Los datos demoscópicos revelan un desplazamiento profundo de la opinión pública española hacia posiciones conservadoras en cuestiones económicas, identidad nacional, inmigración y derechos sociales. El fenómeno trasciende los resultados electorales y marca el nivel más alto de identificación con la derecha desde 2006.
La sociedad española experimenta un giro ideológico hacia la derecha que va mucho más allá de los resultados en las urnas. Los datos de las principales encuestadoras revelan que este desplazamiento no se limita a preferencias electorales puntuales, sino que penetra en la estructura profunda de la opinión pública sobre asuntos fundamentales: el modelo de Estado, la política fiscal, la inmigración, los derechos sociales y la igualdad de género. Se trata de un fenómeno que algunos analistas califican como un cambio en la batalla cultural, comparable al que experimentaron otros países europeos en la última década.
César Calderón, director de la consultora política 40dB, afirma que este corrimiento «está lejos de mostrar una moda pasajera» y sostiene que su dimensión es verdaderamente ideológica. Los indicadores muestran un cambio cultural profundo y no simplemente un fenómeno electoral coyuntural. La transformación se refleja en las respuestas de los ciudadanos sobre temas como la centralización del Estado, la fiscalidad, el papel de la inmigración y las políticas de igualdad, revelando un retroceso en posiciones progresistas que habían ganado espacio desde la transición democrática.
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El desplazamiento ideológico: la mayor tendencia conservadora desde 2006
España se sitúa en el punto más alto de identificación con la derecha de los últimos 18 años. Según datos combinados del CIS y de 40dB, el promedio de autoubicación ideológica de los españoles en una escala del cero al diez alcanza los 5,023 puntos, el registro más elevado desde que comenzó esta serie estadística en 2006. Este dato cobra especial relevancia si se considera que en marzo de 2023, antes de las elecciones generales, la media se situaba en 4,8 puntos. El desplazamiento ha sido de casi cuatro puntos porcentuales en menos de cuatro años si se toma como referencia el mínimo histórico registrado en 2018.
La evolución temporal muestra una tendencia clara y sostenida. Desde el punto más bajo alcanzado en marzo de 2018, cuando apenas un 30,1% de los encuestados se situaba en la mitad derecha del espectro político, la proporción ha crecido hasta el 38,9% en octubre de 2024, última toma de datos de la serie. Este aumento de casi nueve puntos porcentuales representa un cambio significativo en la distribución ideológica de la población española, con implicaciones que trascienden el mero terreno electoral y se adentran en transformaciones culturales profundas sobre cómo los ciudadanos conciben el modelo de sociedad.
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Españolismo y recentralización: identidad nacional y modelo de Estado
El sentimiento españolista ha experimentado un crecimiento notable en los últimos años. Los datos del CIS revelan que la proporción de ciudadanos que se sienten «solo españoles» ha aumentado del 22,6% al 24,9% entre 2018 y 2024. Paralelamente, el apoyo a un modelo de Estado más centralizado ha crecido de forma aún más pronunciada, pasando del 30,1% al 38,9% en el mismo período. Esta evolución contrasta con la tendencia de las dos décadas anteriores, cuando el modelo autonómico y el reconocimiento de identidades plurales gozaban de mayor consenso social.
La preocupación por el cambio climático, que alcanzó su máximo en 2019 con un retroceso de 8,7 puntos entre la población, se ha convertido en un eje del debate sobre competencias entre administraciones. La idea de que el Estado debe concentrar más poder frente a las comunidades autónomas encuentra mayor aceptación en un contexto de polarización territorial. Este fenómeno se enmarca en un retroceso más amplio de las tesis federalistas o descentralizadoras que habían caracterizado buena parte del debate político español desde la aprobación de la Constitución de 1978, con especial intensidad durante las primeras décadas del siglo XXI.
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Economía: preferencia por recortes fiscales frente a servicios públicos
Las posiciones económicas de los españoles también se han desplazado hacia postulados tradicionalmente asociados a la derecha. Según la serie Tendencias Sociales inaugurada en 2021 por el CIS, la preferencia por bajar impuestos aunque ello implique reducir servicios públicos ha pasado de 62,7 a 56,5% entre quienes defienden la idea de que «la libertad y la solidaridad» deben prevalecer. En la escala específica sobre políticas fiscales del CIS, el apoyo a reducir la presión fiscal ha subido del 21,1 al 25,8% considerando que se trata de una prioridad absoluta en la economía.
Esta evolución resulta especialmente significativa si se comparte casi uno de cada cuatro encuestados en un contexto de popularización de la tesis neoliberal sobre todo por las redes sociales. El politólogo Carlos Domínguez, director de proyectos de 40dB, explica que este cambio cultural refleja cómo «se añade, de una manera muy visible, la influencia con las fuerzas del proceso» que han conseguido situar en el debate público sus propuestas para el «reparto» del gasto público. Las dudas sobre el sistema público de pensiones se han normalizado en segmentos sociales que tradicionalmente defendían el modelo de solidaridad intergeneracional.
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Inmigración y racismo: polarización identitaria y ataques a la convivencia
La inmigración se ha consolidado como uno de los temas donde el discurso de la derecha ha conseguido mayor penetración social. El porcentaje de ciudadanos que considera la inmigración como un problema importante ha crecido sustancialmente, desplazando a la derecha el debate sobre integración, identidad nacional y convivencia. Este cambio de percepción no responde a variaciones significativas en los flujos migratorios, sino a la efectividad de ciertos partidos en instrumentalizar políticamente el tema y presentar la diversidad cultural como una amenaza al bienestar económico y la cohesión social.
Las ideas que cuestionan el modelo de convivencia multicultural, que hace una década eran marginales o se expresaban con cautela, han encontrado legitimación en el discurso político mainstream. La normalización de posiciones restrictivas sobre inmigración coincide con un aumento de incidentes racistas y discursos de odio que varios observatorios han documentado. La polarización identitaria se ha convertido en una herramienta política efectiva, generando divisiones artificiales entre «nosotros» y «ellos» que erosionan décadas de avances en integración y respeto a la diversidad.
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Retrocesos en igualdad y ofensiva contra el feminismo
El retroceso en materia de igualdad resulta especialmente visible en las actitudes hacia el feminismo. Los datos evidencian la solidez de algunas certezas igualitarias alcanzadas en décadas anteriores. Un ejemplo significativo: con datos del CIS del pasado año, solo un 3,5% cree que las mujeres deben tener más responsabilidad en la casa, frente al 18,7% que defiende que ambos miembros de la pareja tienen que estar en condiciones idénticas. Sin embargo, entre los hombres de 16 a 29 años, un porcentaje que oscila entre el 38 y el 51% considera que actualmente se discrimina a los varones.
Esta percepción de «discriminación inversa» entre jóvenes varones contrasta radicalmente con los datos objetivos sobre desigualdad salarial, brecha de cuidados y representación en puestos de responsabilidad. Las encuestas muestran que cerca de 65,5% de las mujeres todavía creen que necesitan demostrar más que los hombres para desempeñar un mismo trabajo, según un estudio del CIS de hace algo más de dos años. La ofensiva contra el feminismo ha conseguido normalizar ideas que cuestionan avances legislativos como la ley de violencia de género, presentándolas como ideológicas o generadoras de desigualdad hacia los hombres.
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La normalización de Vox: del margen al centro del debate político
Vox ha conseguido desplazar el centro de gravedad del debate político español en apenas seis años. El porcentaje de ciudadanos que se sienten más próximos a las ideas de este partido ha crecido del 10,9% al 18,7%, consolidándose como tercera fuerza política en intención de voto. Pero más significativo que su crecimiento electoral es su capacidad para normalizar posiciones que antes se consideraban extremistas, logrando que incluso partidos de centro-derecha adopten parte de su agenda en temas como inmigración, identidad nacional o políticas de igualdad.
La estrategia de Vox ha consistido en canalizar el voto de protesta sin desmentir esta idea, presentándose como alternativa antisistema mientras sus postulados penetraban progresivamente en el debate mainstream. Tres encuestas diferentes —CIS, Opina 360 y 40dB— coinciden en detectar un fenómeno antes improbable: entre el 2,8 y el 4% de quienes votaron al PSOE en 2023 han migrado hacia Vox, un salto ideológico abrupto que refleja la efectividad del discurso ultraderechista en sectores de población que se sienten económicamente estancados y políticamente invisibilizados por las fuerzas tradicionales del espectro progresista.