Veteranos socialistas activan alternativas a Sánchez tras el descalabro en Extremadura

30 décembre 2025 - 19:44

Jordi Sevilla presentará en enero un manifiesto para «recuperar la socialdemocracia» del PSOE, mientras Eduardo Madina, respaldado por Felipe González, y Adriana Lastra emergen como voces críticas. Los movimientos se aceleran tras la derrota histórica del partido en las elecciones extremeñas del 21 de diciembre, que perdió 10 escaños en uno de sus feudos tradicionales, obteniendo su peor resultado desde las primeras elecciones autonómicas de 1983.

La tradicional tranquilidad navideña en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se ha visto sacudida por movimientos internos que cobran fuerza tras la contundente derrota electoral en Extremadura. Veteranas figuras del socialismo español, apartadas de la primera línea política durante los últimos años, regresan ahora con iniciativas que cuestionan abiertamente el liderazgo de Pedro Sánchez y plantean alternativas para un partido sumido en múltiples crisis simultáneas. El contexto es especialmente delicado: escándalos de corrupción que implican a antiguos dirigentes, denuncias de acoso sexual dentro de la organización y un descalabro electoral que ha hecho perder al PSOE uno de sus bastiones históricos.

El resultado del 21 de diciembre en Extremadura supone un punto de inflexión. Los socialistas cayeron del 39,9% de 2023 al 25,79%, perdiendo 10 escaños y quedando con apenas 18 diputados frente a los 29 del Partido Popular. Se trata del peor registro del PSOE en esta comunidad autónoma desde que comenzaron las elecciones democráticas hace más de cuatro décadas. Extremadura había sido gobernada por el PSOE en nueve de las once legislaturas desde 1983, siete de ellas con mayoría absoluta. La magnitud de la caída ha encendido las alarmas en Ferraz, la sede central del partido en Madrid, especialmente porque durante 2026 se celebrarán elecciones en otras tres comunidades clave: Aragón, Castilla y León y Andalucía.

El manifiesto de Sevilla para «despodemizar» el partido

Jordi Sevilla, exministro de Administraciones Públicas con José Luis Rodríguez Zapatero y expresidente de Red Eléctrica, ha sido el primero en formalizar una iniciativa. En declaraciones a Europa Press durante diciembre, Sevilla anunció que presentará en enero un manifiesto con el objetivo de «recuperar la socialdemocracia» para el PSOE. El exministro considera que el partido ha abandonado sus principios tradicionales desde que Sánchez selló su alianza con Pablo Iglesias, entonces líder de Podemos, para formar el gobierno de coalición. Sevilla critica lo que denomina la «podemización» del partido y acusa a la dirección actual de imponer un «cesarismo» que ha eliminado todos los contrapesos internos.

El dirigente valenciano denuncia que organismos como el Comité Federal, la Ejecutiva y las federaciones territoriales ya no ejercen control real sobre las decisiones del secretario general. «El PSOE se asienta sobre una estructura de club de fans de Pedro Sánchez», afirmó Sevilla, advirtiendo que este tipo de liderazgos personalistas suelen desvanecerse tras las derrotas electorales, como ocurrió con Felipe González y con el propio Zapatero. Su manifiesto no busca crear una corriente interna formal, ya que las normas del partido dificultan enormemente su constitución, sino convertirse en un movimiento amplio que agrupe tanto a militantes actuales como a expulsados, desencantados y simpatizantes sin carné.

Sevilla mantiene un pragmatismo calculado sobre su iniciativa. Ha declarado que si para el verano de 2026 el proyecto no ha generado una respuesta significativa, dará un paso atrás sin dramatismos. El exministro, que trabaja en el sector privado desde hace años, ha dejado claro que no vive ni pretende vivir de la política. Su apuesta es que los resultados electorales en Aragón, Castilla y León y especialmente Andalucía vayan «moviendo el terreno» y «cambiando las percepciones y urgencias» de barones territoriales y militantes que hoy permanecen en la resignación. La reacción del aparato oficial no se ha hecho esperar: el ministro de Transportes, Óscar Puente, respondió con un gif de risa en redes sociales y sugirió a Sevilla que fuera a recoger firmas por las sedes del partido, asegurando que tendría «un éxito arrollador».

Madina y el respaldo de González

Eduardo Madina, exdiputado y excandidato a la secretaría general del PSOE en las primarias de 2014 que ganó Pedro Sánchez, ha emergido como otra voz crítica con especial resonancia. Retirado de la primera línea política desde 2017, Madina ha mantenido una presencia constante en tertulias radiofónicas donde ha cuestionado duramente la gestión actual. En diciembre afirmó en la Cadena SER que la crisis actual «no está en el Gobierno, sino en el PSOE» y consideró que la legislatura «está terminada hace ya mucho tiempo». Estas declaraciones provocaron una respuesta inmediata del ministro Puente, quien lo tachó de «acabado» y de pasear su «rencor por las tertulias radiofónicas».

El respaldo más significativo para Madina llegó en junio de 2025 durante un acto de entrega de premios en honor al fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba. Felipe González, expresidente del Gobierno español y figura histórica del socialismo, subió inesperadamente al escenario para rendir homenaje a su exjefe de gabinete José Enrique Serrano, acompañado precisamente por Madina. González pronunció una frase que resonó como un mensaje político: «Eduardo fue mi candidato y lo sigue siendo». El exlíder socialista añadió, mirando a Madina: «Estamos aquí. De pie». Este respaldo explícito del expresidente se produjo el mismo día en que se conocieron detalles del informe de la Unidad Central Operativa sobre irregularidades en primarias pasadas, donde Santos Cerdán, entonces secretario de Organización, aparecía implicado.

Lastra resurge tras casos de acoso

Adriana Lastra, quien fue vicesecretaria general del PSOE entre 2017 y 2022, ha regresado al primer plano de la política nacional liderando la presión interna por los casos de acoso sexual que han sacudido al partido. Lastra dimitió de sus cargos orgánicos en julio de 2022 alegando un embarazo de alto riesgo, pero meses después reveló que Santos Cerdán le había hecho «la vida imposible» mediante una operación de «acoso y derribo». Los audios de la investigación del caso Koldo confirmaron la rivalidad: el colaborador de José Luis Ábalos decía que Lastra era «la mayor enemiga» del exministro y que «se lo quería cargar sí o sí», a lo que Cerdán respondía: «Y ahora a mí».

Desde su posición actual como delegada del Gobierno en Asturias, Lastra ha liderado la demanda de que el partido lleve inmediatamente a la Fiscalía las denuncias contra Francisco Salazar por presunto acoso sexual, en lugar de limitarse al protocolo interno. En diciembre declaró que «una de las cosas que más nos costó trasladar a la sociedad es que la violencia contra las mujeres no es una cuestión del ámbito privado, es un delito público». Su intervención en el Comité Federal del partido en julio fue especialmente contundente: advirtió que cuando una feminista «alza la voz, se convierte en blanco fácil» y denunció que «el poder sigue teniendo rostro masculino» dentro del PSOE.

El efecto Extremadura y las próximas citas electorales

El descalabro en Extremadura ha acelerado todos estos movimientos internos. Miguel Ángel Gallardo, candidato socialista extremeño, compareció tras conocerse los resultados para admitir que eran «muy malos» y «muy adversos», pero sin asumir una autocrítica clara ni anunciar su dimisión inmediata. Ferraz, la dirección nacional del partido, evitó ofrecer un respaldo férreo a Gallardo e intentó circunscribir la derrota al candidato regional, procesado por el denominado «caso David Sánchez» que implica al hermano del presidente del Gobierno. Gallardo presentó finalmente su dimisión el 22 de diciembre, aunque mantiene su acta de diputado autonómico.

La secretaria de Organización del PSOE, Rebeca Torró, ofreció la valoración oficial en una comparecencia sin preguntas: calificó el resultado como «malo» por no haber conseguido «movilizar a los votantes progresistas», pero evitó la autocrítica y cargó contra el Partido Popular por la convocatoria electoral. Los barones territoriales observan con preocupación el calendario: después de Extremadura llegarán las elecciones en Aragón, donde el PSOE también gobierna; Castilla y León, donde está en la oposición; y Andalucía, el mayor feudo perdido en 2018 tras casi cuatro décadas de gobiernos socialistas ininterrumpidos.

Juan Lobato, exsecretario general del PSOE de Madrid que dimitió en noviembre de 2024 tras una crisis con Ferraz por el caso de la pareja de Isabel Díaz Ayuso, se ha sumado a las voces que reclaman reflexión interna. En declaraciones recientes, Lobato ha defendido que «la reflexión fortalece al PSOE» y ha criticado la «obsesión con la unidad interna que lleva a considerar traidor a quien aporta un matiz diferente». Aunque no ha confirmado si se sumará al manifiesto de Sevilla, Lobato ha anunciado que se presentará a las primarias del PSOE madrileño contra Óscar López, el candidato respaldado por Sánchez.

Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha y uno de los barones territoriales más críticos con Sánchez, mantiene su línea de desacuerdo público sin sumarse explícitamente a ninguna iniciativa concreta. A diferencia de otros críticos, Page conserva un cargo ejecutivo y electoral relevante, lo que le otorga una posición diferente dentro del tablero interno. El barón manchego ha criticado reiteradamente las concesiones a los partidos independentistas catalanes, especialmente la ley de amnistía aprobada en 2024, y ha advertido públicamente sobre el riesgo de desconexión entre el partido y la sociedad.

La confluencia de todos estos factores —veteranos que regresan, casos judiciales pendientes, escándalos de acoso, derrotas electorales y próximas citas con las urnas— ha generado un clima de tensión interna sin precedentes en el PSOE desde la crisis de 2016, cuando Pedro Sánchez dimitió tras perder una votación en el Comité Federal y fue sustituido temporalmente por una gestora. Entonces, Sánchez logró recuperar el liderazgo en unas primarias celebradas en 2017, derrotando precisamente a las candidaturas de la dirección provisional. Ahora, casi ocho años después, el presidente del Gobierno enfrenta un desafío diferente: no una rebelión abierta del aparato, sino movimientos difusos de veteranos sin cargos orgánicos pero con prestigio histórico, que buscan canalizar el descontento de bases y militantes.

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