El apoyo juvenil al feminismo cae doce puntos en cuatro años en España

25 février 2026 - 15:20

Solo cuatro de cada diez jóvenes españoles se identifican hoy con el feminismo, frente a la mitad que lo hacía en 2021. El Barómetro Juventud y Género 2025 de Fad Juventud, presentado este martes en Madrid, retrata una generación que defiende valores igualitarios en su vida cotidiana pero que desconfía creciente del feminismo como concepto político. El estudio, basado en más de 3.300 encuestas, advierte de una polarización que avanza con distinto ritmo entre hombres y mujeres.

El 38,4% de los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años se declara feminista en 2025, casi doce puntos menos que el máximo histórico registrado en 2021, cuando esa cifra alcanzaba el 49,9%. Los datos proceden del Barómetro Juventud y Género 2025, elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud —entidad especializada en investigación social sobre la juventud— y financiado por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género. La quinta edición de este estudio bienal, iniciado en 2017, fue presentada este martes 24 de febrero en el espacio Artículo 14 de Madrid con una muestra de 3.327 personas residentes en España, de las que 1.528 son jóvenes.

El informe no solo mide la identificación con el feminismo, sino las actitudes ante la igualdad, la violencia de género y los modelos de relación afectiva. Sus conclusiones dibujan un panorama contradictorio: una generación que valora la igualdad en abstracto pero que muestra crecientes reservas ante el movimiento que la reivindica. Cerca de la mitad de los jóvenes encuestados, el 49,2%, percibe el feminismo como una herramienta de manipulación política, mientras que la otra mitad lo considera necesario para lograr la igualdad real. La directora general de Fad Juventud, Beatriz Martín Padura, describió este escenario como el de una juventud «expuesta a discursos contradictorios que influyen en su posicionamiento».

Una caída sostenida desde 2021

La tendencia descendente lleva varios años consolidándose. En 2017, cuando se realizó la primera edición del barómetro, el 34,6% de los jóvenes se identificaba con el feminismo. Ese porcentaje creció de manera sostenida hasta alcanzar su pico en 2021 —coincidiendo con el auge del movimiento en el contexto post #MeToo y las grandes movilizaciones del 8 de marzo— y comenzó a retroceder en 2023, cuando se situó en el 42%. El dato de 2025 supone una aceleración de esa tendencia a la baja, con casi seis puntos de caída en los últimos dos años.

El estudio también detecta un aumento de posturas que cuestionan la propia existencia de la violencia de género como fenómeno específico. El 36,5% de los jóvenes considera que la violencia de género es inevitable o niega directamente que constituya un problema diferenciado, la proporción más alta registrada en la serie histórica. Al mismo tiempo, el 50,8% muestra acuerdo con afirmaciones que sitúan a los hombres en desventaja ante la ley en este ámbito, como la idea de que están desprotegidos frente a denuncias falsas o que han perdido la presunción de inocencia. Estas posiciones son más frecuentes entre los hombres jóvenes y han ido ganando peso en los últimos años, según el informe.

La brecha entre hombres y mujeres jóvenes

Las diferencias por género dentro de la propia franja juvenil son pronunciadas. El 51,3% de las mujeres jóvenes se identifica como feminista, frente al 26% de los hombres de su misma generación. Sin embargo, también entre ellas el retroceso es notable: en 2023 el porcentaje femenino era del 57,4%, lo que implica una reducción de más de seis puntos en apenas dos años. La directora de Investigación de Fad Juventud, Anna Sanmartín, señaló que el feminismo «está muy manipulado políticamente» y llamó a desarrollar «mucha comunicación y mucha pedagogía» para revertir esa percepción.

La percepción de la desigualdad también varía significativamente según el género. El 61,4% de las jóvenes considera que las desigualdades de género en España son grandes o muy grandes, frente al 36,7% de los hombres jóvenes que comparte esa visión. Una brecha de más de veinte puntos porcentuales que el estudio interpreta como reflejo de experiencias vitales divergentes. Por grupos de edad, la identificación feminista alcanza su máximo precisamente en la franja de 30 a 39 años, donde el 52,2% se declara feminista, siendo esta la única franja etaria en la que más de la mitad adopta esa etiqueta.

Igualdad en los valores, desigualdad en la experiencia

El barómetro presenta, sin embargo, una lectura más compleja cuando analiza los valores relacionales de la juventud. El 81,8% de los jóvenes encuestados defiende la comunicación abierta y sincera como base de una relación saludable, y el 77,4% considera que la igualdad de derechos y responsabilidades entre los miembros de una pareja es un elemento fundamental. Estos datos apuntan a una interiorización relevante de principios igualitarios en la vida cotidiana que convive, de forma aparentemente contradictoria, con el escepticismo ante el feminismo como movimiento.

Las dinámicas de control en la pareja, sin embargo, permanecen extendidas. El 32,1% de las mujeres jóvenes afirma que su pareja se ha enfadado por no responder de inmediato a mensajes o llamadas, frente al 17,5% de los hombres en la misma situación. El 27,3% de las jóvenes declara que su pareja le ha revisado el móvil, y el 26,6% que le han indicado con quién puede o no hablar. En el ámbito laboral persisten estereotipos relevantes: entre el 36% y el 45% de los jóvenes asocia sectores como la informática, la gestión empresarial o las ingenierías mayoritariamente a hombres, y el 27,2% considera que la investigación y la ciencia son ámbitos más adecuados para ellos. El 83% de los jóvenes afirma haber experimentado alguna forma de discriminación, siendo el aspecto físico (35,5%), el género (34,6%) y la edad (24,9%) los motivos más señalados.

El informe concluye que el escenario no responde a un retroceso lineal, sino a la coexistencia de consensos igualitarios amplios con percepciones divergentes sobre el feminismo y la desigualdad. Una tensión que, según sus autores, exige estrategias específicas de educación y prevención dirigidas a la adolescencia y la juventud.

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