El estadounidense impulsa la creación de un organismo de gobernanza global dirigido de forma vitalicia por él mismo, con invitaciones cursadas a líderes autoritarios junto a aliados personales. Francia rechazó participar y varios países europeos expresan dudas sobre la iniciativa, mientras Hungría y Bielorrusia aplauden el proyecto. La propuesta trasciende la gestión de Gaza para aspirar a mediar en grandes conflictos mundiales, en un desafío directo al sistema de Naciones Unidas establecido hace 80 años.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha comenzado a cursar invitaciones formales para integrar lo que denomina la Junta de Paz, un organismo creado inicialmente para supervisar la gobernanza de Gaza tras la guerra pero que aspira a convertirse en una alternativa personal y personalista al sistema multilateral representado por la Organización de las Naciones Unidas. Según su planteamiento, el mandato de manera vitalicia correspondería a Trump, quien no sería presidente de Estados Unidos de forma permanente pero dispondría de amplios poderes para decidir quién forma parte del organismo y tendría derecho de veto sobre cualquier decisión del mismo.
No jugaba de farol. Donald Trump empieza a colocar los fundamentos para imponer su nuevo orden mundial de forma internacional con este proyecto que trasciende Gaza y emerge como una alternativa personal que rivaliza directamente con la Organización de las Naciones Unidas, a la que considera totalmente obsoleta e ineficaz. La propuesta, sin embargo, ha desatado reacciones encontradas entre los líderes mundiales invitados, con rechazo frontal de potencias democráticas europeas como Francia y apoyo entusiasta de gobiernos autoritarios como Bielorrusia y Hungría. El anuncio se produjo en el marco del Foro Económico Mundial de Davos, donde Trump pretendía presentar formalmente la constitución y el mandato de esta nueva estructura de gobernanza global.
La propuesta de la Junta de Paz y las invitaciones a líderes autoritarios
Los regímenes autoritarios de Rusia y Bielorrusia han recibido invitaciones destacadas de Washington para ser parte de la Junta de Paz, el organismo que Trump ha diseñado para supervisar no solo la reconstrucción de Gaza sino potencialmente otros conflictos por todo el mundo. El presidente norteamericano ha cursado invitación formal a Vladimir Putin, presidente de Rusia, y a Alexander Lukashenko, líder bielorruso conocido como «el último dictador de Europa», ambos aliados estratégicos entre sí. Bielorrusia aplaudió públicamente la creación de «una nueva arquitectura de seguridad», según declaraciones oficiales del gobierno de Minsk.
Israel también ha recibido la invitación a través del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien enfrenta múltiples investigaciones judiciales pendientes pero mantiene una estrecha relación personal con Trump. Según dos fuentes de la Junta de Paz citadas por medios internacionales, Netanyahu fue contactado directamente por el equipo del presidente estadounidense, aunque el gobierno israelí no ha aclarado aún si aceptará formar parte del organismo. La ultraderecha israelí ya ha manifestado su oposición a cualquier esquema que incluya a Turquía entre los participantes, considerando que Ankara mantiene posiciones hostiles hacia el Estado judío.
Junto a estos nombres, Trump ha cursado invitaciones a Hungría —cuyo primer ministro Viktor Orbán se cuenta entre sus aliados más cercanos en Europa—, Tailandia, los Emiratos Árabes Unidos, Eslovenia y al menos seis países más de la Unión Europea, según confirmaron fuentes de la Casa Blanca. El proyecto contempla que esta Junta de Paz disponga de un presupuesto de al menos mil millones de dólares durante su primer año de funcionamiento, con capacidad para intervenir en conflictos de escala global que Trump considera mal gestionados por el actual sistema de Naciones Unidas. La propuesta incluye que el mandato tenga una duración inicial de tres años, aunque Trump se arroga el derecho de permanecer como líder vitalicio del organismo independientemente de su situación como presidente de Estados Unidos.
El rechazo de Francia y otros países democráticos
Francia, sin embargo, rechazó rotundamente la invitación de Washington. «Como muchos otros países, Francia fue invitada a unirse a la Junta de Paz y está examinando junto con sus socios, el marco jurídico propuesto», explicó inicialmente el entorno del presidente Emmanuel Macron antes de confirmar la negativa definitiva. «La Carta de la ONU va más allá del único marco de Gaza. Plantea cuestiones de gran calado, en particular en todo lo que respecta a los principios y de la estructura de las Naciones Unidas, que son nuestros puntos de referencia», añadieron fuentes francesas para justificar el rechazo.
El presidente francés confirmó personalmente en una entrevista sin preguntas que había recibido la invitación pero subrayó que su país «no tiene ninguna intención de entrar en la junta porque está vinculado a la Carta de la ONU». En ese sentido, Francia ya confirmó que no tiene intención de formar parte de un organismo que considera un desafío directo al multilateralismo tradicional. Macron fue especialmente claro al señalar que las normas fijadas por Estados Unidos bajo el liderazgo de Trump están comprometidas «con un alto el fuego y con la fijación de un horizonte creíble para los palestinos y para los israelíes», lo que genera dudas sobre la imparcialidad del nuevo organismo propuesto por la Casa Blanca.
Otros países europeos también expresaron reservas. Varios gobiernos de la Unión Europea mantienen su respuesta en suspenso mientras evalúan las implicaciones legales y políticas de formar parte de un organismo paralelo a las Naciones Unidas. El secretario general de la ONU, António Guterres, publicó un llamamiento en Linkedin en el que, sin citar explícitamente a Trump ni hacer mención directa a la Junta de Paz, realizó un discurso en el que advertía que «la organización se asoma al abismo por el alargamiento financiero ante el endeudamiento de sus Estados miembros». «Sobre todo del rico es totalmente insostenible», añadió Guterres en lo que muchos interpretaron como una crítica velada al proyecto estadounidense.
Desafío al sistema de Naciones Unidas y advertencias internacionales
El proyecto de Trump supone el desafío más directo al sistema de gobernanza multilateral establecido tras la Segunda Guerra Mundial hace 80 años. La Organización de las Naciones Unidas se fundó sobre los escombros del conflicto bélico más devastador de la historia precisamente para evitar que la gestión de crisis internacionales recayera en iniciativas unilaterales o personalistas de grandes potencias. La propuesta estadounidense invierte esta lógica al concentrar el poder de decisión en una estructura liderada vitaliciamente por Trump, con capacidad de veto sobre las resoluciones del organismo y potestad exclusiva para decidir quién forma parte de la Junta de Paz.
La iniciativa estadounidense cuestiona directamente la utilidad del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, cuyo sistema de vetos por parte de sus cinco miembros permanentes —Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia— ha bloqueado sistemáticamente resoluciones sobre conflictos como el de Gaza. Trump considera que este mecanismo ha convertido a la ONU en un organismo «totalmente obsoleto e ineficaz», según declaraciones recogidas por diversos medios internacionales durante el Foro de Davos. La Junta de Paz aspiraría a sustituir esta estructura multilateral por un sistema más ágil donde el presidente estadounidense tendría la última palabra sobre las intervenciones en conflictos globales.
El secretario general de la ONU, António Guterres, respondió de forma indirecta a la propuesta estadounidense mediante un artículo publicado en LinkedIn donde, sin mencionar explícitamente a Trump ni a la Junta de Paz, advirtió que «algunos están dando el toque de difuntos a la cooperación internacional». Guterres defendió el papel histórico de las Naciones Unidas y señaló que «el proyecto de la Casa Blanca confía en la ONU menos ahora, pero aun así quiere consolidar la gobernanza del enclave para establecer allí un gobierno fiable». El diplomático portugués concluyó con una advertencia sobre el riesgo que supone para el orden internacional cualquier intento de crear estructuras paralelas que socaven el multilateralismo.
Mientras tanto, el ministro de Exteriores húngaro Peter Szijjártó calificó de «honor» la invitación recibida por su país, confirmando que el gobierno de Viktor Orbán estudia sumarse a la iniciativa estadounidense. Esta posición representa una nueva fractura dentro de la Unión Europea sobre cómo relacionarse con la administración Trump y su visión de la gobernanza global, con países como Francia y Alemania rechazando formar parte de un organismo que consideran un ataque directo a los principios fundacionales del orden internacional establecido en 1945.