10 años y 100 mil millones de dólares para resucitar la industria petrolera venezolana. La cuestión del petróleo ha estado en el centro del debate tras la operación estadounidense que depuso a Nicolás Maduro en Venezuela y está allí porque el mismo presidente Trump la hizo central, desde el primer momento, para explicar y justificar las motivaciones de su intervención. La palabra petróleo ha salido más veces de la boca del presidente estadounidense que democracia, libertad o derechos humanos.
Reconstruir la infraestructura petrolera de Venezuela, tras décadas de mala gestión, constituye un enorme desafío y hacerlo sin cambios de fondo en términos políticos y de seguridad plantea grandes dudas e inquietudes, sin embargo, hay quienes interpretan que la acción de Washington contempla ambiciones mayores y objetivos más amplios que hacerse con el petróleo venezolano y que la acción americana responde más a la disputa con China.
“La decisión de Trump, al límite de la legalidad, de capturar al presidente venezolano, fue una acción arriesgada con consecuencias geopolíticas todavía inciertas, incluso con sus aliados europeos. Pareciera una actitud sin mucho sentido si el objetivo fue mejorar los negocios de las petroleras norteamericanas”, analiza Víctor Bronstein, director del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad (CEEPYS) y profesor de la Universidad de Buenos Aires.
“Desde el punto de vista energético tampoco queda claro el objetivo de la intervención. Estados Unidos produce hoy más de 13 millones de barriles por día y más de 3,2 mil millones de m3 por día de gas. Venezuela produce un poco más de 1 millón de barriles y 20 millones de metros cúbicos por día de gas. Es cierto, posee las mayores reservas de petróleo a nivel mundial y las mayores reservas de gas convencional de América Latina, similares a las de Vaca Muerta [en Argentina]. Pero su valor estratégico hoy no resulta tan importante”, agrega.
El académico argentino encuentra en la decisión de la Casa Blanca “un sentido oculto, no declarado”. Sacar a Maduro del camino significa para Washington cortar “una arteria crítica de América Latina con China, el principal enemigo de Trump que desafía permanentemente el liderazgo de Washington y al cual amenaza con limitarle insumos fundamentales como las tierras raras”, puntualiza Bronstein.
El académico observa que, históricamente en Venezuela, “el petróleo estructuró el poder político y fue un factor directo en golpes, dictaduras y discutibles transiciones democráticas. Las petroleras norteamericanas tuvieron activa participación en esa historia negra del oro negro”.
En 1975 se creó la empresa de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y se nacionalizó el petróleo. Durante la etapa liberal que marcó los años 90, grandes petroleras estadounidenses y europeas invirtieron en la industria petrolera del país y llegaron a producir 3,5 millones de barriles diarios.
En 2007 el presidente Hugo Chávez expropió a varias empresas petroleras, entre ellas Exxon y ConocoPhilips, precisa el profesor Bronstein, al recordar que esas decisiones generaron mucha conflictividad. “Venezuela perdió más de 60 instancias arbitrales por alrededor de 30 mil millones de dólares. Eso es lo que reclama Trump con su lógica transaccional, y lo que explica que se hayan disparado las acciones de las petroleras en Wall Street. Se imaginan un canje de deuda por capital o vinculando la producción de petróleo al reembolso de deudas actuales”, precisa.
El académico argentino observa que la importancia estratégica de los recursos venezolanos, sin embargo, “hoy es mucho menor que hace veinte años” para Estados Unidos y para el mundo. “A nivel global, la intervención de Trump hubiera provocado un riesgo geopolítico inmediato y el barril hubiera subido entre 20 y 30 dólares. Sin embargo, el crudo Brent cerró el viernes pasado a US$ 60, 45. El lunes, con Maduro encarcelado en Nueva York, el Brent abrió a US$ 60,75, aunque durante el día subió un poco más de un dólar”, señala.
Actualmente la estructura de la industria petrolera global es mucho más sólida y Venezuela no tiene la importancia estratégica que tuvo en su momento, no solo por su producción sino también por su liderazgo conceptual para darle poder a los países productores, analiza Bronstein. “Recordemos que la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en 1960 fue impulsada por Juan Pablo Pérez Alfonso, ministro de minas e hidrocarburos del presidente Betancourt, junto con Sheik Yamani, ministro de petróleo de Arabia Saudita”. En ese sentido, “la importancia estratégica de los recursos venezolanos hoy es mucho menor que hace veinte años”, para Estados Unidos y para el mundo, “pero China planificaba aumentar sus inversiones en Venezuela”.
Aunque Venezuela tiene enormes reservas, las más grandes del mundo, sólo produce alrededor de 1,1 millón de barriles por día, de los cuales exporta 800 mil. “A Estados Unidos exporta 120 mil barriles, 50 mil van para Cuba y 600 mil se dirigen a China a través de las llamadas flotas en la sombra y rutas de mercado negro a precios con mucho descuento. Pero China planificaba ir aumentando su participación e inversiones en Venezuela”, explica el académico.
Transformar esa realidad no será fácil, precisa tiempo e ingentes inversiones. Bronstein, como el académico de Harvard y exministro venezolano Ricardo Hausmann, señala que “atraer estas inversiones requiere una reforma del marco institucional y legal del país caribeño”. Y añade que se requiere “reestructurar aproximadamente 190.000 millones de dólares en obligaciones pendientes. ¿Quién hará esta tarea, cuanto tiempo llevará?”, cuestiona.
“Tal vez, hasta que se promulgue una nueva ley, un gobierno que genere confianza podría aumentar la producción de petróleo hasta los niveles previos a las sanciones de 2019 que se ubicaban entre 1,5 y 2 millones de barriles diarios en un horizonte de dos o tres años”. Las petroleras internacionales que aún están en Venezuela, como Chevron, ENI, Repsol “deberían aumentar las inversiones dentro de sus concesiones existentes, pero tienen un límite”. “Un aumento más relevante en la producción de petróleo requeriría un cambio en la ley actual del petróleo para permitir una participación significativa de inversores privados en la industria petrolera”. Es decir: hay que cambiar las reglas de juego existente. “¿Quién lo hará? Todavía todo es muy incierto”, subraya.
Reconstruir la infraestructura petrolera de Venezuela, tras décadas de mala gestión, constituye hoy un enorme desafío y hacerlo sin cambios de fondo en términos políticos y de seguridad sobre el territorio nacional plantea grandes dudas e inquietudes. “Devolver la producción petrolera de Venezuela al máximo de 3,5 millones de barriles diarios, más del triple de la producción actual, requeriría una inversión anual de 10.000 millones de dólares de las grandes empresas petroleras estadounidenses durante la próxima década”, añade el profesor.
El análisis cuantitativo de expertos sugiere que resucitar la industria venezolana tomará tiempo y será costoso, por lo menos 10 años y 100 mil millones dólares: “al menos una década, incluso si las petroleras estadounidenses se aferraran a la oportunidad que se les abre (…) Devolver la producción petrolera de Venezuela al máximo de 3,5 millones de barriles diarios, más del triple de la producción actual, requeriría una inversión anual de 10.000 millones de dólares de las grandes empresas petroleras estadounidenses durante la próxima década”, puntualiza el profesor de la Universidad de Buenos Aires.
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En términos geopolíticos, Estados Unidos podría redirigir el petróleo venezolano a su propio mercado o hacia sus aliados, reduciendo el flujo hacia China. De hecho, en días recientes “las petroleras chinas mostraron caídas bursátiles por el temor a perder el crudo venezolano”.
China es actualmente el principal comprador mundial de petróleo venezolano. Muchas operaciones se hacen a través de terceros países para evitar sanciones. Ello solo representa el 5% de las importaciones chinas, pero incluso así es de gran importancia para las refinerías independientes que lo utilizan para asfalto y productos industriales. El profesor explica que la acción de Washington representa o implica también “un golpe a los préstamos de China respaldados por petróleo. China otorgó más de 60 mil millones de dólares a Venezuela pagaderos en petróleo. Según Forbes, todavía quedan 19 mil millones pendientes. Un nuevo gobierno pronorteamericano podría suspender los acuerdos petroleros con China”.
Caracas ha sido un aliado de China en América Latina y la caída del dictador implicará el realineamiento con Washington, es decir, una menor presencia estratégica de China en el Caribe y en Sudamérica, lo que plantea un retroceso en la competencia geopolítica con Washington en América Latina. “En este contexto, nos queda claro que Trump no fue por el petróleo venezolano, voltear a Maduro fue parte de la disputa con China”, finaliza el académico argentino.