Maria Abi-Habib y José María León Cabrera se preguntan en The New York Times si la lucha de Estados Unidos contra el fentanilo ha permitido el auge de la cocaína en América Latina. El extenso reportaje del Times, publicado este viernes, plantea, de entrada, que mientras Washington hizo de la lucha contra el fentanilo su prioridad, el tráfico de cocaína ha ido en aumento. Hoy un país latinoamericano está sintiendo las repercusiones como ningún otro.
Maria Abi-Habib y José María León Cabrera han realizado un intenso, pertinente y vívido reportaje, producto del reciente trabajo de campo en Ecuador. Estando allí acompañaron a efectivos de la Armada durante el desarrollo de operaciones contra el narcotráfico. El Times documenta como en esa lucha contra la alianza transnacional del crimen organizado que involucra pandillas, grupos guerrilleros, cárteles de la droga y mafias, el ejército ecuatoriano muchas veces se ha visto solo.
Fue en 2022 cuando quedó evidenciado que el gobierno ecuatoriano había perdido el control sobre las prisiones del país y eran las pandillas quienes se imponían allí haciendo de éstas centros de reclutamiento. La violencia crecía rápidamente y también lo hacía el tráfico de cocaína. Las autoridades no tenían capacidad para enfrentar exitosamente estos desafíos. Fue entonces cuando Ecuador pidió ayuda a Estados Unidos pero sus solicitudes fueron ignoradas. Al embajador estadounidense, en Ecuador, Mike Fitzpatrick, le dijeron desde el Departamento de Estado que el objetivo era el fentanilo, no la cocaína.
La prioridad del primer gobierno Trump y del gobierno Biden fue la lucha contra el fentanilo, “la droga que está provocando una crisis nacional de sobredosis”. “En 2023, casi 73.000 sobredosis estuvieron relacionadas con el fentanilo, frente a 6000 muertes relacionadas con la cocaína sin mezclar con otras drogas, según las estadísticas del gobierno estadounidense”, precisa el Times. “Muchos consideran que la cocaína es mala, pero no tan mala como para matarte”, indicó Fitzpatrick, quien fuera embajador en Ecuador entre 2019 y 2024. Algunos ven la cocaína como “un escalón por encima de la marihuana” y, por tanto, ya no era una de las principales preocupaciones de Washington, afirmó Fitzpatrick.
Si bien la decisión puede ser entendible, el cambio de enfoque permitió que los traficantes de cocaína prosperasen. “Ecuador estuvo a punto de caer en las garras de los grupos criminales, según cinco funcionarios actuales y anteriores de Estados Unidos y Ecuador. En la guerra contra las drogas, que duró décadas, al parecer la cocaína dejó de ser una prioridad”, precisa el medio estadounidense.
Estados Unidos ha reaccionado y ha aumentado la ayuda para apoyar al ejército ecuatoriano. Pero, incluso así, el gobierno del país andino está en una lucha constante por mantener el control. Ahora varias ciudades ecuatorianas hacen parte de las más peligrosas del mundo, los ciudadanos son aterrorizados por el crimen organizado y sus formas de violencia. “Durante décadas, Ecuador fue un pilar de estabilidad junto a vecinos como Colombia y Perú, asolados por la violencia del narcotráfico y el desorden político”.
“Se trata de una guerra existencial”, ha dicho Giovanni Davoli, embajador italiano en Ecuador, quien comparó la lucha con la de Italia contra las mafias. “Ecuador no es un narcoestado, pero necesita ayuda”.
La sociedad ecuatoriana hoy se siente dividida entre el respaldo a la ayuda estadounidense y el temor al dominio del gobierno Trump en la región. De hecho, rechazaron por la vía del referéndum autorizar bases militares extranjeras en el país.
En 2009, en un escenario de relativa seguridad, Ecuador decidió apartar a Estados Unidos y cerró la base militar que allí tenía. La embajada estadounidense respondió cerrando su oficina militar y el principal programa de lucha antidroga del Departamento de Estado en Ecuador.
Cuando Trump arribó al poder, los cárteles mexicanos ya habían arribado a Ecuador y estaban consolidando su poder. “Los cárteles colaboraron con grupos colombianos para introducir cocaína en Ecuador, desde donde las pandillas la exportaban en lanchas rápidas, submarinos y contenedores de carga pirateados con destino a Europa y Estados Unidos. A medida que crecía el comercio, esas alianzas se ampliaron para incluir a las mafias europeas, según las autoridades”, precisa el diario estadounidense.
Las redes y alianzas del crimen organizado transnacional han constituido en Ecuador lo que ya denominan los funcionarios estadounidenses como una “superautopista de la cocaína”. De hecho, el presidente de Ecuador estima que hasta el 70 % del suministro mundial de cocaína fluye a través de su país.
Pareciera que ese vacío que dejó Estados Unidos al volcar sus esfuerzos contra el fentanilo fue aprovechado por el crimen organizado en América Latina para fortalecerse y expandir su oferta, ventas y excedentes en Estados Unidos y Europa. Pero las interpretaciones a este respecto varían: “Incluso si Estados Unidos hubiera intensificado antes sus esfuerzos antidroga en Ecuador, la falta de resultados en su guerra más amplia contra las drogas demuestra que el país podría haber seguido inundado de cocaína, dijeron los analistas. Otros señalaron que Washington solo disponía de un número limitado de recursos”.
Cuando finalmente Ecuador logró captar la atención de Washington, las autoridades intentaron actuar con rapidez. “La oficina antidroga del Departamento de Estado en Quito pasó de una persona en 2019 a casi 30 el año pasado, y la ayuda estadounidense —sobre todo la asistencia en materia de seguridad— aumentó de 88,5 millones de dólares en 2021 a 252 millones en 2022”, puntualiza el medio. El Departamento de Estado bajo la actual administración ha precisado que no hizo recortes de recursos a las medidas antidroga en Ecuador. ¿Qué tanto le preocupa Ecuador a Washington? En abril, el presidente Trump destituyó al embajador de Biden, pero todavía no ha nombrado a un sustituto.
La ONU estima que el consumo de cocaína en el mundo ha ido en aumento. En 2023, unos 25 millones de personas consumieron cocaína, frente a los 17 millones registrados una década antes. “El consumo ha aumentado un 154 % en el oeste de Estados Unidos y un 20 % en la costa este desde 2019, según Millennium Health, una empresa de análisis de drogas”.
Pese a que el gasto en seguridad aumentó un 15 % en 2024, hasta alcanzar los 3520 millones de dólares, las fuerzas del orden en Ecuador sienten que los grupos criminales disponen de armas y fondos ilimitados. Además, la corrupción está muy extendida y las filtraciones han frustrado algunos operativos. “Mientras crece el poder de los cárteles en Ecuador, también lo hacen sus vínculos con las mafias europeas, a medida que aumenta la demanda de cocaína en todo el mundo”.
Ecuador dejó de ser un país seguro, el crimen organizado se ha tomado las calles y usa el terror contra la sociedad civil afectando su cotidianidad, mientras que la cultura de la ilegalidad ha ganado terreno y ha arraigado socialmente. Lo que describe el Times es una postal infeliz de la colombianización de Ecuador.