Exilio, extracción, expectativa

06 janvier 2026 - 09:23

El sábado 3 de enero desperté hacia las 4:00 am (zona horaria GMT-5), como de costumbre, lo primero que hice al abrir los ojos fue revisar mi teléfono, ir a las redes sociales para ver qué sucede en el mundo. Empecé a ver titulares que enunciaban la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos. Quedé en pie de inmediato. Minutos más tarde encontré la confirmación del presidente Donald Trump. Estados Unidos había extraído a Nicolás Maduro de Venezuela y a las 11.00 am el gobierno estadounidense se dirigiría al mundo para contar y explicar su operación y para hablar de su plan posterior a la detención del dictador venezolano.

Sentí el olor a café recién hecho. Fui a la cocina, serví una taza y mientras bebía, aun con las luces apagadas, muchas imágenes se alternaban en mi cabeza. Minutos más tarde apareció en la penumbra la madre de mi mejor amiga. Esta mujer, venezolana, de aspecto recio y facciones endurecidas por la vida, se acercó en la penumbra y me dijo, con la voz entrecortada: ‘Dame un abrazo, llevamos más de 15 años esperando…’. En ese momento me quebré. Nos abrazamos, lloramos un poco en silencio, y solo atiné a responder, minutos después, tengo muchas emociones al respecto.

La extracción de Nicolás Maduro de Venezuela, ese es el concepto que se ha utilizado para explicar la espectacular y dramática operación realizada por Estados Unidos, es un hecho que se va a recordar por mucho tiempo, con detalles de modo y lugar. Dónde estaba y qué estaba haciendo cuando oí o leí la noticia. Es un evento que vamos a contar en primera persona. Y, en mi caso, mucho más, porque justamente estaba de viaje en el Caribe con mi mejor amiga, de origen venezolano, y su familia. Nos conocemos hace casi 15 años. La vida en el exilio nos juntó, nos acercó, nos permitió conocernos cuando ambas estábamos recién aterrizando en Buenos Aires. Ella había dejado Venezuela definitivamente. Chávez aún estaba en el poder y ya se veía venir lo que ocurriría en su país en los años siguientes.

Nuestro encuentro, entonces, ocurrió en esas condiciones, enmarcando y dotando de significado la vida en el exilio. Muy pronto nos dimos cuenta que, no había grandes diferencias culturales entre nosotras, ser venezolana o ser colombiana era prácticamente lo mismo. Salvo el acento, compartíamos inquietudes, opiniones, gustos y muchas críticas sobre las mentalidades, los hábitos y las conductas de las sociedades en las que crecimos, así como del funcionamiento de nuestros respectivos países que nos hacían muy difícil respirar, avanzar y evolucionar en nuestra tierra. Supongo que nos unió también la pasión por Buenos Aires y, en cierto modo, la fascinación ya no solo con la vida cultural de la ciudad sino con la cultura argentina y en particular con la sociedad porteña que advertíamos tan marcadamente distinta de nuestras sociedades.

Ella, mi amiga venezolana, es una de las pocas personas de las que puedo decir, sin duda alguna, que ha sido y es fundamental en mi vida. Nuestros caminos se separaron, pero el afecto, el apoyo y la contención se han mantenido a través del tiempo.

Tras mi paso por Buenos Aires, nos hemos reunido en otros países y continentes. El abrazo, la amistad y la contención siempre se sienten igual de fuertes, de firmes.

Hemos seguido y comentado la realidad venezolana, las expectativas, los temores y las inquietudes durante casi 15 años. El tiempo nos ha enseñado a observar con distancia, moderación y escepticismo. Y esta vez no ha sido la excepción.

La vida del exilio venezolano, por tanto, no me es ajena, no me es indiferente. Me afecta personal, íntima y profundamente. Tengo colegas, amigos cercanos e incluso una parte de mi familia que debió fracturarse y dejar ese país, su país, y emigrar a diferentes lugares del mundo, como lo han hecho millones de venezolanos, para empezar de cero y tratar de reconstruir sus proyectos de vida, rotos y arruinados por la tiranía impuesta por el socialismo del siglo XXI.

Puedo comprender la emoción manifiesta de la mayoría de los venezolanos en el exilio e incluso dentro de Venezuela, así como sus cuestionamientos a los extranjeros que hoy devienen en expertos de Venezuela y se llenan la boca con el término soberanía para denunciar el rapto o secuestro del dictador. Pero, como muchos venezolanos se preguntan, comparto con ellos: ¿Dónde estaban quienes hoy hablan de soberanía ante el saqueo indiscriminado que ocurre desde hace más de 25 años por parte del régimen chavista? ¿Dónde estaban esos extranjeros que hoy se rasgan las vestiduras cuando, en estas décadas, la tiranía chavista ha acudido, sin dudar, al terrorismo de Estado para mantenerse en el poder? ¿No se enteraron del desmantelamiento de las instituciones, del robo sucesivo de elecciones, de la imposición de un régimen totalitario, de las detenciones masivas, de la persecución a la oposición, a la prensa libre y a cualquier ciudadano que se atrevió a levantar la voz contra su tropelía y abuso de poder? ¿No tuvieron ocasión de enterarse de las ejecuciones extrajudiciales y las torturas que se han perpetrado durante años por parte del régimen de Caracas? ¿No han tenido ocasión de conocer a alguno de los ocho millones de venezolanos expulsados por el régimen con su imposición del hambre, la miseria y la persecución política?

La alegría porque el dictador ha sido extraído del país es comprensible. Pero los cimientos y la cúpula del régimen permanecen. Se quedan personajes iguales o incluso más tenebrosos y despiadados que Maduro. Diosdado Cabello, Padrino López, Delcy Rodríguez, todos los militares chavistas. Hay inquietud y dudas por lo que vendrá. Aterra la idea de una guerra civil, aunque de momento pareciera disipada, justamente por la continuidad del régimen en el poder bajo supervisión estadounidense. El hecho de que haya salido el dictador no significa que la estructura del régimen totalitario se haya venido abajo o haya colapsado. Figuras claves del chavismo continúan allí. Estados Unidos va a liderar, administrar y conducir ya no solo la transición sino principalmente el manejo de sus recursos.

El mensaje de Trump ha sido claro en ese sentido: Venezuela va a pagar el costo de esta operación. Estados Unidos no está jugando y ha demostrado su capacidad y precisión a la hora de actuar. Los daños serán, en cualquier caso, siempre mayores para el receptor de la acción. Delcy Rodríguez ha asumido la presidencia y ello no significa que tiene vía libre, más bien que el país quedará bajo una suerte de régimen de protectorado transitorio con la administración de Estados Unidos.

Se infiere a partir de las declaraciones del presidente Trump y especialmente tras las precisiones y matices introducidos por el secretario de Estado Marco Rubio que, de momento, la oposición legítima que ganó las elecciones en 2024, no tiene oportunidad de liderar la transición porque las condiciones no están dadas y, justamente, para evitar que el país termine inmerso en una guerra civil, el proceso continuará con la cúpula del chavismo y esa canalización, mediada a través de la administración americana, tomará un tiempo, quizá un año, para lograr un proceso de transición más ordenado.

Se ha hablado más de petróleo que democracia, más de compañías petroleras y de cómo Venezuela va a pagar la operación que Estados Unidos realizó. Ya lo ha dicho el presidente republicano desde su lógica empresarial y mercantil que es la que domina la actual política exterior de la Casa Blanca. Esa idea de que Estados Unidos encarna y representa unos valores de democracia y libertad han pasado a un segundo plano y no parecen ser hoy, a partir de las declaraciones presidenciales, el objetivo principal que motiva la acción. Las cuestiones fundamentales siguen sin tocarse. ¿Para cuándo la democracia, la liberación de los presos políticos, el final de la persecución de la disidencia, el ejercicio de la libre expresión y de las libertades civiles y políticas?

El rol de la oposición parece, en este momento, reducido a nada. Ese es, principalmente, el mal sabor que nos queda a algunos. Aunque las declaraciones, matices y precisiones hechas por Marco Rubio, ayer domingo, son un parte tranquilizador, en alguna medida, indicando que sí importa la democracia y que la oposición tendrá un rol que jugar en el futuro.

¿Expectativas de retorno? No hay que perder de vista que la tiranía chavista ha expulsado a millones de personas del país, de su país. La gente más capacitada, formada y brillante tuvo que salir de su tierra y aprender a sobrevivir lejos de casa. Aunque los venezolanos han mostrado enorme resiliencia y adaptación, factores fundamentales para la vida en el exilio, muchos serán esenciales para la reconstrucción del país y algunos o quizá muchos querrán regresar.

La vida en el exilio enseña que el abrazo de un verdadero amigo, en los días más fríos, desafiantes y solitarios, es ese lugar seguro que signa, más que el retorno, el hallazgo de un nuevo hogar. Esto es lo más valioso e importante que me ha dado la vida como inmigrante y la fortuna de tener una mejor amiga venezolana.

 

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