'Operación Rufián' para unir a la izquierda: cinco claves de una propuesta que nace con rechazos generalizados

09 février 2026 - 21:21

El portavoz de ERC en el Congreso lanza una iniciativa para construir un frente amplio de fuerzas progresistas de cara a las próximas generales. La propuesta arrancará con un acto público el 18 de febrero junto al diputado de Más Madrid Emilio Delgado, al que seguirán otros encuentros con referentes de la izquierda. Sin embargo, la recepción ha sido fría: su propio partido rechaza diluir sus siglas, EH Bildu y BNG se desmarcan, Izquierda Unida cuestiona los personalismos y Podemos mantiene la cautela, mientras solo Sumar muestra apertura condicionada.

Gabriel Rufián ha decidido sacudir el tablero político de la izquierda española con una propuesta que lleva meses gestándose pero que solo ahora comienza a materializarse en actos públicos y declaraciones explícitas. El portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso de los Diputados plantea la necesidad de construir un espacio común que agrupe a todas las fuerzas progresistas situadas a la izquierda del PSOE, incluyendo formaciones nacionalistas y regionalistas de todo el territorio español. El objetivo declarado es hacer frente al avance del bloque conservador conformado por el Partido Popular y Vox, que según los sondeos podría alcanzar más de doscientos diputados en unas próximas elecciones generales.

La iniciativa se concretará inicialmente en una serie de encuentros públicos que Rufián mantendrá con dirigentes de distintas formaciones. El primero está programado para el 18 de febrero en el Teatro Galileo Galilei de Madrid, donde el político catalán compartirá escenario con Emilio Delgado, portavoz adjunto de Más Madrid en la Asamblea regional. El acto, que llevará por título «Doble o nada: disputar el presente para ganar el futuro» y será moderado por la analista política Sarah Santaolalla, se presenta como el inicio de una gira que podría extenderse por otras ciudades españolas. Sin embargo, la recepción de la propuesta ha sido problemática desde su mismo anuncio: prácticamente todas las formaciones que deberían participar en ese eventual frente han expresado reservas, cuando no rechazos frontales.

  1. La propuesta: «Lo que viene no se para con siglas»

La argumentación de Rufián se sustenta en una doble premisa: la gravedad de la amenaza que representa el ascenso de la derecha y la extrema derecha, y la insuficiencia de las estrategias actuales de las formaciones progresistas para contrarrestarla. El portavoz republicano ha utilizado mensajes contundentes para expresar su diagnóstico: «Lo que viene no se para con siglas, se para con pueblos», escribió en la red social X el pasado 9 de febrero. En otro mensaje añadió que «creer que el fascismo se va a parar en la frontera de tu sede o de tu nación porque vota diferente es magia negligente».

El razonamiento de Rufián apunta a la fragmentación como principal debilidad del espacio progresista. En una entrevista en La Sexta, el político catalán afirmó que «a la izquierda del PSOE no hay nada» en términos de coordinación efectiva, y se preguntó retóricamente de qué sirve que cada formación llegue al Congreso con dos, tres o cuatro diputados más «si el ministro del Interior va a ser Abascal». La conclusión es clara: «¿No vale la pena intentar hacer algo diferente para frenarlo? Más cabeza y menos pureza».

La propuesta no está definida en sus términos concretos. Rufián no ha especificado si plantea una candidatura única, una coalición electoral al estilo de la que lideró Yolanda Díaz en 2023, o simplemente un marco de coordinación programática. Durante un acto de ERC en Valencia el pasado 28 de enero, el político catalán habló de la «oportunidad» de conformar un espacio «no creado desde un despacho de Madrid» sino desde las «naciones sin Estado», incluyendo a formaciones como ERC, EH Bildu, BNG, Compromís o Adelante Andalucía. Esta indefinición ha contribuido al escepticismo con que han recibido la iniciativa tanto los posibles socios como los analistas políticos.

  1. Rechazo de la izquierda soberanista: ERC, Bildu y BNG cierran la puerta

La paradoja más evidente de la iniciativa de Rufián es que su rechazo más contundente proviene precisamente de su propio partido. La secretaria general de Esquerra Republicana, Elisenda Alamany, descartó rotundamente el lunes 9 de febrero que ERC vaya a sumarse a cualquier proyecto de dilución de siglas: «ERC se presentará con las siglas de ERC. El partido está fuerte y ya empezamos a recoger los frutos del trabajo bien hecho, con temas que conectan con las preocupaciones de la ciudadanía y con sus anhelos nacionales». Alamany fue más allá al cuestionar implícitamente la estrategia de Rufián, afirmando que «el mejor antídoto para hacer frente a la extrema derecha es apostar por proyectos como el nuestro. Una izquierda nacional arraigada al territorio y no sometida a Madrid».

EH Bildu también ha cerrado la puerta a la propuesta. Aunque Rufián tiene previsto mantener un encuentro con el diputado de la formación vasca Oskar Matute, el secretario general de Bildu, Arnaldo Otegi, negó en una entrevista en Euskadi Irratia que la idea sea viable o que se haya planteado en conversaciones entre ambas formaciones. Otegi señaló que «parece que se ponen las intenciones individuales sobre las colectivas» y reafirmó que el proyecto de EH Bildu «es y será un proyecto por y para nuestro país: Euskal Herria y su gente». El líder abertzale recordó que su propuesta para las generales pasa por una lista única vasca que defienda el derecho de autodeterminación y el euskera, no por una coalición de ámbito estatal.

El Bloque Nacionalista Galego adoptó una posición similar. Su líder, Ana Pontón, subrayó el «respeto» por los procesos de otras fuerzas políticas pero afirmó que el BNG «se mueve en otra clave» y que la prioridad es «reforzar al BNG en Madrid», no diluirse en proyectos de carácter estatal.

  1. Posturas favorables y ambiguas: bienvenida cautelosa de Sumar

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, se ha mostrado como la voz más receptiva a la propuesta de Rufián, aunque sin comprometerse con fórmulas concretas. En declaraciones desde Mataró el 9 de febrero, Díaz apostó por «una alianza democrática con un programa de mínimos» para hacer frente a lo que calificó como «emergencia democrática sin precedentes». La ministra gallega hizo un llamamiento a «pensar en grande» y construir una alianza que incluya a «todos los demócratas», aunque aclaró que esto «no va de listas ni va de personas».

Movimiento Sumar, la organización coordinada por Lara Hernández, ha dado una «bienvenida» genérica a la propuesta sin comprometerse con ella. Hernández calificó como «absolutamente necesario» cualquier debate que avance en la construcción de una herramienta capaz de frenar a la extrema derecha, pero dejó claro que la apuesta de Sumar pasa por consolidar el proyecto que están construyendo con Más Madrid, Izquierda Unida y los Comuns. La coordinadora de Movimiento Sumar defendió que llevan meses trabajando «de manera cauta, prudente, en un proyecto político que anunciaremos en su debido tiempo y no confiamos tanto en grandes anuncios».

Más Madrid ha mantenido una posición ambigua. La ministra de Sanidad y líder de la formación, Mónica García, desvinculó la organización del acto del 18 de febrero, presentándolo como una decisión «individual» de Emilio Delgado. García puntualizó que tanto Rufián como Delgado han decidido «hacer un acto para hablar de la izquierda» al margen de las organizaciones políticas, aunque se mostró partidaria de «abrir los brazos a todas las puertas progresistas». La ministra reivindicó simultáneamente la alianza que están a punto de anunciar los cuatro partidos de Sumar en el Gobierno, sugiriendo que ese es el proyecto prioritario frente a la iniciativa de Rufián.

  1. Escepticismo de IU y Podemos: «menos personalismos»

Izquierda Unida ha sido una de las voces más críticas con el planteamiento de Rufián, cuestionando tanto la forma como el fondo de la iniciativa. El coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, defendió «el diálogo entre militancias» desde abajo y no en torno a nuevos personalismos: «Menos protagonismo personal y más protagonismo colectivo». Maíllo afirmó que «la gente está harta de las telenovelas de la izquierda» y que durante sus dos años de gira por España se ha reunido «de manera más discreta, más respetuosa» con todas las organizaciones del espacio.

La conclusión de Maíllo es que «lo que falta es diálogo entre las militancias, entre las gentes normales y comunes que están preocupadas ante el avance de la extrema derecha». El dirigente andaluz considera que ahí está «la clave del éxito» para construir confluencias de cara a las próximas elecciones generales, añadiendo que «el problema de los hiperliderazgos es que, cuando se desgastan y no hay construido nada debajo, todo se diluye».

Podemos ha mantenido una postura más cauta pero igualmente escéptica. El secretario de Organización de la formación morada, Pablo Fernández, calificó el encuentro entre Rufián y Delgado como «una charla» de la que no saben «si cuenta con el respaldo de sus partidos, de Más Madrid y Esquerra». Fernández señaló que no han recibido «noticia o información adicional» más allá de lo publicado en los medios de comunicación. Desde Castilla y León, el coordinador autonómico de Podemos, Miguel Ángel Llamas, criticó abiertamente la gira de Rufián bajo un «pretendido estrellato progresista», considerando inoportuno su anuncio en vísperas de las elecciones aragonesas y a pocas semanas de los comicios en Castilla y León.

  1. El contexto: tras Aragón y con el proyecto Sumar en construcción

La propuesta de Rufián se inscribe en un momento político específico marcado por dos factores: los resultados de las recientes elecciones autonómicas y el proceso de reconfiguración del espacio a la izquierda del PSOE. Las elecciones aragonesas del 8 de febrero han confirmado el patrón observado previamente en Extremadura: crecimiento significativo de Vox, debacle socialista y fragmentación extrema de las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE. En Aragón, mientras Vox doblaba su representación parlamentaria, el espacio progresista se repartía entre PSOE con 18 escaños, Chunta Aragonesista con 6 e Izquierda Unida-Sumar con uno solo, mientras Podemos-Alianza Verde desaparecía completamente de las Cortes autonómicas.

Este contexto electoral refuerza el argumento de Rufián sobre la necesidad de coordinación, pero también evidencia las dificultades estructurales para lograrlo. La única formación de ese espacio que creció en Aragón fue precisamente CHA, un partido regionalista de base territorial limitada que no participa en estructuras de ámbito estatal. La secretaria general de CHA, Isabel Lasobras, dejó la puerta abierta a participar en conversaciones con Rufián pero señaló que llevan tiempo trabajando con otros «partidos hermanos» como Compromís, Més per Mallorca o Nueva Canarias, sin que ERC haya formado parte de esas coordinaciones.

Simultáneamente, los cuatro partidos que conforman Sumar en el Gobierno —Movimiento Sumar, Más Madrid, Izquierda Unida y los Comuns— están trabajando en la formalización de una coalición amplia de izquierdas para las próximas elecciones generales. Este proyecto, que debería anunciarse en el primer trimestre del año, se presenta como alternativa o competencia directa a la iniciativa de Rufián. La idea es reactivar al electorado de izquierdas sobre bases programáticas, para definir después el nombre del proyecto y su liderazgo. Izquierda Unida ya ha planteado que debe haber una marca electoral distinta a la de Sumar, lo que añade complejidad adicional a un panorama ya fragmentado. La superposición de proyectos unitarios que compiten entre sí constituye una nueva paradoja en un espacio político caracterizado históricamente por la dificultad para superar batallas de egos y lograr coordinación efectiva.

 

Compartir el artículo