El Gobierno ha reafirmado su posición activa en la crisis venezolana y su apuesta por una solución pacífica y democrática. En un contexto de tensiones regionales e internacionales, el Ejecutivo español ha defendido tanto la labor de mediación del expresidente Rodríguez Zapatero como la necesidad de avanzar en la liberación de presos políticos venezolanos, al tiempo que ha insistido en que los recursos naturales del país deben ser gestionados en beneficio del pueblo venezolano.
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, destacó en un encuentro informativo en el Ateneo de Madrid la importancia del papel desempeñado por Zapatero en los últimos años en Venezuela, especialmente en gestiones de mediación que han sido reconocidas tanto por sectores de la oposición como por autoridades venezolanas. Albares defendió que esa labor ha sido constante desde 2015, que ha contado con el respaldo de diversos actores políticos y que merece respeto y consideración en el debate público español.
Albares lamentó las críticas y lo que calificó de intentos de “oscurantismo” por parte de algunos partidos políticos hacia la figura de Zapatero, subrayando que la mediación requiere discreción y que no se trata de una acción realizada en nombre del Gobierno, sino por un expresidente con trayectoria diplomática en la región. Además, el ministro reiteró la posición de España respecto a la situación en Venezuela: “Estamos con el pueblo de Venezuela para que alcance una solución democrática y pacífica”, afirmó, y añadió que los recursos naturales del país “son del pueblo venezolano” y deben gestionarse en su beneficio.
Sánchez pide liberación de presos políticos y transición pacífica
En paralelo a las declaraciones de Albares, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, informó este lunes que en una conversación mantenida la pasada semana con Delcy Rodríguez le trasladó la “necesidad de continuar liberando presos políticos” como condición para avanzar hacia una transición que sea “pacífica e inclusiva”. En su intervención conjunta con el primer ministro griego, Kyriákos Mitsotákis, Sánchez subrayó que España está dispuesta a colaborar con el Gobierno venezolano y con la oposición para abrir el camino hacia unas elecciones libres, transparentes y con participación de todos los sectores de la sociedad.
El jefe del Ejecutivo señaló que en ese diálogo también ha estado implicado el expresidente Zapatero, cuyo trabajo por la liberación de personas encarceladas por motivos políticos en Venezuela ha sido reconocido por diversas autoridades venezolanas y que ha contribuido, en parte, a que ya se hayan producido excarcelaciones en los últimos días. Según Sánchez, la cooperación de distintos actores y países, incluida la administración venezolana, está permitiendo avances en ese terreno.
La posición de Sánchez está en sintonía con la postura oficial del Gobierno de España, que ha condenado tanto las detenciones arbitrarias en Venezuela como la acción unilateral de fuerza ejercida por Estados Unidos hace unos días para capturar a Maduro, que, según Madrid, vulnera el derecho internacional y complica la situación. A la vez, Sánchez y Albares han reiterado que España no adopta una postura equidistante ni busca “agradar a nadie”, sino que propone una mediación basada en el respeto a la soberanía venezolana y en el diálogo entre todas las partes implicadas.
El papel de España en el contexto regional
Las declaraciones del Gobierno español no han estado exentas de polémica en la escena política interna. Algunos sectores de la oposición han cuestionado tanto la defensa de la labor de Zapatero como la estrategia diplomática de Sánchez. Representantes del Partido Popular han llegado a calificar las actuaciones de ambos dirigentes como una “vergüenza” para España, argumentando que la postura oficial blanquea regímenes autoritarios y debilita la exigencia de respeto a los derechos humanos en Venezuela. Estas críticas se dan en el marco de un debate más amplio sobre la política exterior del Ejecutivo y su alineación con determinadas dinámicas internacionales.
No obstante, desde Moncloa se sostiene que la política exterior española ante Venezuela se basa en principios de diálogo, respeto a la legalidad internacional y defensa de los derechos humanos, y que la mediación de Zapatero ha sido un instrumento útil para abrir espacios de negociación en momentos delicados. La liberación de presos políticos y el retorno de ciudadanos españoles a España se presentan como hitos concretos que respaldan esa línea de actuación.
El enfoque español se enmarca en un escenario regional de alta tensión, donde la reciente intervención armada de Estados Unidos para capturar a Maduro ha generado una fuerte respuesta internacional y ha reconfigurado las dinámicas de poder en América Latina. España, además de abogar por la liberación de presos políticos, ha buscado posicionarse como interlocutor que privilegia el diálogo y la transición democrática, en consonancia con su tradición diplomática y sus vínculos históricos y lingüísticos con la región.
La interlocución con Delcy Rodríguez, reconocida por Sánchez y Albares como parte de ese proceso, se percibe desde el Ejecutivo español como un paso hacia una mayor estabilidad en Venezuela y un posible avance hacia la celebración de elecciones que permitan a los venezolanos definir su futuro de manera libre. Al mismo tiempo, la defensa de la gestión de los recursos naturales del país en beneficio de su pueblo subraya una preocupación por evitar que factores externos, incluidos intereses económicos foráneos, influyan de manera desproporcionada en la recuperación y reconstrucción del país sudamericano.