Los principales dirigentes europeos intervienen este martes en el Foro Económico Mundial de Davos, en un clima marcado por la expectativa ante la inminente llegada del presidente estadounidense, Donald Trump, cuya agenda ha vuelto a sacudir el tablero geopolítico global, esta vez con amenazas directas sobre Groenlandia.
La tradicional cita del multilateralismo en la estación alpina suiza se celebra bajo una tensión poco habitual. Más allá del pulso por Groenlandia —territorio autónomo de Dinamarca—, el foro aborda otros focos críticos del momento internacional, como las guerras en Gaza y Ucrania, la crisis iraní o la situación venezolana, semanas después de la operación estadounidense que terminó con la captura y extracción del expresidente Nicolás Maduro.
Desde América Latina, participan en Davos el presidente argentino Javier Milei, el mandatario panameño José Raúl Mulino y el ecuatoriano Daniel Noboa, en un contexto de creciente incertidumbre económica y política.
En el bloque europeo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente francés Emmanuel Macron intervienen este martes, junto al viceprimer ministro chino He Lifeng y el primer ministro canadiense Mark Carney, cuyos países mantienen actualmente fricciones abiertas con Washington. Trump tiene previsto pronunciar su discurso el miércoles y mantener encuentros bilaterales el jueves.
Europa, ante la amenaza de nuevas represalias
La Unión Europea estudia posibles contramedidas tras las advertencias de Trump de imponer nuevos aranceles a ocho países europeos —entre ellos Francia, Alemania y el Reino Unido— en represalia por la resistencia europea a sus ambiciones sobre Groenlandia.
El lunes, Trump afirmó que no creía que los líderes europeos se opusieran “demasiado” a su objetivo de hacerse con la isla ártica y fue tajante ante los periodistas: “Tenemos que conseguirlo”. También aseguró haber mantenido una “muy buena conversación” con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y anticipó reuniones en Davos con “las distintas partes”.
El mandatario estadounidense justifica su interés en Groenlandia por razones de seguridad frente a Rusia y China, aunque analistas subrayan que el verdadero atractivo reside en las reservas estratégicas de tierras raras y minerales.
Desde Washington, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió que cualquier represalia europea sería “poco sensata”. En paralelo, Von der Leyen recalcó tras reunirse con una delegación del Congreso estadounidense que la UE exige el “respeto inequívoco de la soberanía de Groenlandia y del Reino de Dinamarca”.
El canciller alemán, Friedrich Merz, expresó su voluntad de reunirse con Trump el miércoles y subrayó que Europa debe evitar “cualquier escalada innecesaria” del conflicto.
Tensiones abiertas y diplomacia al límite
Emmanuel Macron, que abandonará Davos antes de la llegada de Trump, propuso celebrar una cumbre del G7 en París el jueves e invitar, al margen del encuentro, a representantes de Dinamarca, Ucrania, Siria y Rusia.
Las relaciones entre París y Washington se tensaron aún más después de que Trump amenazara con imponer aranceles del 200 % al vino y al champán franceses, tras el rechazo de Francia a integrarse en el llamado “Consejo de la Paz” impulsado por el mandatario estadounidense. Analistas comparan este organismo con una versión paralela y politizada del Consejo de Seguridad de la ONU. Trump confirmó que entre los invitados figura el presidente ruso, Vladímir Putin.
Los líderes europeos se reunirán el jueves en Bruselas para definir una respuesta común a la crisis de Groenlandia, considerada ya una de las más graves en las relaciones transatlánticas de los últimos años.
Desde Davos, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, calificó de “inaceptables” las amenazas arancelarias entre aliados y advirtió que debilitan la relación transatlántica y alimentan un círculo vicioso de desconfianza. No obstante, descartó un escenario militar: “No creo que Estados Unidos intente controlar Groenlandia por la fuerza”.
Dinamarca, por su parte, ha propuesto reforzar la vigilancia de la OTAN en la isla, en un intento de contener la escalada sin romper los equilibrios estratégicos.