El presidente francés, Emmanuel Macron, marcó este lunes una línea de equilibrio incómodo frente a la operación estadounidense que culminó con la caída de Nicolás Maduro. Francia, afirmó ante su Consejo de Ministros, no apoya ni aprueba el método utilizado por Estados Unidos, aunque considera positiva la salida del dirigente chavista.
Según explicó la portavoz del Gobierno, Macron reiteró que París defiende el derecho internacional y la soberanía de los pueblos, subrayando que la forma en que Washington actuó en Caracas no se ajusta a esos principios. La declaración llega después de varios días de críticas internas, especialmente desde la izquierda francesa, que reprochó al presidente un primer mensaje excesivamente complaciente con la intervención militar.
Al mismo tiempo, Macron mantuvo un discurso duro contra el exmandatario venezolano. Reiteró que Maduro era un dictador, que confiscó libertades y manipuló las elecciones presidenciales de 2024, lo que convierte su salida en “una buena noticia para los venezolanos”. Esta doble afirmación —rechazo del método, validación del resultado— resume la posición francesa.
El presidente francés insistió además en que la soberanía popular en Venezuela se expresó en 2024 y que, en caso de abrirse una transición política, el ganador de esos comicios debería ocupar un papel central, en alusión directa al líder opositor Edmundo González Urrutia.
París evita así alinearse plenamente con Washington, pero tampoco se suma a los países que condenan de forma frontal la operación. Francia apuesta por preservar el marco jurídico internacional sin legitimar al chavismo, una postura que refleja las tensiones europeas ante un escenario donde la legalidad y la eficacia política vuelven a entrar en conflicto.