Debilitamiento del multilateralismo, agresividad y uso de la fuerza

26 janvier 2026 - 11:19

Hace una semana, el presidente Trump cumplió un año al frente de la Casa Blanca. Sus medidas y políticas tienen en vilo al mundo y a América Latina sometida a sus deseos, observa el medio alemán DW.

El primer año del presidente Donald Trump ha estado marcado por su injerencia y dominio en América Latina y un nivel de beligerancia que se mantendrá. Sin embargo, los malos resultados a nivel interno podrían ser, en alguna medida, un mecanismo de contención.

Aunque una de las principales promesas de campaña y que llevó a Donald Trump a ganar la elección presidencial fue mejorar la economía, su objetivo, sigue sin cumplirse. Esa realidad ya tiene incidencia en su popularidad que roza el 40%, lo que no necesariamente es una señal positiva: «El margen de aprobación de Trump está actualmente cerca del 40 %. Es uno de los niveles más bajos para un presidente, incluso Biden, que fue impopular en la mayoría de su mandato, tenía cerca del 48 o 49 %», analiza en DW Julio Sevilla, académico de la Universidad de Georgia en Estados Unidos. Sevilla agrega que los resultados de elecciones locales, que han resultado con un 10 % más bajo para los republicanos, dan cuenta de una mala evaluación interna.

En lo que respecta a América Latina, en su primer año de mandato, el presidente ha mencionado su interés por apropiarse del Canal de Panamá, su intención de deportar masivamente a los inmigrantes irregulares con redadas migratorias que afectan en gran medida a centroamericanos y sudamericanos y, también, los ataques a supuestas narcolanchas en el mar Caribe, así como la intervención en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro y administrar asuntos de ese país. Esta lógica está llevando a que el mundo se divida entre quienes apoyan el uso de la fuerza para obtener sus fines y quienes apelan a la negociación y la búsqueda de acuerdos en beneficio mutuo. Adicionalmente, el presidente Trump también ha exhibido su injerencia en asuntos internos y elecciones en la región, los casos de Honduras, Argentina o Bolivia son ilustrativos a ese respecto.

«Lo que estamos viendo es un Estados Unidos mucho más presente e imponiéndose en la región, siguiendo los intereses del presidente Trump, que hoy son los intereses de Estados Unidos. Se ha desligado de las alianzas y la forma de trabajar de antes, de la colaboración y cercanía entre países de la región», observa Marco Frieri, analista político estadounidense vinculado al Partido Demócrata.

Para la experta en geopolítica Stephanie Henaro, «Washington volvió a tratar a América Latina como zona de gestión y dejó atrás el proyecto de integración. El primer año combinó presión comercial y endurecimiento migratorio, con una preferencia por acuerdos bilaterales en lugar de marcos multilaterales. El resultado fue una región más condicionada: cooperación a cambio de alivios puntuales y una relación más volátil, porque depende de cumplimientos inmediatos».

Marco Frieri estima que «lo que sigue para Latinoamérica es lidiar con un Donald Trump mucho más omnipresente, dictando el camino de la región a su manera y sin tomar en cuenta las voces de los países, porque él ya dictó que el hemisferio es de Estados Unidos».

Julio Sevilla coincide con Frieri al subrayar que Trump «seguirá beligerante, ya se perdió el decoro de respetar la política interna de cada país, él va a seguir con la misma estrategia, que se alinea con la política ‘Donroe’, donde Latinoamérica es su patio y puede hacer lo que quiera. Aunque descartaría que tenga interés en apropiarse de otros recursos naturales de América Latina, porque exigirle al Ejército de Estados Unidos tomar toda esa región sería un reto demasiado grande, costaría mucho dinero y quizás vidas estadounidenses. Además, electoralmente, las acciones como las de Venezuela no le ayudan y debe estar preocupado de que los republicanos sigan perdiendo elecciones este año, eso lo puede frenar de cierto modo».

A la fecha, la atención mundial está puesta en las acciones de Trump y su intención de anexionar Groenlandia, una isla ártica rica en minerales, tierras raras y petróleo.

Stephanie Henaro no cree que el escenario actual implique la desaparición de las instituciones mundiales, pero sí la degradación del multilateralismo. «No veo un ‘fin’ súbito, pero sí una degradación del multilateralismo hacia una lógica transaccional, es decir, alianzas que se mantienen si producen beneficios medibles y rápidos. En la OTAN, la tensión no es salirse, sino convertir el compromiso en una factura. En el caso de la ONU y otros organismos internacionales, más que desaparecer, tienden a volverse espacios de regateo o a ser sustituidos por arreglos pequeños, por coaliciones ad hoc. El mundo no se queda sin instituciones, se queda con instituciones más débiles y más politizadas», comenta la experta en DW.

«Definitivamente el orden mundial que teníamos después de la Segunda Guerra Mundial, donde Estados Unidos era líder de la democracia, de la libertad, en confluencia con Europa, ya está desapareciendo». «Estamos frente a un Estados Unidos que vuelve al siglo XIX, colonialista, sin compás moral», puntualiza Sevilla.

 

Compartir el artículo