Los datos del INE a 1 de enero de 2025 revelan una transformación demográfica sin precedentes: por primera vez en su historia, España alberga más de diez millones de residentes nacidos en el extranjero, con orígenes, geografías y perfiles muy distintos según el territorio.
España arrancó 2026 con una cifra que no tenía parangón en su historia reciente. Según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de personas residentes en el país nacidas en el extranjero superó los diez millones a cierre de 2025, en un país que cuenta con 49,57 millones de habitantes en total. Nunca antes la población nacida fuera había tenido tanto peso sobre el conjunto de la sociedad española, ni había alcanzado tal diversidad de procedencias y perfiles.
El fenómeno no es nuevo, pero sí su magnitud. Desde 2021 han llegado 2,2 millones de nuevas personas nacidas en el extranjero, una aceleración que refleja tanto la recuperación económica española como los factores de expulsión en los países de origen: conflictos, crisis económicas y el cierre progresivo de las fronteras de Estados Unidos desde el primer mandato de Donald Trump, que ha redirigido parte de los flujos migratorios hacia Europa y, en particular, hacia España.
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Un hito histórico: diez millones por primera vez
La barrera de los diez millones de residentes nacidos fuera de España no es solo un número redondo con valor simbólico. Representa un cambio estructural en la demografía del país: uno de cada cinco habitantes tiene su origen en otro país. Hace apenas una década, esa proporción era sensiblemente inferior, con 9,4 millones de personas en esa situación a comienzos de 2025 frente a los algo más de diez millones actuales, lo que supone un incremento del 60,8% en diez años.
El perfil de esta población es heterogéneo. América concentra al mayor grupo por continente —el 50,4% del total, con 4,77 millones de personas—, seguida de Europa, con el 25,5%, especialmente procedentes de Rumanía y el Reino Unido. África aporta el 17,4% del total, con Marruecos como país de origen predominante. Asia, con algo más de medio millón de residentes y China a la cabeza, es el continente menos representado, en parte por la ausencia de vínculos históricos y diplomáticos tan sólidos como los que existen con América Latina o el norte de África.
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América lidera por continente, Marruecos por país
La aparente contradicción entre estos dos datos —América como continente predominante, Marruecos como principal país de origen— se explica por la fragmentación del flujo latinoamericano entre múltiples nacionalidades. Colombia y Venezuela encabezan la lista con 978.041 y 692.316 residentes respectivamente, pero el cómputo se distribuye entre una docena de países. Marruecos, en cambio, concentra 1.165.955 residentes, lo que le convierte en el país de origen más numeroso con diferencia: uno de cada ocho residentes nacidos en el extranjero procede del país vecino.
La tendencia reciente muestra, además, dinámicas muy distintas según el origen. Colombia ha registrado el mayor crecimiento desde 2021, con un incremento del 83,7% que ha llevado a casi un millón de residentes. Venezuela ha cuadruplicado su presencia en el mismo período (+329%), impulsada por la crisis política y económica que ha convertido a ese país en uno de los principales emisores de emigración de América Latina. Marruecos, en cambio, crece de forma más estable (+19%), consolidando una presencia histórica y constante que precede en décadas a la de los flujos latinoamericanos.
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Madrid y Barcelona: dos modelos de ciudad migrante
Las dos grandes metrópolis españolas concentran a la mayoría de los residentes nacidos en el extranjero, pero con composiciones y dinámicas notablemente distintas. Madrid es el epicentro americano: uno de cada cuatro residentes de origen extranjero en España vive en la región madrileña (24,8%), y el perfil latinoamericano es dominante. El 24,8% de los nacidos fuera de España que residen en el país se concentran en la región, con una presencia latinoamericana que supera ampliamente a cualquier otro colectivo.
Barcelona, por su parte, se consolida como el principal nodo marroquí del país, con 178.723 residentes nacidos en Marruecos, el 15,3% del total nacional. La provincia actúa también como gran punto de encuentro multicultural: el 16,3% de la población americana residente en España vive allí, seguida de un 14,8% de africanos y un 11% de europeos. En ambas ciudades, el patrón residencial sigue siendo similar: los recién llegados se instalan mayoritariamente en los barrios con rentas más bajas, lo que plantea retos de integración y acceso a servicios públicos que los municipios afrontan con recursos desiguales.
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El Mediterráneo y el campo: perfiles bien diferenciados
La España mediterránea presenta una dualidad migratoria que no aparece en las grandes cifras nacionales. Por un lado, la costa atrae a un perfil europeo de alto poder adquisitivo: jubilados y rentistas procedentes del Reino Unido, Alemania o los países nórdicos que eligen Alicante, Málaga o la Costa Blanca para establecer su residencia. Alicante y Málaga son, de hecho, la segunda y cuarta ciudades españolas con mayor número de residentes nacidos en Europa.
Por otro lado, el interior agrícola del Mediterráneo —Almería, Murcia y Huelva— concentra la inmigración marroquí especializada en el sector primario. Almería es el paradigma: El Ejido concentra el 58,8% de sus residentes extranjeros de origen marroquí, la sexta cifra más alta de España en términos absolutos. En Murcia, con 102.930 residentes marroquíes —el segundo mayor contingente provincial del país—, el sector agroalimentario actúa como motor de atracción y como marco de integración laboral, aunque la concentración residencial en entornos de renta baja sigue siendo la norma. El 75% de la población marroquí en estas provincias vive en barrios de ingresos medios o bajos.
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Galicia: la inmigración latinoamericana llega al norte
El fenómeno migratorio ha dejado de ser exclusivamente mediterráneo o urbano. Galicia se ha consolidado como uno de los principales destinos del flujo atlántico: seis de cada diez residentes nacidos en el extranjero en la comunidad proceden de América Latina, un dato que refleja tanto los lazos históricos y culturales con países como Argentina, Cuba o Venezuela como la existencia de redes migratorias preestablecidas en ciudades como Vigo, A Coruña o Ourense.
Este patrón gallego apunta a una tendencia más amplia: la inmigración latinoamericana no se concentra ya únicamente en las grandes ciudades o en las zonas con mayor dinamismo económico, sino que se extiende hacia territorios con mercados laborales más modestos, atraída por vínculos familiares y comunitarios. «La idea de que los inmigrantes van a repoblar Soria o Zamora nunca va a suceder: se concentran en los lugares donde hay más trabajo», señala Héctor Cebolla, investigador del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El norte atlántico, con su industria, su pesca y su envejecimiento demográfico acelerado, se está convirtiendo en una excepción a esa regla.