Xi y Lula frente al desorden global

23 janvier 2026 - 08:11

La conversación telefónica entre Xi Jinping y Luiz Inácio Lula da Silva trasciende el protocolo diplomático. Marca una toma de posición política en un momento de recomposición acelerada del orden internacional. China y Brasil se presentan como defensores de un multilateralismo clásico, centrado en Naciones Unidas, frente a iniciativas paralelas que aspiran a redefinir la gestión de los conflictos globales.

El llamamiento de Xi a defender el papel central de la ONU se produce en un contexto preciso. En Davos, Donald Trump anunció la creación de una Junta de Paz con vocación global. La propuesta introduce un esquema alternativo de resolución de conflictos que altera los equilibrios tradicionales de la gobernanza internacional. Aunque presentada como complementaria, la iniciativa desplaza el centro de gravedad fuera del sistema multilateral surgido tras la Segunda Guerra Mundial.

China conoce bien ese sistema. Forma parte de su núcleo duro como miembro permanente del Consejo de Seguridad y lo utiliza como marco de legitimación de su ascenso global. Brasil, por su parte, aspira desde hace décadas a reforzar su peso internacional a través del derecho internacional y de una ONU reformada, no sustituida. La sintonía entre Pekín y Brasilia responde a esa convergencia de intereses.

El mensaje compartido apunta a una idea central. El orden mundial se estructura sobre normas comunes, instituciones colectivas y mecanismos de equilibrio. Las fórmulas ad hoc, impulsadas desde una sola capital, introducen incertidumbre y fragmentación. Para los países emergentes, el multilateralismo sigue siendo un espacio de previsibilidad y reconocimiento.

La posición brasileña resulta especialmente significativa. Lula retoma una tradición diplomática que concibe a Brasil como actor moderador, defensor del diálogo y del equilibrio entre potencias. El escepticismo expresado por su entorno ante la Junta de Paz refleja el temor a una recentralización del poder global bajo nuevas formas.

La llamada entre Xi y Lula anticipa una disputa política de fondo. Se trata de decidir quién define las reglas del sistema internacional y desde qué legitimidad. En ese debate, la ONU aparece como símbolo de un orden imperfecto pero compartido, frente a proyectos que apuestan por estructuras flexibles, personalizadas y políticamente volátiles.

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