Stephen Miller, cuya familia emigró de Bielorrusia a Estados Unidos a principios del siglo XX, es uno de los principales asesores del presidente Donald Trump. Miller defiende, promueve e impulsa las medidas de la administración contra la inmigración y estima que, durante décadas, los inmigrantes han estado recibiendo más de lo que aportan. Desde su perspectiva los inmigrantes son un problema y sus descendientes también, por tanto, se debe poner fin a la ciudadanía por nacimiento.
Los datos y las cifras económicas de Estados Unidos permiten refutar esa creencia, aunque esté profundamente arraigada y difundida por el trumpismo o resulte útil para restringir el ingreso y/o deportar a inmigrantes, no significa que sea cierta.
Durante el gobierno Biden arribaron al país muchas personas procedentes de todo el mundo. Una situación que llevó los recursos gubernamentales al límite, pero también la sociedad y las comunidades mostraron dificultades para asumir la oleada migratoria. Esa es una realidad que admite incluso la prensa más progresista del país.
Se infiere, entonces, que la laxitud y la distensión de la administración demócrata redundaron en la disminución de la disposición social para acoger, asimilar e incluso tolerar la inmigración. La inmigración masiva e irregular genera desafíos diversos, esa es una problemática real, negarla o ignorarla no resuelve la cuestión de fondo y facilita, en cambio, el posicionamiento de los discursos y de las lecturas más extremas, así como el ascenso de populistas con proyectos y políticas más radicales que terminan afectando y satanizando a toda la inmigración.
De hecho, la opinión pública estadounidense, sobre la inmigración, ha ido desplazándose hacia la derecha del espectro. No hay que perder de vista que Donald Trump ha vuelto a la Casa Blanca en gran medida por ese descontento en relación con la inmigración en Estados Unidos y la forma en la cual la administración Biden gestionó este asunto. Pero, con todo y ello, cabe preguntarse: ¿Los inmigrantes reciben más de lo que aportan?
En este primer año de gestión, la administración republicana se ha orientado a la deportación masiva de indocumentados y ha introducido cambios radicales para limitar y reducir la inmigración legal, busca eliminar la ciudadanía por derecho de nacimiento y sostiene que los inmigrantes traen problemas que se prolongan durante generaciones, aunque los datos muestren lo contrario. También ha paralizado los procesos en marcha de naturalización de personas procedentes del listado, ahora ampliado de 39 países, con prohibición de viaje a Estados Unidos.
“Con muchos de estos grupos de migrantes, no solo la primera generación no tiene éxito. De nuevo, Somalia es un claro ejemplo”, dijo Stephen Miller en Fox News este mes, y añadió: “Se ven problemas persistentes en cada generación posterior. Entonces se ven tasas constantemente altas de uso de asistencia social, tasas constantemente altas de actividad delictiva y fracasos reiterados en la asimilación”.
En su primer día como presidente, Donald Trump firmó una orden ejecutiva con la que declaraba que los hijos de inmigrantes indocumentados y de algunos residentes extranjeros temporales ya no obtendrían la ciudadanía automáticamente. La orden ejecutiva fue suspendida por los tribunales pero podría poner en duda la ciudadanía de cientos de miles de niños nacidos cada año en el país.
La administración Trump le ha solicitado a la Corte Suprema mantener su orden ejecutiva. El principio que ha regido por largo tiempo es que los niños nacidos en Estados Unidos son automáticamente ciudadanos. Pero, este mes, la Corte Suprema ha anunciado que se ocuparía del litigio histórico sobre la constitucionalidad de ese derecho y el intento de Trump de poner fin a la ciudadanía por nacimiento.
Miller y la administración asumen y defienden una retórica antiinmigración de principios del siglo XX, cuando los legisladores utilizaron la Ley de Orígenes Nacionales de 1924 para imponer límites estrictos con el fin de mantener fuera a inmigrantes procedentes de Asia y del sur y el este de Europa, así como a sus familias, explica el reportero del Times Hamed Aleaziz, quien cubre el Departamento de Seguridad Nacional y las políticas migratorias en Estados Unidos.
No existe una base legal para revocar la ciudadanía estadounidense a los hijos y nietos de inmigrantes nacidos en Estados Unidos, pero las declaraciones de Miller develan una apuesta agresiva para cambiar el país “deshaciéndose de los recién llegados y de su descendencia”, subraya The New York Times.
“Quiere socavar unilateralmente la idea de que somos una nación en la que los migrantes pueden llegar a ser ciudadanos con derechos plenos e iguales a los estadounidenses nacidos en el país”, ha expresado a ese diario Andrea Flores, exfuncionaria de la Casa Blanca que trabajó en asuntos de inmigración durante la administración Biden.
“Así como vimos con los migrantes que llegaron a principios del siglo XX, los hijos de los migrantes que han llegado a Estados Unidos desde la década de 1960 sistemáticamente aprenden inglés con fluidez, tienen más estudios que sus padres migrantes y obtienen ingresos mayores, lo que muestra claros patrones de integración”, sostiene Julia Gelatt, directora asociada del programa de política migratoria de Estados Unidos del Instituto de Política Migratoria. “Estudio tras estudio, se ha demostrado la movilidad social ascendente de los hijos de inmigrantes”.
¿Tiene razón Stephen Miller?
La administración republicana evidentemente le da la razón a Miller. “Stephen tiene razón al señalar que los extranjeros que vienen a nuestro país en masa y se niegan a asimilarse a la sociedad estadounidense solo recrean las mismas condiciones que están destruyendo las naciones de las que huyeron”, defiende Abigail Jackson, vocera de la Casa Blanca. “No podemos permitir que sus problemas se conviertan en los problemas de Estados Unidos”.
A medida que el caso avanza hacia la Corte Suprema, el gobierno intensifica su retórica agresiva a ese respecto y, en su lucha contra la inmigración legal e ilegal, Miller y Trump se han ensañado con la comunidad somalí de Minnesota, contextualiza el periodista del Times, precisando que “han aprovechado una investigación por fraude que tuvo lugar en algunos focos de la diáspora somalí en el estado para denunciar a toda la comunidad, a la que Trump ha llamado ‘basura’”.
“Esta es la gran mentira de la migración masiva”, ha manifestado Miller en redes sociales. “No solo estás importando individuos. Estás importando sociedades. Cuando Estados fallidos cruzan fronteras, no se produce ninguna transformación mágica. A escala, los migrantes y sus descendientes recrean las condiciones y los terrores de sus patrias fallidas”.
El corresponsal de The New York Times cita a Pratheepan Gulasekaram, profesor de derecho de la Facultad de Derecho de la Universidad de Colorado, quien cuestiona el razonamiento errado de Miller por estigmatizar a los inmigrantes, tratando a las personas como si estuvieran “marcadas para siempre por sus orígenes, distintos y antitéticos al tejido de nuestra comunidad” y reduciendo la inmigración o percibiéndola simplemente a través de “la lente de la amenaza cultural”.