La Policía Nacional desarticuló la semana pasada una célula de extrema derecha vinculada a The Base en Castellón, incautando dos decenas de armas, munición y equipamiento táctico militar. Expertos en terrorismo advierten que estas células no buscan ataques contra objetivos claros y simbólicos, sino provocar disturbios indiscriminados para «acelerar» el colapso del sistema establecido. El principal detenido mantenía contacto directo con el fundador de The Base en Rusia, quien le habría dado cobijo. Esta operación evidencia el surgimiento de una quinta oleada terrorista caracterizada por motivaciones tecnológicas y apocalípticas que rechazan todas las ideologías dominantes.
La Policía Nacional desarticuló la semana pasada una célula terrorista de extrema derecha en Castellón vinculada con la organización estadounidense The Base, incautando un arsenal que incluye dos decenas de armas de fuego, munición de diversos calibres, equipamiento táctico militar y propaganda supremacista racial. Las imágenes difundidas por las autoridades muestran una mesa repleta de material intervenido que evidencia la preparación de una «unidad insurgente» destinada a ejecutar «ataques selectivos» con el objetivo de «desestabilizar» España mediante acciones violentas. El principal detenido es un vecino de Onda, localidad castellonense con 25.000 habitantes, que mantenía contacto directo con el fundador de la red paramilitar The Base, quien según la investigación policial le habría dado cobijo en Rusia tras huir de Estados Unidos.
Más allá del impacto visual generado por las fotografías del operativo policial, expertos en terrorismo advierten que esta operación revela un fenómeno inquietante que trasciende la mera acumulación de armamento. El académico español Pablo de Oriolve, autor de una tesis doctoral sobre terrorismo de extrema derecha presentada ante la Universidad canadiense David Rapaport, explica que el proceso evolutivo del terrorismo contemporáneo se puede diseccionar en diferentes oleadas históricas claramente diferenciadas. Cada fase posee características propias: el anticolonialismo de principios del siglo XX, el terrorismo de extrema izquierda predominante durante los años sesenta, y el terrorismo de base religiosa, principalmente islamista, que marcó las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI.
Quinta oleada terrorista con motivaciones tecnológicas
El nuevo terrorismo de extrema derecha que afecta actualmente a España y otros países occidentales se nutre de múltiples ideologías contemporáneas que buscan «acelerar» el colapso del orden establecido mediante la violencia sistemática. Para el profesor Sergio Torres, especialista en procesos de radicalización violenta, la quinta oleada terrorista que caracteriza el periodo actual tendrá motivaciones de carácter tecnológico, con la creencia extremista de que el surgimiento de la tecnología moderna resulta necesario para la supervivencia de la humanidad. Esta visión apocalíptica rechaza cualquier ideología dominante y alimenta una variedad de corrientes que abarcan desde posiciones de extrema izquierda hasta planteamientos de extrema derecha, pasando por ideologías radicales de tipo religioso. El terrorismo está mutando constantemente.
El criminólogo Joan Caballero, especialista en terrorismo y procesos de radicalización, explica que el «aceleracionismo» constituye una ideología que busca precipitar lo más rápidamente posible el orden establecido mediante acciones violentas indiscriminadas. Sin embargo, cada vez más jóvenes y adultos inmersos en comunidades virtuales extremistas no buscan cometer un atentado con un objetivo identificable y simbólico como tradicionalmente hacían quienes ejecutaban atentados terroristas de motivación política. «Que ese aceleracionismo sea la palabra para un cambio radical de sistema —ya sea revolucionario, ya sea reaccionario— lo tenemos como en Estados Unidos o en interpretaciones ultraderechistas contemporáneas en las que una célula planifica una acción justificada como una ‘paliza mortal’ a inmigrantes o extranjeros para desatar ese ansiado fin del mundo», explica Caballero durante una entrevista telefónica.
Contacto directo con el fundador de The Base
El líder de The Base en España conversaba con el fundador de la red paramilitar estadounidense, a quien Rusia le habría dado cobijo después de que las autoridades estadounidenses recabaran indicios de que el líder español mantenía un establo financiero vinculado con la organización terrorista. Además de su actividad relacionada con el tráfico de drogas, como marihuana y cocaína, el detenido reunía condiciones para ser considerado «terrorista» en Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Reino Unido, según informó el criminólogo Joan Caballero citando fuentes policiales. La Policía Nacional ha confirmado que el fondo ideológico de esta red en España sería considerada «terrorista» en múltiples países occidentales.
Los investigadores policiales no han facilitado una lista de objetivos específicos identificados durante la operación, pero sí han expresado su intención de consolidar una unidad insurgente capaz de realizar «ataques selectivos» destinados a desestabilizar España mediante disturbios indiscriminados. Las células como la desarticulada en Castellón no tienen lista de objetivos claros y simbólicos, sino que pretenden ejecutar acciones violentas de carácter aleatorio que provoquen el máximo impacto desestabilizador en la sociedad. Esta característica diferencia radicalmente el nuevo terrorismo de extrema derecha del terrorismo yihadista tradicional, que habitualmente selecciona objetivos con alto valor simbólico relacionados con instituciones democráticas, fuerzas de seguridad o concentraciones de población civil en lugares emblemáticos.
Ataques selectivos para desestabilizar el sistema
El experto en terrorismo Joan Caballero pide centrar la atención en la dinámica específica del yihadismo contemporáneo para descubrir similitudes preocupantes con el fenómeno emergente de células ultraderechistas. Sin embargo, advierte que los extremistas de ultraderecha contemporáneos, en lugar de adherirse a un mundo bipolar caracterizado por objetivos claros y simbólicos, están promoviendo visiones múltiples de conquistas territoriales y sentimientos ideológicos que incorporan elementos antiinmigración, antiglobalización y rechazo frontal hacia minorías étnicas. Estos grupos combinan sentimientos nacionalistas de carácter étnico con agravios percibidos de injusticia histórica que supuestamente afectaría a la población blanca europea, configurando una amalgama ideológica compleja que rechaza el orden establecido en su totalidad.
La célula desarticulada en Castellón mantenía contacto con otras comunidades extremistas europeas mediante plataformas digitales encriptadas. Las conversaciones interceptadas por los investigadores revelaban la intención de actuar coordinadamente con células similares establecidas en otros países occidentales, aunque sin definir objetivos concretos más allá de la voluntad genérica de provocar el colapso del sistema democrático mediante acciones violentas indiscriminadas. Esta falta de objetivos específicos representa uno de los elementos más preocupantes identificados por las fuerzas de seguridad, ya que dificulta enormemente la labor preventiva y convierte cualquier concentración de población civil en un objetivo potencial para estos grupos terroristas.
Alertan sobre el extremismo y la extrema derecha
El ataque selectivo funciona como una metodología de indignación y repulsa capaz de recordar a las sociedades democráticas contemporáneas que ese tipo de acciones constituyen una amenaza latente. Ese mecanismo también se encuentra presente en las conversaciones interceptadas por la Policía Nacional, donde los miembros de la célula desarticulada discutían abiertamente sobre la posibilidad de ejecutar acciones violentas que generaran el máximo impacto mediático posible. Los extremistas consideraban que cualquier acción, independientemente de su magnitud o del número de víctimas, contribuiría a acelerar el proceso de descomposición social que anticipan como inevitable resultado del multiculturalismo y la inmigración masiva hacia Europa.
Los investigadores han destacado que la operación desarrollada en Castellón forma parte de una tendencia creciente de radicalización violenta de extrema derecha que afecta a múltiples países europeos simultáneamente. Las células identificadas mantienen estructuras descentralizadas que dificultan su detección preventiva, operan mayoritariamente a través de comunicaciones digitales encriptadas y rechazan cualquier forma de jerarquía organizativa tradicional. Este modelo operativo representa un desafío significativo para las fuerzas de seguridad, acostumbradas a combatir organizaciones terroristas con estructuras jerárquicas definidas, objetivos políticos claros y capacidad de reivindicación pública de sus acciones violentas.