Felipe VI rechaza en Estrasburgo "planteamientos geopolíticos de otra época" en alusión a Trump

22 janvier 2026 - 18:50

El Rey advirtió ante la Eurocámara que no se pueden avalar enfoques basados en la fuerza sin principios, en un discurso marcado por la defensa del vínculo transatlántico y la autonomía estratégica del continente. Felipe VI intervino en la sesión solemne por el 40º aniversario de la adhesión de España y Portugal a la Unión Europea, apenas un día después de visitar a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, tragedia que fue recordada con un minuto de silencio en la Eurocámara.

El Rey Felipe VI pronunció este miércoles en Estrasburgo un discurso de marcado carácter europeísta en el que advirtió sobre los riesgos geopolíticos que enfrenta el continente, en una alusión implícita pero inequívoca a las tensiones generadas por la administración del presidente estadounidense Donald Trump. Durante su intervención ante el pleno del Parlamento Europeo, el monarca español subrayó que Europa «no puede aceptar, ni mucho menos avalar, planteamientos geopolíticos de otra época, como si fueran signos de fortaleza». La frase resonó en un hemiciclo donde las referencias a la ofensiva de Washington sobre Groenlandia y otros territorios no pasaron desapercibidas.

Felipe VI intervino junto al presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, en una sesión solemne convocada para conmemorar el 40º aniversario de la adhesión de ambos países a la Comunidad Europea en 1986. El acto adquirió una dimensión especial al producirse apenas 24 horas después de que el Rey visitara en Córdoba a los afectados por el accidente ferroviario de Adamuz, que dejó 43 fallecidos y 152 heridos. La Eurocámara guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas antes de que comenzaran las intervenciones de los dos jefes de Estado ibéricos.

El llamamiento a preservar la relación transatlántica

El núcleo central del mensaje del Rey se centró en la necesidad de preservar el vínculo histórico entre Europa y Estados Unidos, aunque con una advertencia clara sobre las condiciones en que debe sustentarse esa relación. «Sin ese vínculo trasatlántico basado en el respeto y la lealtad que tanto nos ha aportado a todos, estaremos abocados a un mundo más incierto, más inestable y más peligroso», afirmó Felipe VI ante los eurodiputados. El monarca subrayó que este vínculo debe fundamentarse en dos pilares irrenunciables: la lealtad mutua y el respeto recíproco, términos que adquieren especial significado en el contexto de las recientes declaraciones del presidente Trump sobre territorios europeos.

La intervención del Rey se produjo apenas unos días después de que Trump volviera a expresar su interés por Groenlandia y en plena tensión por la postura estadounidense sobre varios conflictos internacionales. Sin mencionar directamente al presidente estadounidense, Felipe VI trazó una línea clara sobre lo que Europa puede y no puede aceptar en términos de relaciones internacionales. El monarca defendió que los vínculos entre naciones deben basarse «en normas y el diálogo como cauce para resolver conflictos y promover la estabilidad y la cooperación», frente a enfoques que privilegien la fuerza sobre los principios.

El Rey fue especialmente contundente al rechazar lo que calificó como planteamientos anacrónicos en las relaciones geopolíticas. «En estos tiempos que corren, nos enfrentamos con demasiada frecuencia, a la fuerza sin principios, que es igual a la barbarie, y que los meros principios, sin fuerza, conducen a la frustración y al desencanto», advirtió Felipe VI. Esta reflexión, que algunos analistas interpretaron como una referencia directa a la política exterior de Trump, establece un equilibrio entre la firmeza necesaria en las relaciones internacionales y el marco normativo que debe regirlas.

Europa como referente ético en tiempos convulsos

Felipe VI dedicó una parte sustancial de su discurso a defender la vigencia del proyecto europeo en lo que describió como «tiempos oscuros» y «días convulsos». El monarca afirmó que «nunca como en estos tiempos oscuros ha sido la idea de Europa tan necesaria», en una defensa enfática de los valores y el modelo político del continente. Según el Rey, Europa «se mantiene como un referente ético y político» en un mundo caracterizado por la incertidumbre y los desafíos a las normas internacionales establecidas tras la Segunda Guerra Mundial.

El jefe del Estado español planteó una reflexión retórica a los eurodiputados: «Preguntémonos qué otras regiones del mundo tienen tan enraizada, tan incorporada a su ser, esta noción del bienestar común, y en la respuesta hallaremos la mejor reivindicación de la Europa unida». Esta intervención buscó reforzar la autoestima europea en un momento en que el proyecto comunitario enfrenta presiones tanto internas como externas, desde el auge de los populismos hasta las tensiones comerciales con Estados Unidos y la competencia con China.

Felipe VI también subrayó la importancia de mantener la cohesión europea frente a quienes pretenden «desafiar a los países del club comunitario». Aunque sin mencionar explícitamente las amenazas concretas, el contexto de su intervención remitía tanto a las presiones externas como a los desafíos internos que enfrenta la Unión Europea. El monarca defendió que la respuesta europea debe basarse en la unidad y en la defensa de los principios compartidos, no en concesiones que debiliten el proyecto común.

El reconocimiento a las víctimas de Adamuz ante la Eurocámara

El discurso del Rey comenzó con un homenaje a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, en un gesto que precedió a la parte política de su intervención. «Dentro del dolor inmenso por tantas personas que perdieron la vida, por las heridas y por sus familias, esas expresiones de apoyo de cerca nos reconfortan y nos refuerzan en el espíritu y sentimiento europeo que es nuestro gran patrimonio compartido», afirmó Felipe VI. El monarca había visitado el día anterior a los heridos hospitalizados en Córdoba, lo que dotó de especial significado a sus palabras en Estrasburgo.

El Parlamento Europeo guardó un minuto de silencio en memoria de los 43 fallecidos y 152 heridos del siniestro ferroviario, en presencia del Rey Felipe VI y del presidente portugués Marcelo Rebelo de Sousa. La presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, dirigió unas palabras de condolencia antes del silencio: «Toda Europa llora con España. En nombre de este Parlamento, enviamos nuestras más profundas condolencias y solidaridad con los afectados». Este segundo minuto de silencio en la Eurocámara por Adamuz —el primero se había observado el lunes anterior— evidenció la dimensión europea del duelo español.

Felipe VI agradeció las muestras de solidaridad recibidas desde las instituciones europeas y los estados miembros tras la tragedia. El monarca subrayó que este apoyo demuestra la profundidad de los lazos que unen a los países de la Unión Europea más allá de las estructuras institucionales. «Toda Europa llora con España», había dicho Metsola, una frase que el Rey recogió implícitamente en su agradecimiento por el respaldo europeo en un momento de dolor nacional.

La defensa de la autonomía estratégica europea

El Rey concluyó su intervención con un llamamiento a fortalecer la autonomía estratégica de Europa, un concepto que ha ganado protagonismo en el debate político comunitario ante la incertidumbre sobre el compromiso estadounidense con la seguridad del continente. «Es una necesidad inaplazable. Y, al mismo tiempo, es la mejor manera de preservar un vínculo trasatlántico basado en el respeto y la lealtad», afirmó Felipe VI. Esta formulación buscó conciliar dos objetivos aparentemente contradictorios: mantener la alianza con Estados Unidos mientras Europa desarrolla capacidades propias.

El monarca hizo un llamamiento específico a «seguir trabajando en nuestra defensa, en nuestra autonomía estratégica y en el refuerzo del pilar europeo dentro de la Alianza Atlántica». Esta mención explícita de la Alianza Atlántica buscó evitar que su defensa de la autonomía europea pudiera interpretarse como un cuestionamiento del marco de la OTAN, aunque sí reclamó un mayor protagonismo del componente europeo dentro de la estructura atlántica. El equilibrio entre ambos mensajes reflejó la complejidad del momento geopolítico que atraviesa el continente.

La intervención del Rey Felipe VI en Estrasburgo cerró un día intenso que había comenzado con la visita a las víctimas de Adamuz en Córdoba. El contraste entre ambos actos —el dolor por una tragedia nacional y la defensa de los valores europeos en un escenario internacional— ilustró la doble dimensión de la jefatura del Estado en un momento de múltiples desafíos para España y para Europa. El discurso real fue recibido con una ovación prolongada en el hemiciclo europeo, en una jornada que los medios comunitarios interpretaron como un mensaje de firmeza europea frente a las incertidumbres del nuevo panorama geopolítico.

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