próximas generales. En la Asamblea de Extremadura lograron siete escaños, lo que confirma una base electoral residual pero no despreciable en determinados territorios.
ERC atraviesa su propia crisis. La pérdida de la Generalitat de Catalunya —cedida tras el acuerdo de investidura que sostuvo al Gobierno de Pedro Sánchez— y el retroceso electoral en las autonómicas catalanas han debilitado al partido en su propio feudo. Rufián, que lidera la delegación en la Cámara Baja, intenta convertir la iniciativa de unidad de la izquierda en el eje de una nueva relevancia estatal para ERC. Su apuesta es pragmática: si el partido no puede gobernar en Cataluña a corto plazo, al menos puede influir decisivamente en la aritmética parlamentaria de Madrid.
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Los nacionalistas periféricos: actores clave en el tablero estatal
Más allá de ERC, la propuesta de Rufián apela a una constelación de fuerzas nacionalistas de izquierda cuyo peso en el Congreso es determinante para cualquier mayoría progresista. EH Bildu, con siete escaños, se ha consolidado como el segundo partido del País Vasco y una referencia ineludible para el bloque de investidura. El BNG, con un solo diputado en el Congreso pero con más de 470.000 votos en Galicia en las autonómicas frente a los 29.000 de Sumar, ilustra hasta qué punto la correlación de fuerzas varía radicalmente según el territorio. Más per Mallorca, con un escaño obtenido con Vicenç Vidal, y Compromís, integrado en Sumar en las generales pero con identidad propia en la Comunitat Valenciana, completan un mosaico de fuerzas que comparten espacio ideológico pero no siempre intereses electorales.
La posición del BNG es representativa de la dificultad de la propuesta. Su responsable de comunicación, Adrián Seijas, rechaza la lógica de «agitar el miedo» como motor de la unidad y advierte de que cualquier acuerdo debe basarse en «políticas claras» y en saber «para qué van dirigidas las alianzas». Para el BNG, cuya implantación territorial en Galicia supera con creces a la de cualquier fuerza estatal, la concurrencia conjunta con Sumar en las generales no es automáticamente ventajosa: puede diluir su marca sin garantizarle escaños adicionales.
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Escenarios electorales: qué gana y qué pierde la izquierda según cómo se presente
Las simulaciones publicadas a partir de los sondeos actuales ofrecen un resultado inequívoco: ninguna de las fórmulas de unidad propuestas es suficiente por sí sola para dar la mayoría al bloque progresista, pero todas mejoran el resultado respecto al escenario de máxima fragmentación. El escenario que más escaños aporta a la izquierda —el denominado «Rufián: Sumar y nacionalistas»— llevaría a PP y Vox a 197 diputados, prácticamente igual que en el escenario de encuestas actuales, mientras que la izquierda pasaría de 130 a algo más de 140 escaños. Aun así, seguiría siendo insuficiente para una mayoría de 176.
La conclusión que se desprende de las simulaciones es que la izquierda necesita mejorar sus sondeos entre cinco y ocho puntos para que cualquier fórmula de unidad resulte decisiva. Dicho de otro modo: la arquitectura electoral importa, pero no tanto como la recuperación del voto perdido. En 2023, la izquierda remontó durante la campaña y logró batir sus propias encuestas. Si ese fenómeno no se repite, ni la propuesta de Rufián ni ninguna otra variante de candidatura conjunta alcanzará para desalojar a la derecha del gobierno. El debate está abierto, pero la aritmética, de momento, no acompaña.