El secretario de Estado estadounidense invocó el proceso democrático español tras la muerte de Franco como referencia histórica para el futuro político venezolano, durante una comparecencia ante el Senado en la que defendió la estrategia de Washington de trabajar con Delcy Rodríguez. ¿Es plausible la comparación? La Transición española comenzó tras el deceso del dictador. En Venezuela arranca con la captura de Maduro y la negociación directa con sus herederos políticos.
El jefe de la diplomacia estadounidense compareció este miércoles ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado para explicar la política de la Administración Trump hacia Venezuela tras la operación militar del pasado 3 de enero que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. Durante su intervención, Rubio situó el proceso democrático español de finales de los años setenta como uno de los precedentes históricos a tener en cuenta en el debate sobre la salida del chavismo del poder en el país caribeño.
«Hay precedentes. Puedo mencionar varios ejemplos, como España o Paraguay, lugares donde hubo una transición de un régimen autocrático a una democracia y llevó tiempo», afirmó Rubio ante los senadores. El secretario de Estado agregó que se trata de procesos que «no se resolvieron de manera inmediata» y que exigieron «plazos prolongados y cambios paulatinos en las estructuras de poder». La referencia a España y Paraguay formó parte de la argumentación del Gobierno estadounidense para justificar su actual estrategia de colaboración con Delcy Rodríguez, quien asumió como presidenta interina de Venezuela tras la detención de Maduro.
La comparación con el modelo español presenta, sin embargo, una diferencia fundamental que el secretario de Estado no abordó durante su intervención: la Transición española se inició tras la muerte natural de Francisco Franco el 20 de noviembre de 1975, mientras que en el caso venezolano Estados Unidos ha protagonizado la captura del líder del régimen mediante una operación militar en territorio extranjero y ahora negocia directamente con quienes formaban parte del núcleo del poder chavista. Esta distinción no es menor en términos de legitimidad institucional y de percepción internacional sobre el proceso de cambio político.
La comparación con España y Paraguay ante el Senado
Durante su comparecencia, Rubio evitó comprometerse con un calendario cerrado para la transición venezolana y admitió que no puede ofrecer «un plazo exacto» sobre la duración del proceso. No obstante, el secretario de Estado sí fijó una referencia temporal orientativa al señalar que, en un horizonte de «tres, cuatro o cinco meses», deberían percibirse progresos claros que permitan afirmar que la situación ya no es la misma que la actual. Esta indefinición temporal contrasta con las expectativas de sectores de la oposición venezolana que esperaban un cambio inmediato tras la salida de Maduro del poder.
El jefe de la diplomacia estadounidense explicó que el objetivo de la Administración Trump es lograr «una Venezuela amigable, estable, próspera y democrática» en la que se celebren «elecciones libres y justas». Rubio reconoció que ese horizonte no se alcanza en semanas y subrayó que la prioridad inmediata tras la captura de Maduro fue evitar un escenario de inestabilidad, ante la posibilidad de que se desatara una guerra civil o un éxodo masivo hacia Colombia. Para ello, Washington estableció conversaciones directas con las autoridades interinas encabezadas por Delcy Rodríguez.
El secretario de Estado defendió que existen precedentes de salidas graduales de regímenes autocráticos que, con el tiempo, desembocaron en democracias consolidadas. «En algunos casos hay altibajos pero hasta ahora va en la dirección correcta», señaló Rubio, quien agregó que «todavía queda trabajo por hacer». Esta narrativa de proceso gradual busca gestionar las expectativas sobre los tiempos de la transición y justificar la estrategia de mantener contactos con figuras del chavismo que hasta hace pocas semanas formaban parte del núcleo duro del régimen de Maduro.
El trabajo con Delcy Rodríguez y la indefinición de plazos
Sobre la presidenta interina venezolana, Rubio afirmó que, de momento, Delcy Rodríguez «está colaborando», especialmente en asuntos de narcotráfico e inteligencia. No obstante, el secretario de Estado reiteró su amenaza de que la mandataria interina «correrá la misma suerte que Maduro» si no cumple con las demandas estadounidenses. El jefe de la diplomacia precisó que ahora las autoridades venezolanas están colaborando en la identificación de activos relacionados con el tráfico de drogas y compartiendo información de inteligencia considerada relevante por Washington.
En el documento preparado para la audiencia ante el Senado, aunque no pronunciado oralmente, Rubio incluyó valoraciones positivas sobre Rodríguez. «Creemos que su propio interés se alinea con el avance de nuestros objetivos clave», escribió el secretario de Estado. Además, reveló que el régimen venezolano aceptó presentar un presupuesto mensual para su aprobación por parte de la Administración Trump, que ejercerá control sobre una cuenta financiada con las ventas de petróleo. Este nivel de supervisión financiera directa sobre un gobierno extranjero constituye un precedente inédito en la política exterior estadounidense reciente.
Rubio también anunció que Washington prevé reabrir pronto su presencia diplomática en Caracas. «Tenemos un equipo allá que lo está evaluando, y creo que pronto podremos abrir una presencia diplomática», declaró ante los senadores. Según explicó, esa presencia permitirá a Estados Unidos «tener información en tiempo real e interactuar, no solamente con responsables del régimen, pero también interactuar con otros sectores» de la sociedad venezolana. El restablecimiento de relaciones diplomáticas formales marcaría un cambio significativo tras años de ruptura entre ambos países.
Machado y las tensiones sobre el proceso de transición
Horas después de su comparecencia ante el Senado, Marco Rubio se reunió en el Departamento de Estado con la líder opositora venezolana María Corina Machado, quien había sido recibida dos semanas antes en la Casa Blanca por el presidente Donald Trump. Durante la audiencia senatorial, el secretario de Estado abrió la puerta a que Machado participe en el proceso de transición, aunque reconoció que «el control de las armas y las instituciones lo tiene el régimen». Esta afirmación evidencia la compleja realidad del poder en Venezuela tras la captura de Maduro.
Machado, por su parte, salió del encuentro con Rubio rechazando cualquier pacto con el chavismo y reclamando una «transición real». «Nosotros estamos dispuestos y estamos trabajando en facilitar una transición real. Esto no es una transición a la rusa donde se quedan las mafias en el poder», declaró la líder opositora ante la prensa al ser cuestionada sobre si estaría dispuesta a formar parte de un gobierno de transición con Delcy Rodríguez. Machado subrayó que su objetivo es que se restituyan las instituciones que garanticen la justicia y el reencuentro de los venezolanos, pero no la estabilidad de «un sector del régimen en el poder».
La tensión entre la estrategia pragmática de Washington —que prioriza la estabilidad inmediata trabajando con las estructuras existentes del chavismo— y las demandas de la oposición venezolana de un cambio radical del sistema político evidencia las complejidades del proceso iniciado tras la captura de Maduro. Mientras Rubio invoca modelos históricos de transición gradual como el español, sectores de la oposición rechazan cualquier fórmula que permita la continuidad de figuras vinculadas al régimen chavista en posiciones de poder. Esta divergencia de visiones plantea interrogantes sobre la viabilidad del proceso y los tiempos reales para una transformación democrática en Venezuela.